Acosado... realmente me siento acosado por pertenecer a la especie de los fumadores, cada día nuevas trabas, nuevas zancadillas se nos pone a quien disfrutamos del placer de fumar (peligroso o no, casi todos los placeres que conozco entrañan algún riesgo, accidentes si se trata de conducir, enfermedades de transmisión sexual si se trata de sexo, colesterol e infartos si se trata de comidas copiosas y cargadas de grasa, ulceras de estomago si se disfruta del vino y alcoholes varios, etc.). Ahora, se va a decorar las cajetillas con fotografías de pulmones destrozados, dientes podridos, huesos desechos etc. para que nos abstengamos de consumir tabaco (lo único que van a lograr es que se dispare la venta de pitilleras, que yo ya vengo utilizando desde hace años). Dentro de nada si el resultado de esta terrorífica campaña da resultado, veremos pintadas en las cunetas cuerpos destrozados por algún accidente, fotos de mutilaciones varias en los pasos de peatones y alguna que otra de cabeza de motorista en las rectas de las auto vías, tratando de hacernos patente algo tan elemental como que la carretera también mata. Luego seguirá la campaña contra que se yo... y también con el mismo pésimo gusto de la campaña anti-tabaco, cargada de intransigencia y falta de respeto a quienes fumamos.¿Que olemos a tabaco?, ¡ Pues si!,pero otros huelen peor y nadie les dice nada, ¿ Que contaminamos?, ¡Pues si!, pero otros contaminan mas y sin posibilidad de que escapemos de ello y nadie les mete mano amargándoles con campañas de fotografías sobre canceres de pulmón, estomago, o páncreas y sin embargo nos están envenenando con aditivos que pagamos como alimento o humos de tubos de escape de autobuses urbanos que terminan ennegreciendo hasta las fachadas.
Es evidente que si en un local se permite fumar, quien entra en el sabe a lo que se expone, luego la protesta, por que haya humo, ¡Sobra!, a mi no se me ocurre entrar en una "casa de citas" (¡que fino lo digo!...), si voy acompañado de niños. Cada cual sabe donde puede o debe entrar o no, pero al paso que vamos terminaremos ocupando las aceras y las terrazas, como ocurre ya en Francia y haciendo compañía a los desheredados de la fortuna, que cada día son mas, ocuparemos rincones donde guarecernos del frió y poder disfrutar de ese cigarrillo al que no queremos renunciar y que se va convirtiendo en el único lujo que podemos permitirnos.
Señora ministra, permítame que le diga que el absentismo laboral va a aumentar por los catarros y gripes y no por el humo del tabaco, hoy he visto a una buena amiga a la puerta de Hacienda, su lugar de trabajo, aterida de frió, pero no renunciando a su cigarrillo, Ana dentro de tres días estarás de baja por la gripe, pero no por el tabaco, la culpa..."el maestro armero"... como todo lo que ocurre en este país
Una copa de buen vino, un lugar calido y acogedor frente a una chimenea de leña, donde el chisporroteo de las brasas sirve de música de fondo a una conversación distendida, donde se cuentan mil historias de tiempos pasados y gentes que nos precedieron. Historias de los abuelos que han pasado de boca en boca y a las que el tiempo y cada narrador añade algo nuevo haciéndolas mas atractivas. Puede que nunca las cosas ocurrieran como se cuentan, pero lo cierto es que muchas de ellas aún teniendo un sustrato real han llegado hasta nosotros con tantos añadidos que apenas son reconocibles.
No hace mucho en una de estas charlas de chimenea, surgió una historia ocurrida en el Oviedo del año 37, alguien me contaba que durante el cerco de Oviedo, los nacionales que fueron apresados eran enviados casi a primera línea de fuego a cavar trincheras, entre ellos estaba mi padre, con 26 años, toda una vida por delante, que se presentaba difícil y complicada por una guerra que le había pillado en el momento equivocado y el lugar no indicado. Cuentan que desde la líneas nacionales, sabiendo que sus correligionarios se encontraban en aquella situación tan cerca y tan lejos a la vez, les tiraban piedras y en ocasiones alguna cajetilla de tabaco, tratando de decirles ¡Eh, que estamos aquí!, pero nada podía consolar a quien estaba condenado a trabajos forzados. En este desconsuelo, solo se le ocurrió la salida mas elemental y deber de todo militar preso del enemigo, ¡Huir!,como si de una película al uso se tratara, quien me relata la huida la narra como si hubiera estado presente, cuando en realidad es transmisor de una historia contada por su padre, compañero de fatigas del mío. Cuenta que estando un día tirando de pico en las trincheras, mi padre sufrió el percance de clavarse el pico en pierna derecha (doy fe de que en alguna ocasión me enseño la cicatriz de aquella peripecia), arrastrado por el lodo y bajo la fina lluvia habitual en aquellas tierras fue llevado hasta una vieja ambulancia y cuando era trasladado saltó de ella en una curva, perdiéndose en uno de los bosques que rodeaban el Naranco. Su huida duró tres días llegando no se sabe como hasta Bilbao donde nuevamente fue apresado y devuelto a las trincheras de Oviedo. Nunca contó lo ocurrido en aquellos tres días, solamente se que hizo la promesa de que si salía vivo de aquella, haría el camino desde Oviedo hasta Covadonga, para subir de rodillas las escalinatas hasta la cueva de la Santina, como hizo una vez terminada la guerra. La imaginación añade peripecias a esos días en los que nunca sabremos que ocurrió realmente. Historias del pasado que aún perviven y con ellas nuestros seres más queridos. ¡Ojalá! alguien recuerde mañana las nuestras aún añadiéndoles detalles que nunca llegaron a ocurrir.
La cola para tomar el ascensor , no era la habitual, antes muchos haciendo gala de una energía producto de los pocos años, preferían subir por la escalera hasta la planta en que normalmente desempeñaban su trabajo, tampoco era habitual que a la entrada de cada planta y al lado del perchero hubiera un bastonero el cual, a medida que la gente se iba incorporando se llenaba con bastones de toda clase y forma, como ocurría ahora, formando un abigarrado bosque en miniatura. El ritmo de trabajo en aquella oficina, era pausado, casi lánguido e indolente, no había apenas voces altas, que eran suplidas por carrasperos continuos y toses habituales. El movimiento de la gente era pesado, lento y casi siempre acompañado de algún gesto de dolor en los huesos, unos apoyaban su mano en cadera otros, encogían los hombros ante un dolor de espalda y los más, tocaban sus brazos doloridos por el tiempo haciendo pequeños masajes para mitigar el dolor, la hora del café fue sustituida por la hora de la pastilla formándose de nuevo colas para poder llenar un vaso de agua en la fuente artificial, con la que hacer pasar los medicamentos, no había muchos que conservaran su pelo y las clavas eran la tónica común a todo el personal masculino, ellas todavía mantenían ese punto de coquetería y disimulaban canas con tintes, arrugas con colorete y años con vestidos coloridos que lograban animar algo el panorama de aquel lugar de trabajo. Año 2030, veinte años antes a alguien se le había ocurrido la genial idea de prohibir las jubilaciones, ya no había fiestas de celebración entre compañeros al cumplir los 65 años, no se entregaban relojes de agradecimiento por los trabajos prestados ni nadie se acordaba que hace mucho tiempo al llegar a esa edad y tras haber trabajado casi toda una vida, se podía tener un descanso merecido recompensa a tantos años de esfuerzo y desvelos.
A la puerta del edificio ya no estaba el carrito del vendedor de refrescos y bocadillos, una ambulancia hacia guardia permanente, para en el mejor de los casos trasladar a algún achacoso hasta el hospital mas cercano o retirar al que dejaba una nueva vacante que por supuesto no seria cubierta por personal mas joven ya que había que ahorrar y mantener aún a muchos ancianos para que no tuvieran la osadía de cobrar jubilaciones.
Año 2030, una población laboral obsoleta, incapaz de ponerse al día en las nuevas tecnologías, seguía empeñada en usar Windows en sus terminales, negándose al uso de las nuevas pantallas holográficas de acceso por pensamiento y preferían seguir empecinados tecleando sobre aquellos ya gastados teclados de plástico duro, contestado las llamadas con los antiguos teléfonos de auricular y cables propios del año 2000 a los que tanto cariño habían cogido después de compartir años y años en su labor diaria.
Año 2030 tan solo, veinte años atrás a alguien se le ocurrió que nadie debería jubilarse para que la Seguridad Social no tuviera que asumir costes de jubilaciones... ¿Como se llamaba aquél señor de las cejas curvadas?... no lo recuerdo la edad ya ha hecho presa en mi y me falla la memoria, mientras aquí sigo con listados que ya casi no veo y estadísticas que no se para que sirven.
Si de algo me precio es de ser persona de fácil complacer, sin pretensiones desmedidas ni aspiraciones imposibles, con buen humor y una apreciación de la vida en la que lo importante, lo verdaderamente importante, prioriza todas mis actividades, siendo muy difícil según dicen quienes me conocen bien, discutir conmigo y en este estado de cosas si alguien en algún momento me ha visto alterado, recordará mejor que yo en que circunstancias y quizá hasta sorprendido comente la situación con alguien y es que tratar que la vida sea llevadera para los que me rodean, bien en casa en la calle o en el trabajo, no es tarea difícil si uno le pone ese granito de humor que tanto hace falta y no se empeña querer tener siempre la razón asumiendo que uno puede equivocarse y cometer errores como todo el mundo.
A veces uno inconscientemente habla con la mejor intención y sin querer esta metiendo la pata, ¡Que alce la mano quien no halla errado alguna vez!, mil historias de equivocaciones propias y ajenas, podemos contar todos (solo no se equivoca quien esta para el otro barrio) y para muestra un botón: Hace años a una vecina le diagnosticaron un cáncer, tras seguir el tratamiento correspondiente, fue mejorando poco a poco, mientras que un día falleció su marido inesperadamente. La viuda, acompañada por su cuñada acudió al hospital, con su traje de luto y un velo que le cubría la cara, para acompañar el cadáver de su marido y mientras recorría los pasillos del Centro, se cruzaron con el oncólogo que la había tratado, que al ver a las dos mujeres de luto se dirigió a la cuñada de la vecina diciéndole ¿Tu cuñada verdad?, ha fallecido, ya te lo dije yo, que le quedaba poco tiempo de vida?La vecina, levantando su velo, miró al medico diciendo, ¡No, es mi marido quien ha fallecido!. Imagino la cara del medico y su deseo de que se lo tragase la tierra y es que con la mejor intención, se puede cometer errores fatales como fatales son los errores conduciendo o conduciéndose peatonalmente. Uno que ya lleva muchos años viendo siniestros no deja de sorprenderse de los errores a veces pueriles pero mortales que se comenten en la circulación. Muchas veces he pensado cuando veo a un peatón correr cruzando una paso cerrado, que ocurriría si la gente que esta al borde de la acera esperando, formara un bloque rígido y no le dejara subir en el ultimo momento a la acera. Error fatal es conducir con el cigarrillo en la boca (en este caso no me cabe ninguna duda que el tabaco mata). Error es cruzar una calle de única dirección sin mirar a ambos lados, cuando puede que un vehículo este dando marcha atrás por cualquier causa o venga un despistado por dirección única. Error tras error el ser humano es incapaz de escarmentar en cabeza ajena y seguiremos tropezando en la misma piedra, construyendo urbanizaciones al borde de ríos que en tiempos de lluvias pueden hacer desaparecer bajo las aguas miles de ilusiones. Pero el error que es humano es también fuente de grandes avances y descubrimientos, el error es hijo del pensamiento y la inteligencia, por error se descubrieron los rayos X, por error, el microondas, por error la radiación, por error se descubrirá el remedio contra el cáncer y por error, terminaremos todos pensando que somos indestructibles y seguiremos contaminando este bello planeta. En fin, tomaremos las cosas como vienen, tampoco voy a discutir por ello, como decía en un pricipio,seria un error.
Dos años y parece que fue ayer, hace ya dos años y no paro de repetírmelo, que cambió mi status y mi ritmo de trabajo y hoy (parece que fue hace tan solo unos días, cuando cruzaba esa puerta de cristal para incorporarme a nuevas tareas y nuevas formas de entender el negocio), hice un pequeño repaso a lo que han supuesto estos dos últimos años para mi. Ciertamente he de confesar que he aprendido mucho de los que me rodean y he conseguido llegar a sentirme bien después de haberme sentido en algún momento despreciado, arrinconado o maltratado después de 22 años dedicado a la dirección de distintas sucursales, pero quien lo pretendía no lo ha conseguido, Todo lo contrario, con el apoyo de mis compañeros, su benevolencia ante los primeros errores de un novato que se incorporaba a una labor que hacia mucho tiempo tenia olvidada, fui creciéndome en mi que hacer diario al tiempo que comenzaba a dominar aspectos administrativos que antes se me escapaban y sintiéndome seguro afronte alguna situación de trabajo en soledad que quizá antes no me hubiera atrevido a soportar. Dos años, con la perdida de compañeros, con nuevas incorporaciones, que han pasado como un suspiro. ¡Me da miedo la velocidad con que pasa el tiempo!, y sin embargo, uno sigue deseando que pase y que eventos futuros lleguen pronto, (Que contrasentido). Mientras, seguiré levantándome pronto, fichando a las horas reglamentarias y trabajando aportando ese pequeño grano de arena que pienso puedo aportar, que aunque insignificante, de algo puede servir, al menos a mi me sirve para sentir que estoy vivo y sentirme bien ante un trabajo que si bien no es de prima dona, si de tramoyista en el gran teatro laboral.
Dicen que durante la guerra mejicana hubo un general que llevó a sus tropas a través de un gran desierto, caminando bajo un sol de justicia y para mantener alta la moral de su tropa les gritaba de vez en cuando... ¡Que viva Pancho Villa!... a lo que los soldados respondían... ¡Que viva!... pasaron días, quizá meses y en una de estas arengas gritó ...¡Que viva Pancho Villa!... Oyéndose acto seguido una sola voz que decía... ¡Que viva, pero que viva mas cerca!
Cuentan que de aquel padre Mexicano, al que un día se presenta un pretendiente de su hija y le pide la mano de esta, el padre interesándose por el futuro de su hija le pregunta, Oye mi cuate y ¿tu en que trabajas?,Pos mire manito trabajo en seguros, y ¿Cuánto ganas por mes?, pos unos 400 pesos mi hermano, a los que replicó el padre, Cuate, con eso no tienes ni para papel higiénico.
Descorazonado el Chavo, se fue corriendo a buscar a la novia y le soltó ¡Lupita CAGONA!.
Siempre me gustaron los chistes de mejicanos, esa entonación que magistralmente imitaba Bigote Arrocet tratando de emular a impagable Mario Moreno, les da un toque especial y una gracia añadida, el humor con entonación, esa misma que ponemos cuando contamos un chiste de Vascos, Gallegos o Catalanes aporta un toque de humor al relacionar grupos concretos con actitudes o gestos estereotipados. ¿Os habéis dado cuenta de la cara del que cuenta el chiste, tratando de imitar los acentos (casi nunca lo consigue), dejes y giros de las distintas lenguas? En ocasiones es más cómica la representación que el chiste mismo y la gracia para contarlos es tan subjetiva que el mismo chiste contado por uno u otro puede hacernos morir de risa o provocar un abucheo por lo mal contado. La gracia, nace en la persona y hay contadores de chistes natos. Hace años conocí a dos de estos, compañeros de trabajo, con los que era difícil tener una comida tranquila, si estaban juntos, comer y reír simultáneamente eran tareas imposibles, ambos se turnaban y alimentaban su repertorio con los chistes del otro, provocando un alubión de risas difíciles de superar, El Leones Julián Rejas y el Gallego José Collazo, fueron legendarios en mi antigua Athena, donde no había comida tranquila. No olvidaré una convención en Jerez de la Frontera donde el Secretario General (Jacinto Álvaro) pidió se sentaran a su mesa (Que tuve el honor de compartir) y se pasó toda la cena tomando nota de cada chiste contado (No llegó a saborear los langostinos ni el marisco por culpa de los dos fenómenos). Suele ocurrir que la gracia de estas gentes esta en la forma y no en el fondo, la escenificación con gestos de cada chiste, la rapidez en llegar al desenlace y hacerlo en el momento apropiado, son la base de un buen contador de chistes. Hay quien se empeña en explicarlos luego, este es el chistoso fracasado, que pocas veces acertara a contar un chiste con gracia. Para casi todo hay que nacer en esta vida, uno hace sus pinitos, pero nunca llegaré a la altura de estos maestros de la risa. ¡Hijole, pero que requete chulapos!
Sorprendido, por los comentarios inesperados, durante aquella extraña reunión de trabajo por las posturas duras de criticas destructivas envueltas en el falso velo de cooperación positiva, aquel día Juan sintió repulsión sobre el ambiente que le rodeaba en su entorno laboral. Siempre había asumido que su posición en la empresa seria como un imán atrayendo criticas, recelos, envidias, pero nunca pensó que aquellos a quien mas dio y por los que mas luchó, terminaran clavándole aquel puñal, abrumado por la situación decidió terminar de una vez por todas con la misma y convertirse en lo que siempre había odiado, en el déspota tirano hacedor y deshacedor a su santo capricho investido por el aura del poder que los Dioses le habían concedido.
Al día siguiente entró en le despacho pegando un fuerte portazo y dirigiéndose al primero que encontró, dio sus instrucciones para el día mientras propinaba un fuerte manotazo sobre la mesa para llamar la atención del resto. Uno a uno aquél día fueron recibiendo malas contestaciones llenas de superioridad con autoritarismo prepotente y chulesco, frases groseras que a él mismo le costaba creer que estaba pronunciando y ordenes disparatadas que ante el temor general veía cumplidas inmediatamente.
Salió cuando le dio la gana de su despacho, tomó los cafés que le apetecieron y contestó las llamadas que quiso, recibió a quien le apeteció y repartió sus tareas entre el resto de los empleados, sin método ni criterio alguno, con la escusa de estar delegando trabajo, bromeó con el vigilante de la entrada sobre el aspecto de una rubia que acababa de entrar, tiró colillas en los pasillos, dejó abierto el servicio y revolvió las estanterías de los archivos sin buscar nada en concreto,con la intención de aparentar que estaba controlando algo...no se que... gritó a un cliente quitándole la razón en publico, rió con estruendo coreando un chiste malo y se marchó del trabajo antes de terminar la jornada.
Cuando llegó a casa, se dejó caer en el sofá y encendió su enésimo cigarrillo del día, que fue acogido por sus labios con una extraña y malévola sonrisa pensando, ¡Que extraña es esta vida!, para tener el respeto ajeno hay que comportarse como un energúmeno y llegó a la conclusión de que había perdido toda su vida entre buenas maneras, preparándose para ser eficiente y respetuoso aún con los mas desfavorecidos, que la gente no entiende otra cosa que la chulería y el desprecio, la mirada por encima del hombro y la prepotencia de quien se cree superior a los demás, que con esta actitud, no se gana el respeto, pero te respetan por miedo y a nadie se le ocurre subirse a tus barbas.
Fue entonces cuando aquel pequeño tropezón con una mesa, devolvió a realidad a Juan. Todo había sido un sueño, nada había sido real, solo la imaginación de un despechado mientras salia de aquella reunión en la que acababa de perder la confianza en los que le rodean, una reunion que nunca podrá olvidar pese a su buen caracter y disposicion para seguir perdonando hasta lo imperdonable.
Cuando escribo busco palabras, adjetivos, calificaciones que adornen el texto y mientras lo hago mi mente recuerda el ejercicio escolar de buscar sinónimos y adjetivos a una misma cosa, combate mental al que se nos sometía en las aulas enfrentándonos a compañeros, ganaba el que mas adjetivos aplicaba correctamente logrando una mejor puntuación, dejándonos al resto de los alumnos absortos por la sapiencia del empollon de turno, al cual terminábamos mirando con cierto recelo.
"Pitagorin" (Paco Hernández), "Lumbreras" (Antonio Montejo), "Listillo" (Luis Gómez), siempre recordaré su nombre y las caras de aquellos que la naturaleza dotó para jorobarnos al resto de los compañeros, su mirada retadora en clase, delante del profe, no se sostenía en el patio durante el recreo, pocos jugaban con ellos, pocos les reían las gracias pues estas eran hirientes tratando de demostrar una superioridad mental, que se tenían creída y que el tiempo llegó a demostrar que no era tal.
Los tres fracasaron en sus carreras, los tres mantuvieron su primacía hasta incorporarse a la Universidad, donde fallaron sus fogonazos de ingenio y memoria. Paco nunca terminó su carrera de exactas, Antonio fracasó como abogado y hoy corre turnos en el turno de oficio con los asuntos que nadie quiere llevar, Luis, nunca llegó a ejercer como medico y hoy arrastra un maletin de comercial representante de medicamentos.
Cuando un día conté la historia de estos tres a un amigo, este recordó perfectamente los nombres de hasta otros tres que compartieron aula con él y como ninguno de ellos llegó a destacar en su trabajo posterior. No se si es casualidad o si a todos nos ocurre lo mismo, recordamos a los empollones pero casi ninguno podemos ubicarlos en puesto brillantes, como se baticinaba, una vez superada su carrera universitaria, y si embargo si reconocemos en puestos brillantes tanto de la política como de la empresa a compañeros que no destacaron nunca en sus estudios o que incluso los terminaron tras años de vagar y bagar por las aulas.
Alguien me va a tachar de derrotista, alguien me dirá que doy justificación a los malos estudiantes, que cada cual saque sus consecuencias, la mía es que nada tiene que ver la memoria y reflejos del empollon con el esfuerzo diario y constante del trabajador tenaz que no se rinde ante las adversidades. Por eso, cuando alguien menciona mira a fulanito y te pone por ejemplo a uno de estos empollones de galeria, prefiero mirar al que como una hormiga, día a día y con constancia echa horas ante los libros o en su trabajo diario, sin fiarse del pelotazo o la suerte incierta.
Que este invierno esta siendo duro, con cambios de temperatura bruscos y extremos, con agua como para crear nuevos mares y aburrir a los patos, no se le escapa a nadie. Quien más o quien menos tenemos un barómetro corporal que nos indica los cambios de tiempo y el ánimo baja a límites nunca pensados cuando aparece el frío, el agua y los dolores de alguna articulación que siempre avisa.
Bajo de tono, pese a que uno siempre trata de ver la botella medio llena, no puedo quitarme de la cabeza situaciones que creí superadas e inconscientemente le doy vueltas a cada tontería que asustaría al mas pintado si la manifestara en voz alta. ¿Será que necesito relajarme?... no entiendo como encontrándome en un momento dulce de casi todo, me asaltan temores y preocupaciones, pequeños cabreos que no tienen sentido y agobios que a cualquiera darían risa.
Hoy he releído mi post anterior y si os digo la verdad, no se por que en el momento de escribirlo descargue un cierto mal humor no habitual en mi, pero dije lo que quería decir. (Faltaría mas que a estas alturas y a mi edad tuviera que autocensurarme y no pudiera expresarme con libertad). Uno que ya no tiene por que pedir disculpas por casi nada, tiene arranques de ira frente a situaciones injustas, que creí haber asumido y parece que no es así, ahora al cabo de los años y tras haber ayudado a ganar una batalla que en parte no me correspondía.
Alguien me decía que la guerra se ve bien desde la retaguardia... pero da la casualidad que uno nunca se consideró en tal lugar y luché como si de marine en primera línea de fuego se tratara, nunca di un paso atrás ni para coger impulso y resultado de mis acciones (mas bien colaboraciones) ha sido un final de año relativamente bueno, teniendo el reconocimiento, al menos de mis superiores mas cercanos, de esa lucha en la que sigo pese a que en alguna ocasión uno sienta que no es acompañado y se aproveche mis ganas de hacer para cargarme con trabajos que muy bien podrían compartirse con otros peones cercanos y es que cuando uno acude por ejemplo a la delegación de Hacienda o al Inss y sabes que hay un funcionario que te va a atender bien y rápido (Es una entelequia como comprenderéis, pues no existe tal funcionario), este tiene cola y seguro que siente el mismo agobio que yo.
En fin, me queda el consuelo de que la primavera me traerá sol, luz y animo que este invierno me esta robando ¿O será la crisis?... ¡La de los 58 que están a punto de caer!
No se si debería sorprenderme al cabo de los años de situaciones ridículas en las que un interlocutor se empecina en tener razón cuando el mas elemental sentido común dice que la cosas no son como se plantean.
Querer tener razón siempre supone que la gran mayoría de las veces, no se tiene y se trata de imponer con razonamientos mas o menos artificiosos un criterio que en su planteamiento inicial ya nos dice que no tiene ni pies ni cabeza.
Los intereses particulares y torticeros, afloran siempre en estas situaciones que egoístamente no miran mas que el beneficio propio y de hecho uno ya ha sufrido situaciones varias en las que alguien pretende justificar su posición dentro de una empresa, cambiando todo a su paso con la intención clara de dar la impresión de que se hace algo, cuando en realidad lo que se hace es marear la perdiz y no conseguir resultados claros.¿Habeis oido alguna vez aquello del elefante en la cacharreria?.
En la vorágine de cambiar por cambiar se pierden valores y personas de valía, se descentra a los centrados y se encumbra a pelotas y chuparruedas que dejaran en poco tiempo de manifiesto lo irracional del cambio y que siempre a río revuelto hay ganancia de pescadores (furtivos en la mayoría de los casos).
Situaciones como la descrita, las viví y padecí en las distintas fusiones de empresa por las que en mi vida laborar he pasado (tres para ser exacto) y no hace mucho en mi actual empresa. Siempre hay y habrá quien crea que cambiando personas de puesto, oficinas de lugar, ascendiendo sin criterio alguno a determinadas personas y relegando a profesionales de experiencia reconocida a los que erróneamente, se cree que la edad ya no les deja rendir, lo que se supone deberían, o quizá por que pudieran desde su posicion reconocida y experimentada a base de años,criticar lo que se hace y no deberia hacerse.Los cambios,han sido el pan nuestro de cada día, se recoloca y asciende al inutil, al flojo, al facil de manejar, a quien no va a poner pegas ni plantear problemas,quizá se trate de cambiar para que nada cambie.
No hace mucho un compañero me decía. Llevo quince años en la empresa y cada vez que cambian a alguien, tengo que volver a demostrar lo que ya había conseguido, volver a hacer lo mismo para volver a tener los mismos buenos resultados y el mismo crédito, prestigio y solvencia que tenia. Y es que la vida es así un continuo tener que demostrar lo que ya se sabe,(en el fondo, para eso nos pagan), dice el refrán que pez que se duerme se lo lleva la corriente. El esfuerzo diario pocas veces se ve recompensado por los demás, (vivimos en un país en el que solo se reconoce la valía de una persona frente a su tumba), la recompensa la adquiere uno en su fuero interno cuando te invade la tranquilidad del trabajo bien hecho, bien terminado independientemente de lo que los demás piensen, digan o hagan, pero no estaría de mas que de vez en cuando alguien te regale el oído, pero esto...es pura utopía... como decía mi padre...¡Dios nos libre de la época de las alabanzas! ( cuando ya estas con el traje de pino en la huerta del cura)
Uno, que nunca hize la mili, por exento del contingente militar, según consta en un certificado que guardo como recuerdo por lo vistoso y aparatoso del mismo, con pólizas, timbres, escudos preconstitucionales y letra redondilla escrita por algún amanuense militar, recuerdo como llegué a esta situación, previsible por otra parte, dada mi dificultad para caminar y el examen que tuve que pasar en Valladolid, para quedar exento.
En mi recuerdo esta un frío día de Enero, un tren humeante hacia la ciudad del Pisuerga, en compañía de otros dos candidatos a la exención militar. Gerardo, un hombre pequeño, de 1, 4 metros de altura y Luis Funcia, compañero de colegio, al que todos llamaban el "gafotas", por los tremendos cristales que se asentaban sobre su nariz.
He aquí, que este trío tan singular nos presentamos en la Comandancia médica en Valladolid y tras esperar un buen rato en un gélido pasillo, se llamó al primero, Gerardo, que tras pedir permiso pasó el umbral de aquella puerta acristalada, con vidrios esmerilados y nada mas cruzar la misma se oyó una fuerte carcajada procedente del interior de la habitación seguida de la frase ¡Los enanos no hacen la mili, los enanos...al circo!, ¿donde cree que va usted?,La puerta se cerró tras él y dos minutos después salía con su certificado de exento de la mano y una cara de cabreo, por el recibimiento a que había sido sometido.
El segundo en ser llamado fue mi amigo Luis y casi al igual que Gerardo su bienvenida fue un: ¡Dios, pero donde va usted, con esas gafotas, si apunta a un farol y mata a una vieja!...
Juro que todo mi cuerpo temblaba cuando crucé aquella puerta, esperaba un recibimiento parecido al de mis predecesores, pero la cara de aquel capitán medico, mostraba asombro e incredulidad mientras miraba mis dos muletas. Moviendo la cabeza con signos de negación y cierta desconfianza me preguntó: ¿Pero quien les manda a ustedes venir aquí?, mi respuesta fue enseñar la citación recibida a través del cuartel de caballería de Salamanca, que tomó en sus manos dirigiéndose hacia la mesa y descolgando aquel negro y aparatoso teléfono al que hizo girar la ruleta marcando el numero del cuartel de Salamanca. Nunca había oído tal cantidad de improperios juntos, saliendo de aquella boca, mezclados con insultos, alusiones a una supuesta tomadura de pelo y amenazas al interlocutor, para terminar con un golpe seco cortando la comunicación.
Toda aquella agresividad, se tornó en delicadeza cuando se dirigió nuevamente a mí: Usted perdone ( Que aquel señor me tratara de usted, cuando yo apenas tenia 19 años, ya era un logro), no se, ni me explico la necesidad que tenían ustedes de venir hasta Valladolid para este tramite (me dijo mientras se dirigía a la puerta para abrirla franqueándome el paso amablemente) es bien patente que ninguno de los tres tiene capacidad para la dura vida militar y por un momento he pensado que se trataba de una broma, le ruego pida disculpas en mi nombre a sus compañeros y tengan buen viaje de regreso, añadió mientras estrechaba mi mano. Gracias respondí dirigiéndome a la salida donde encontré a mis tres compañeros de aventura, que no dieron crédito a lo que acabo de contar ocurrió en aquel despacho. Esta historia, real, habría podido servir a Gila para crear una de sus divertidas historias de la mili, pero maldita la gracia que nos hizo a los tres implicados. Eran otros tiempos ¿O no?
Han pasado los años... guardado en algún recodo de la memoria, pasó desapercibido durante años, hasta que algo desencadenó aquel recuerdo devolviéndome un pasado lejano oculto por la bruma del tiempo, ese tiempo inexorable que cada día siento pasar raudo y que comienza a producirme una cierta desazón.
Fue el año en que el hombre pisó la luna y durante ese mismo verano, en mi añorada Ribadesella, disfrutábamos de unas tranquilas vacaciones en las que nada se presagiaba oscuro en el horizonte que estaba por llegar.
Aquel nefasto día, mis padres viajaron hasta Gijón para recorrer la Feria de Muestras, salieron pronto de mañana, ya que en aquella época ir desde Ribadesella a Gijón por la carretera que bordeaba la costa, era un trayecto de más de dos horas sorteando curvas y montes.
Hacia las diez de la mañana, oí al abuelo moverse inquieto en su habitación, sin despertar a mis hermanos, toque con los nudillos aquella puerta y pregunte casi en voz baja... ¿Abuelo, estas bien?...Tocado por el dolor me respondió, si, pero tengo un fuerte dolor en el vientre... tranquilo ya se pasará.
Y no pasó, aquella mañana corrí buscando un medico, llamé a los vecinos y en mi osadía acudí a un medico que veraneaba frente a nosotros en un Chalet. Aquel hombre, tras reconocer al abuelo, recetó unos medicamentos que me a apresuré en ir a buscar a la Villa. Bicicleta arriba, bicicleta abajo, en mi cabeza solamente estaba mi abuelo al que por primera vez veía enfermo y me sentí solo, sin el apoyo de mis padres.
Por aquel entones no había móviles, la comunicación estando de viaje era difícil y en aquella casa no teníamos teléfono.
Hacia las tres de la tarde llegaron mis padres, que de nuevo emprendieron viaje con el abuelo hacia Oviedo. Fue la última vez que le vi, horas después fallecía en el Hospital General de Asturias, dejando detrás de si una familia dolorida y una gran vacío en sus nietos que le adorábamos. Perdimos un compañero de juegos, ingenioso, diestro con sus manos y ocurrente en sus trabajos manuales, nada se le resistía, era capaz de arreglar cualquier cosa que fallara en la casa, dominaba la electricidad, la fontanería, la carpintería y cuantos trabajos manuales fuera necesario hacer, los ejecutaba con su especial habilidad, arreglaba nuestras bicicletas, cambiaba enchufes e interruptores, hacia nuevos tendidos eléctricos y reparaba atascos y ventanas desgastadas por el uso, cuidaba el jardín y ayudó a levantar el hotel de la Isla a mi tío Daniel. A mis quince años, esa edad en la que solo hay futuro, en la que el tiempo parece ir más lento y los años se alargan, aprendí que la vida tiene un final, que el final puede llegar en cualquier momento, pero que si te ganas el cariño de alguien, ese alguien te recordará toda la vida, aunque como yo, haya olvidado durante años aquellos momentos finales que hoy no se por que demonios, me vienen al recuerdo.
La bofetada del frío en la cara no fue nada comparada con el patinazo en la nieve, sentí como todos mis huesos crujían sin llegar a romperse y por un momento temí lo peor. Había nevado durante todo el día y las aceras se habían helado por la noche. Juro que nunca pensé que aquella alcantarilla en plena acera, estuviera helada, juro que nunca pensé terminar con mis huesos en el suelo, pues caminaba con sumo cuidado apoyando los pies y el bastón con la precaución que exigía el momento. Pero todo fue inútil. Menos mal que como de costumbre y al igual que los grandes corredores de motociclismo, uno ha aprendido a caer sin hacerse demasiado daño, lo que mas me joroba ,(en el fondo me divierte, no voy a ser mentiroso) es el espectáculo que se monta con cada una de mis caídas, sé que suelen ser muy aparatosas, pero tampoco es para tanto... en esta ocasión tres mas me acompañaron en el suelo al tratar de correr a ayudarme, resbalando con la misma alcantarilla y en el mismo lugar en que caí. El espectáculo, si no fuera por que alguno se hizo daño de verdad, hubiera sido cómico. Cuatro personas mayores jugando a tirarse en el suelo,revolcandose entre la nieve, hubiera pensado cualquier crío que nos hubiera visto, cuatro que una vez pasado el susto terminamos riendo como niños mientras tratábamos de enderezar una muñeca dolorida por la caída, cuatro que hoy probamos el duro suelo del Paseo Carmelitas, mientras tratábamos de ir a nuestro trabajo.
En fin, la nieve es la nieve, bonita para verla detrás de unos cristales o en una postal, traidora si tienes que caminar sobre ella.¡Cuidado amigos! Que hoy toda España está nevada, no vayáis a terminar como terminamos estos cuatro esta mañana,haciendo un ridiculo espantoso ante la mirada divertida de algun pequeñajo...
Va a hacer dos años que ya no tengo que acudir a convenciones de empresa, quizá sea esta una de las cosas que echo de menos en mi actual situación. Siempre me gustó viajar, bien por motivos de trabajo o por diversión y en ambos casos conocer ciudades y lugares nuevos de los que suelo guardar fotos, llaves de hotel, menús de las comidas credenciales, programas y notas en un ya voluminoso archivo que comprende desde el año 1981 hasta el 2007 en que tanta actividad viajera paró bruscamente quedando solo los viajes familiares.
Con cierta morriña en ocasiones hojeo las numerosas paginas plastificadas, donde multitud de fotos me recuerdan compañeros (algunos ya desaparecidos), lugares y visitas como aquella de la Mezquita de Córdoba, que a punto estuve de no ver, pues un cansancio no habitual tras tres días de convención me llevó a decir en voz alta ¡ Yo me quedo en el autocar!. Fue entonces cuando mi buen amigo y compañero Burguillo me señaló a través de la ventanilla un anciano apostado a la puerta, paraguas colgado del brazo y sujetando con determinación una carpeta entre sus manos. ¿No vas a poder seguir a ese señor?, ¡Es nuestro guía!, y sonriendo me señaló la salida del vehículo. Devolviendo la sonrisa me incorporé y seguí sus pasos. Durante mas de dos horas, recorrimos la mezquita y el barrio judío, nos hicimos fotos y nos hicieron fotos (Mi Compañero Fernando comentó de una de ellas, es tan bueno el fotógrafo que te ha sacado hasta la cojera). Hoy cuando las miro no puedo por menos de esbozar una sonrisa. ¡Que tiempos! ¡Que jóvenes estábamos todos! Valencia,(a la que faltó por motivos de salud mi buen amigo Jerónimo, al que tuve en mente durante la cena de gala y tomando el móvil no dudé en llamarle y pasar luego el aparato a todos mis compañeros de mesa) Barcelona, Alicante, Ávila, San Sebastián,(la multitudinaria convención de la fusión) Bilbao, Palma de Mallorca,(Año y día en que yo cumplía 50 años) Madrid (donde mi buen amigo Jordi tuvo la mala fortuna de lesionarse un brazo bajando de un autocar, cuando lo más fácil es que hubiera sido yo el lesionado y no él, por mi dificultad en subir y bajar escaleras), Santander con la ultima convención de Athena y la cena en el Palacio de la Magdalena, a la que alguno denominó como "Ultima cena". Pamplona (mi ultimo viaje convencional durante el cual ya presentí mi cercano destino). Tantos y tantos recuerdos que hoy se reavivan pues se acercan las fechas en las que una nueva convención reunirá a compañeros que quizá no vuelva a ver. Que Dios os guarde a todos, todos seguiréis en mi vida pues permanecéis en mi recuerdo
Uno que normalmente bromea con la dificultad de subir escaleras, de andar con muletas o caminar con suelo mojado, de tener que tomar casi habitualmente algún calmante para dolores varios y procurar que nadie se entere de que los tengo, no puedo por menos que esbozar una sonrisa cuando alguien se lamenta de lo malo o mala que esta y aprovecha cualquier ocasión para darse una baja o faltar a trabajo en cuanto estornuda o le duele un poco la cabeza.
Ciertamente nadie se queja de vicio, cuando a uno se le escapa un ¡AY!, (a mi se me escapa muy a menudo y procuro que no se oiga), es por que realmente duele algo (yo no creo en eso tan extendido de la enfermedad psicosomatica a la que suelen acudir los medicos cuando no encuentran algo concreto) , pero nada mas eso, hay que seguir adelante y tratar de hacer el menor caso posible a esos dolores que ya son conocidos y habituales, compañeros inseparables de camino y no hacen otra cosa de recordarte que tu no puedes hacer muchas cosas que desearías o que lo que estas haciendo no esta bien.
Hay quien se empeña, y la verdad no lo entiendo, en mostrar aparatosamente que no esta bien ¿y quien lo esta?, mas o menos a cada cual le duele algo o en momentos determinados no te encuentras bien, ¿y a quien le importa?, pero hay que mostrar una justificación para no hacer lo que hay que hacer, para aprovecharse de la Seguridad Social, o para escaquearse de un trabajo o una obligación.
Conozco y he visto gente que alarga bajas médicas, gente que simula enfermedades y dolores para cobrar una indemnización del seguro y gentes que explotan el menor dolor hasta límites insospechados. ¡Quejicas!. Algunos son pillados in fraganti haciendo la compra y cargando pesos, es entonces cuando te sueltan aquello de lo malos que están y lo mal que se encuentran, se echan la mano a la nuca o a los riñones y no recuerdan que solo hace unos segundos cargaban con facilidad una caja de cartones de leche en cada mano.
Conozco muchos que como yo esbozarían una sonrisa, desde su silla de ruedas o apuntalados sobre un par de bastones y pensarían ¡Quejicas!, por no decir vagos y maleantes cuando están estafando a la Seguridad Social o a alguna compañía de seguros.
En fin, de todo tiene que haber en la viña del Señor, pero cada día veo más ¡Quejicas! ¿O tengo que llamarles estafadores?
Cuando escribo estas líneas tengo en mente alguna persona concreta (Por supuesto no es mi buen amigo el enfermo imaginario, que pese a sus achaques ficticios sigue en la brecha haciendo de tripas corazón y nunca, supongo, se le ha pasado por la cabeza simular lo que realmente siente aunque no lo tenga y desde luego no se ha dado una baja por un tembror de manos, unas palpitaciones a destiempo o un malestar general), hablo de quien permanentemente aprovecha cualquier estornudo, dolor de nuca, dolor de muelas o de juanetes, para correr al medico del centro de salud y solicitar la baja.¡Quejicas!, farsantes a los que pagamos todos y que nos comen el presupuesto de la Seguridad Social y saturan las listas de espera de quien realmente lo necesita.¡Quejicas!...
Doce campanadas, doce uvas, doce meses por delante y doce deseos por cumplir.
Nuevamente comienza la cuenta de un nuevo año, otro más, igual que los demás aunque nos empeñemos en que sea distinto y nuestros empeños nos lleven a hacer promesas que luego no cumpliremos. Seguro, que no dejo de fumar, (pero para no faltar a la tradición hago el propósito pero sin convencimiento alguno), seguro, que no dejaré de preocuparme por las cosas pendientes en mi trabajo, (Va con mi manera de entender la responsabilidad y tengo la intención de seguir igual), seguro que seguiré haciendo ejercicio, pero no tanto como el que me hace falta. (Me marcaré un objetivo, pero seguro, también, que no tendré tiempo ni fuerzas para cumplirlo).
Hace un mes hice un repaso al año y hoy trato de programar los próximos 12 meses... muchos proyectos, ilusiones, expectativas que pueden dar un nuevo cambio a mi vida y siempre presente que mi familia debe estar lo primero. Repaso el calendario buscando puentes en los que escapar a Valencia y ver a mi hija, horas que dedicar a mi hijo, tiempo para compartir con mi mujer cambiando alguna cosa en la casa o disfrutando de algún viaje que rompa la monotonía de su trabajo y el mío.
Doce deseos: Salud, Familia unida, Alegría, Paz, Tranquilidad, Respeto, Amistad, Trabajo (reconocido y si es posible bien remunerado), igualdad, equidad, libertad y poder seguir teniendo tiempo para contaros mis cosas durante los próximos doce meses.
Hoy alcé mi copa de cava recordando a todos mis familiares y amigos, hoy alcé mi copa, pidiendo para ellos los mismos doce deseos que antes pedía para mi. FELIZ 2010...
Calles llenas de luz, relumbrando sus luminarias llenas de cometas y estrellas, árboles y guirnaldas. Calles llenas de gente paseando al frió de la tarde navideña, ilusionados en pos de sus presentes, agitados por el bullicio de las compras de ultima hora y las rebajas tempranas de una año critico.
Agitado en el aire por la mano inocente de un niño, un globo rompe el viento frió y pone una nota mas de color. En la esquina, un mimo imperturbable, hace las delicias de los pequeños mientras alguien deposita unas monedas a sus pies.
El viento trae una lejana melodía navideña, que llena el alma de recuerdos y añoranzas de navidades pasadas, de gentes que ya no están con nosotros, de quimeras siempre perseguidas y nunca conseguidas. Rojo y blanco, mofletes inflados y gorro puntiagudo, un Papa Noel atrae las miradas de la gente que divertida acerca a sus pequeños, que recelosos escrutan al blanco barbado intentando vislumbrar si es el autentico o solo un reclamo publicitario. Los árboles del parque hoy han cambiado parte de sus hojas por azules luces intermitentes. Bolsas de papel en las manos de los paseantes, no tantas como otros años, no tan llenas, no tan espléndidas, pero siempre bolsas de papel con nombres de establecimiento de ropas y este año con un triangulo verde (Ya hay Corte Ingles en Salamanca). Esta tarde en mi paseo vi, una Salamanca cambiada por la Navidad, una ciudad que se repite año tras año y en la que eché en falta el espectacular decorado de cartón piedra con el que caja Duero decoraba todos los años la fachada de su sede principal (Hay fusión, quizá confusión y pocas ganas de gastar dinero para alegrar a los posibles clientes). Hay Navidad en la calle, esa misma calle que todos los días recorro tratando de hacer ejercicio... si ejercicio se puede llamar a caminar una hora diaria sin prisas recordando a mis piernas que tienen prohibido pararse y la obligación de seguir conduciéndome, hoy hacia ese regocijo de la Navidad en mi ciudad.
Hoy me desperté con el soniquete del canto de los niños de San Ildefonso, ¡un año mas!, pensé, y los recuerdos volvieron a mi, a aquellas lejanas navidades de mi niñez, en las que tras los cristales del amplio balcón de casa, al abrigo de una buena calefacción de carbón, veía caer los copos de nieve desdibujando el paisaje del Campo San Francisco y las siluetas de las Catedrales, la Clerecía y las Agustinas, que desde aquel privilegiado observatorio fueron testigos mudos de muchos años de mi vida.
El paso prudente de las gentes subiendo por la Cuesta de Ramón y Cajal, rompía la uniformidad del blanco manto que había cubierto aceras y copas de árboles. Apenas había trafico rodado en aquel entonces y muy pocos se aventuraban a conducir sus viejos cacharros cuando la nieve hacia acto de presencia en una ciudad no habituada a ello.
El abuelo, trataba de distraernos en aquellas horas de vacaciones y encierro obligado por las inclemencias del tiempo, jugando con sus nietos en la mesa camilla a hacer figurillas con bellotas y palillos de dientes, una oveja, un pato, un cerdito, salían de sus hábiles manos combinando bellota y palillo, que luego terminaban colocadas entre las innumerables figuras del gran Belén que con esmero y dedicación instalaban él y mi madre todos los años en el hall, de la casa.
Nunca tocó aquella lotería, quizá, ni falta que hizo pues ya teníamos el premio gordo de ser una gran familia, que en estas fechas señaladas se reunía cada año congregando abuelos, padres, tíos, primos, donde los mas pequeños derrochábamos ilusión frente al Belén y el gran abeto, que decorado con cariño terminaba cobijando a sus pies los regalos del día de Reyes.
Puedo contaros, que siempre sospeche de la existencia de los Reyes Magos y en aquellos días no quedaba rincón de la casa por revolver. Debe ser que me equivocaba en mis sospechas, nunca encontré ni a los reyes ni los regalos que misteriosamente aparecían el día de reyes colocados bajo el árbol.
La lotería es: que nunca falte un sueño por el que luchar, un proyecto que realizar, algo que aprender, un lugar donde ir y alguien a quien amar.
Como todos los años y siguiendo el ritual de crear una postal informática, este año remití a mis buenos amigos la felicitación navideña, fueron segundos los que pasaron desde su envío hasta la primera llamada telefónica, al aparato mi buen amigo Mauri, como siempre afectuoso, como siempre ofreciéndome su apoyo y amistad. Luego le siguió Javier, desde Santander, Vicente, Marina, Alfonso, Xose, José Luis (mis añorados compañeros de fatigas gallegos) y una procesión de amigos que no sigo relacionando por no llenar este post de nombres. Una vez más me sentí rico, sin necesidad de loterías, rico en amistad, rico en buenas gentes con las que he compartido muchas horas de trabajo y diversión, con las que mi vida se ha ido llenando y enriqueciendo y a las que este año y espero que muchos mas, deseo tengan la misma fortuna que yo de contar con este capital no cuantificable y gratificante que le ayuda a uno a seguir luchando por lo que cree, que al final se recibe lo que se da y en este mundo hay buenas gentes que terminan compartiendo retazos de nuestra vida. FELICES FIESTAS A TODOS
Como si de una cámara fotográfica se tratara, mis ojos fijaban la mirada una y otra vez en cada uno de los asistentes al acto, tratando de grabar cada imagen, cada rostro y conservarlos para el recuerdo.
Una copa se alzaba al paso de mi mirada a modo de brindis, una mano saludaba efusiva, un guiño de complicidad, un gesto de amistad, un saludo casi militar quedaron guardados en mi memoria mientras recorría el pasillo central buscando un lugar desde el que discretamente tomar una copa de aquella comida navideña entre compañeros y observar al resto de los asistentes.
Fue una entrañable velada de encuentro con antiguos compañeros a los que hacia ya casi dos años que no había vuelto a ver, Busque rostros y nombres para terminar preguntando al mas cercano, que en ocasiones me señalaba con su dedo la situación exacta de cada uno y en otros me indicaba que no habían venido.
Fueron horas de recuerdos sobre un tiempo pasado de reuniones comerciales y de formación, de comidas tras horas de trabajo y confidencias entre amigos, sentí el afecto de compañeros y la tosquedad de aquellos con los que nunca existió cercanía (No importa, el resto compensó el gesto hosco de algunos a los que por supuesto ignoré pues no merecen ni un segundo de mi atención). Eché en falta a aquel otro grupo de Gallegos, entre los que cuento con muy buenos amigos y los Leoneses, siempre cordiales, siempre atentos conmigo, pero eran otras épocas, otros tiempos, otros momentos que también recordaré con afecto y quizá un pizca de añoranza.
El recuerdo de compañeros fallecidos, bajó miradas a la mesa tratando de ocultar quizá alguna lagrima, aquel silencio mientra Javier los recordaba fue un gran homenaje lleno de respeto por todos los presentes.
Las bromas, chistes y chascarrilos,devolvieron la alegria junto con un sorteo de regalos.
Hoy en Salamanca, repaso mentalmente conversaciones, confidencias, gestos y vuelvo a sentir la melancolía del tiempo pasado que quedó prendido en las agujas de algún reloj.
Cuantas horas en la cabecera de mi cama, velando mis sueños, expectante de cualquier dolor que pudiera surgir, preocupada por la evolución de mis operaciones. Horas que traté de compensar en aquellos tres meses, en los turnándonos los cuatro hermanos llenábamos aquellas horas de angustia en el viejo hospital de la Santísima Trinidad... ¡Cuantas horas echa usted al cabo del día!... Me dijo una enfermera, no respondí, solo pensé, se lo debo, muchas mas estuvo a mi lado y otras tantas que hubiera sido necesario lo habría estado. Mi pena, nunca confesada, es que el día que falleció yo estaba de viaje, muy lejos de esta fría Salamanca donde al llegar cada 17 de Diciembre el recuerdo de aquellas horas me encoge el alma. Ya hace 6 años y ¡parece que fue ayer!, 6 años en los que enmudecieron sus pinceles y sus cuadros quedaron huérfanos, mudos, colgados en la fría pared como testimonio de su paso por esta vida.
Dicen que nadie muere mientas alguien le recuerde. Aún quedan, cuatro hijos, nueras, yernos, siete nietos que aún la mantendrán viva en su memoria. Hoy el recuerdo se ha vuelto escrito, tratando de perpetuar esa memoria, hoy escribir cada letra me ha costado mas que nunca, Madre...mas que nunca...
He regresado al frió, tras unos días en la soleada Valencia, he vuelto a la Siberia Castellana con temperaturas bajo cero, encogido por ese frío seco que se te mete hasta los huesos y del que solo escapas frente a una buena estufa.
Siete días recorriendo las calles de la cada vez mas bella y espectacular ciudad del Turia, siete días compartiendo horas con mi hija y mi mujer, echando siempre en falta al pequeño de la familia, que por motivos de estudios no nos ha podido acompañar, siete días volviendo a sentir que puedo caminar durante horas, si voy distraído por una conversación amena y un paisaje nuevo. Hoy os dejo una imagen captada con el móvil. ¡Espectacular verdad! Pues para no levantar envidias no os voy a contar como estaban las paellas, la horchata con fartons ni las panochas de maíz calentadas a la brasa y subo alguna foto mas de mi paseo por Valencia.

A un mes de terminar el año, uno comienza a repasar mentalmente, haciendo balance y recuento, de cómo han transcurrido los meses de este año.
En mi entorno han desaparecido personas a las que apreciaba y llegado otras con las que se ha establecido una cordial sintonía.
Ha sido un año duro en el que Fernando y Feli, mis compañeros de trabajo más cercanos, fallecieron en el lapso de dos meses dejando una extraña sensación de tristeza, mezclada con una aprensión al entorno en que trabajábamos. Todos llegamos a pensar que había algo en el ambiente, algo letal, que no solo afectó a estos dos compañeros si no también a algún vecino mas del edificio. Todo fue casualidad, las mediciones del lugar resultaron negativas y el tiempo diluyó miedos y temores, pero no el recuerdo de aquellos que nos dejaron y en los cuales pienso cada día al mirar sus mesas vacías.
El verano me trajo la oportunidad de demostrarme una vez mas que soy capaz de superar cualquier dificultad en el trabajo y que no tuvo sentido alguno (al menos desde mi punto de vista), mi traslado y cambio de status, a la vista de los resultados (cifras cantan) y que yo fuera capaz de mantener solo, en funcionamiento una sucursal de seis personas durante quince días sin que se notara la falta de nadie.
Las vacaciones fueron familiares, entrañables, relajantes, llenas de sol y paseos tranquilos a la orilla de un Mediterráneo siempre luminoso, siempre acogedor.
El otoño, este extraño otoño, sin lluvias, sin fríos excesivos, me trajo dolores articulares y una baja de 5 días en la que volví a ratificarme en mi sentimiento de no estar parado mas de lo necesario, pues dejar a la cabeza elucubrar por su cuenta es peligroso.
Durante todo el año he volcado en este blog sentimientos, opiniones, historias pasadas, que van quedando atrapadas en este inmenso mundo virtual en el que desde un primer momento me he encontrado a gusto. He descubierto que tratando de contar una historia, contaba parte de mi vida, una vida que creí lejana y perdida en el tiempo y sin embargo la sentí de nuevo real y cercana cuando tecleaba en el portátil pretendiendo contar mis peregrinaciones por hospitales o mis recuerdos de la niñez.
En Febrero cumpliré 58 años, aún no he aprendido a tener malicia, ni se ocultar mis sentimientos, la rabia contenida, en determinadas ocasiones, tiene en mi el mismo efecto que la alegría desbordante y en ambos casos mis ojos se han llenado de lágrimas, no se disimular, cubrir, velar mis emociones ante la mirada indiscreta, quizá sorprendida de alguien cercano.
Otro año más está terminando y como todo, el balance tiene partes negras y partes rojas, puntos claros y puntos oscuros, afectos y desafectos, encuentros y desencuentros que van llenado las paginas de mi vida
Quiero envejecer a tu lado y todas las mañanas calentar el café mientras te desperezas.
Quiero que sigamos soñando mañanas y viendo crecer a nuestros hijos.
Quiero recordar nuestros momentos felices y hacerte reír con mis salidas inoportunas.
Quiero seguir pensando que somos jóvenes y hacer locuras cada día.
Quiero seguir escuchando, como pasa el tiempo sin que el tiempo nos hiera.
Quiero seguir queriéndote como tú me quieres.
Nada cambiaria en mi vida si tuviera que volver a vivirla,
Ni las noches en vela vigilando el regreso de nuestros hijos.
Ni los llantos de las despedidas, cuando alguno se va.
Ni los ratos amargos de un trabajo incomprendido.
Ni los dolores sufridos por un mal asumido.
Que la vida hay que vivirla, para sentir que se vive.
Que el amor hay que amar, tanto como se es amado.
Que en el trabajo hay que luchar, desgarrando el mal trago.
No hay vida sin amor, sin sufrimiento, sin desazón, sin alegrías mezcladas con sinsabores, que la ternura adereza al irnos haciendo mayores.
Quiero seguir vivo, viviendo los retos y sueños diarios
Hoy mi coche decía que estaba cansado, el ordenador de abordo tenia un mensaje en su pantalla muy claro... No ando por que no quiero... Me baje del coche y me puse frente a el, encarados los dos comencé de decirle ¿Que te pasa hoy, quieres fastidiarme el día?, un sonido ronco salió debajo del capó contestando a mi pregunta ¿No ves que ya estoy viejo?, Viejo, respondí si solo tienes 7 años, yo a tu edad... y me interrumpió, a mi edad tu proporcionalmente eras un bebé, no te tires pegotes, anda, ponme aceite nuevo, cambiame las ruedas, y estirate un poco poniéndome gasolina 98, no seas racano?...¿ Racano yo?, con lo que te cuido, te adorno con cintas plateadas en los costados, he cromado tu radiador, te he puesto unas tomas de aire chulisimas, he pintado tus paragolpes y te he puesto tapacubos nuevos también cromados ¿Qué mas quieres?.
¡Pues que voy a querer!... Que no me des acelerones a la salida de los semáforos, que no aparques de oído golpeándome contra otros colegas, que no me cargues como a un burro y sobretodo, que no corras por esos caminos de Dios.
¿Correr yo?, Tu no sabes lo que es correr, a ti te compre cuando ya se me había pasado la fiebre de la velocidad, cuando los años me habían asentado y llegar antes o después a un sitio no tiene importancia. Tu predecesor, el Chrysler, ese si que corría, tragaba mucha gasofa, pero era una delicia poner el pie en el acelerador y sentir todos sus caballos en el pie me deshice de él por que tenia un deposito muy pequeño y tenia que parar en todas las gasolineras que había a nuestro paso.
¡Vale!, ya negociamos...tu me lavas todas la semanas, me pones gasolina de lujo y yo prometo llevarte donde quieras, sin fallar en el arranque por las mañanas, sin darte sustos en las curvas y cuidándote en los viajes.
¡De acuerdo!, pero arranca ya de una vez que voy a llegar tarde al trabajo
Si hace unos días recordaba al cirujano que en cinco ocasiones me intervino, hoy es justo que recuerde a Samaniego, su enfermero de cabecera, por llamarle de alguna manera. Antiguo militar sanitario durante la guerra civil, siguió ejerciendo la profesión que aprendió durante la contienda y a la que confesaba había cogido cariño por lo agradecida que esta le había sido ayudando a quien padecía y tratando de mitigar dolores y sufrimientos varios.
La imagen que guardo de el, es de una persona ruda curtida entre dolores ajenos pero igual que el cirujano, con una sonrisa amable en el rostro quizá tratando de distraer la preocupación por hacer bien su labor y no preocupar al paciente.
Siempre atento a las órdenes del doctor, siempre hábil con la sutura y el vendaje, diestro en el manejo de la camilla, fui su pesadilla a la hora de quitar escayolas, como ya comenté en algún post, pero nunca salió un mal gesto de su cara. Bromeaba con aquel "rubio de ojos azules" que traía de cabeza a todo el mundo en el Hospital Maria Teresa y que era incapaz de estarse quieto a pesar de estar escayolado de cintura para abajo, recorriendo pasillos a golpe de muleta y escondiéndose en los lugares mas insospechados con la complicidad de alguna monja y alguna enfermera que seguían el juego entre divertidas y picaras, para hacer rabiar un poco a Samaniego.
Hoy, tristemente, no veo en ningún hospital ni centro de salud, aquellas maneras, formas y caracteres de los que hacia gala el personal sanitario. Quizá con menos preparación y medios que los actuales, quizá por que ejercían vocacionalmente, quizá por que la sanidad no estaba deshumanizada y el paciente no era un 37/XXX, tenia nombre y apellidos, era un ser humano y no un contribuyente que tiene que exigir por lo que paga a la Seguridad Social, esa misma Seguridad Social que tarda seis meses en hacerte una resonancia, que a veces confunde tus analíticas y tiene en permanente estado de cabreo a todo el personal sanitario con jornadas maratonianas donde no se juegan un cliente, se juegan la vida de un paciente ante la presión de unos gerentes sanitarios y hospitalarios que nunca ejercieron como médicos o enfermeros y administran de igual manera que lo harían en una fabrica de automóviles o de abrigos, tratando de mantener un puesto "político", de designación a dedo en muchos casos, que les viene grande.
Muchos Samaniegos, hacen falta en este pais, muchos profesionales vocacionales que por desgracia ya no se suelen ver.¿Donde vas Seguridad Social?...¿Dónde vas?.
Me senté, solo con la intención de reposar un instante, después de la larga jornada de trabajo (No me equivoco al decir que últimamente casi todo acaba sobre mi mesa y todas las visitas se dirigen a la misma, ni de momento voy a hacer comentarios sobre este punto en el que tengo las ideas muy claras).
Mi intención de descansar solo unos instantes se convirtió en un profundo sueño, apoyado el codo en el brazo del sillón con la mano en la cara, sentí como Morfeo se hacia dueño de la situación y me trasportaba a otra realidad, la realidad imperiosa de descansar. Esta vez, nada tenia que ver con esos momentos ya asumidos en que mi eterna enfermedad me sume, esta vez era cansancio autentico, ese cansancio satisfactorio de haber estado realizando un trabajo en el que me siento cómodo y en ocasiones desaprovechado (también esto es harina de otro costal).
Como suele ocurrir en estos casos, (Freud sabría dar explicaciones del por que) se produce un repaso de lo vivido en las ultimas horas, mezclado, a veces realidad irreconocible y otras con aspecto premonitorio como si de presentimientos se tratara.
No sé exactamente cuanto duró el sueño, lo que si sé es que desperté sobresaltado, con la cabeza aún pesada por la modorra y un extraño temblor de manos. Imágenes ficticias mezcladas con reales y palabras de un mal sueño, rebotaban en mi cabeza sin poder aún distinguir ficción de realidad. Una vez despejado caí en la cuenta de que el sueño había sido un poco como "marear la perdiz" inconscientemente, sobre un comentario escuchado en el que se me ponía como justificante, más bien excusa de que algo no funcionaba bien al cabo de dos años después de haber dejado mi puesto anterior...sonreí y pensé... ¡Que pobre es la gente mentalmente!, si dos años después no han sido capaces de corregir, si es que existió algún defecto en mi gestión (uno no es perfecto pero se consuela viendo que hay quien lo es menos aún), A que extremos se puede llegar para justificar lo injustificable, siempre habrá quien recuerde que hace años uno hizo o dejó de hacer algo y lo utilizará para justificar su incapacidad, torpeza, ignorancia, inexperiencia, dos o tres o cuatro años después...Quizá me muera ( Dios quiera que sea muy tarde) y seguirán usándome de justificación para lo injustificable, ¡Que pena! que mi sueño no sea tal y sea una realidad, a todos nos usan, tanto si estas arriba, como si estas abajo, el "yo no he sido, no es culpa mia" dicho señalando con el dedo a otro, es un gesto tan común que ya no me debía de sorprender, máxime cuando lo vi, utilizar señalando a otro compañero que por suerte para él, se retiró o lo retiraron a descansar,¡Que pena de sueño que no fue tal!
Largo y paseado fin de semana ha sido este último, caminando por las calles de Madrid en compañía de toda mi familia. La alegría de ver a mi hija (partimos camino, ella se acercó a Madrid y nosotros también para poder estar con ella), pasear por las calles de la Capital flanqueado por Fernando y Julia, ante la atenta mirada de Charo que vigilaba mi nivel de cansancio a cada paso, me ha servido para romper un poco con la rutina diaria y volver a demostrarme que soy capaz de caminar durante cuatro horas seguidas, si la caminata es en compañía de seres queridos y distraído por conversaciones y rutas nuevas que explorar.
Verdaderamente Madrid, "será una gran capital cuando la terminen", Todo son obras, pavimentos levantados frente al palacio de las Cortes, calles llenas de vallas rebajando bordillos de aceras y cortes de trafico en calles que uno no esperaba encontrar. Árboles en peligro frente al Museo Tissen, proyectos y soterramientos varios hacen de Madrid una ciudad tomada por las maquinas y las obras, donde se pretende ocultar el trafico rodado bajo las calles creando una ciudad subterránea difícil de imaginar, pero que ya tiene vida propia en muchas zonas.
Gran Vía, Callao, Puerta del Sol, Plaza de Neptuno, Cibeles, Puerta de Alcalá y regreso por Alcalá a Gran Vía y Puerta del Sol, fue la caminata de una mañana soleada mientras escuchaba a mis hijos contarme sus pequeñas aventuras diarias en las que me veía reflejado a su edad, llenos de ilusiones y proyectos con toda una vida por delante y unas energías que yo, hoy puedo tener mermadas por el desgaste de los años, pero aún suficientes para seguirles el ritmo sin entorpecer sus caminatas de fin de semana.
He vuelto con la cabeza despejada, ilusionado por haber compartido horas tranquilas con mis hijos y mi mujer, que también necesitaba de estos descansos rompiendo la rutina del trabajo diario, cada vez más exigente, cada vez mas apresurado.
El sol de un extraño otoño, sin lluvias, sin fríos excesivos fue nuestro compañero durante estos días y esa temperatura que yo llamo, "norteña", en la que me encuentro como pez en el agua, fue la que me ayudó a caminar sin cansancio, sin excesivos dolores y disfrutar de una ciudad que aunque tomada por los agricultores manifestándose, siempre abarrotada de vehículos, sigue siendo acogedora y fácil de caminar. Si en algún post dije "siempre nos quedará París" hoy puedo decir "o Madri" que esta mas cerca.
Hoy mientras conducía camino del trabajo, puse la radio...he de confesar que ayer no vi, ni oí noticia alguna, pues el cansancio del día me pudo y me metí "en el sobre" antes de lo acostumbrado, pero a lo que íbamos... la radio daba la noticia de la liberación del pesquero apresado por los piratas somalíes, tras el pago de tantos millones que la cabeza me daba vueltas y me pregunté...¿No es delito pagar un rescate?, ¿Y ahora quien va a pagar esto?, ¿Fue el gobierno quien pago y cometió ese delito?,¿ quien va a sacar la patita de las meteduras de pata de los distintos ministerios que han negociado?, ¿En que lugar queda la judicatura que al final ha cedido a presiones?, ¿Quién va a pedir responsabilidades al armador, patrón o quien corresponda por estar faenando en un lugar que internacionalmente se consideraba peligroso?... y así podría seguir haciéndome pregunta tras pregunta, con la seguridad de que nadie va a dar respuesta a las mismas. Vivimos en un país en el que todo se esta haciendo improvisadamente, nadie planifica, estudia, prepara soluciones de futuro para un futuro que todos vemos incierto y que sorprendentemente me da la impresión de que a nadie importa. Todo el mundo habla de la crisis y los restaurantes siguen llenos los fines de semana, las agencias de viaje planifican puentes, vacaciones y solamente algunos (muy pocos) son lo suficientemente previsores para no gastar mas de lo debido.
Me da lo mismo que el gobierno sea de un color o de otro, de derechas o de izquierdas, progresista o conservador, pero no me da lo mismo que tenga que pagar (tengamos que pagar todos) meteduras de pata, errores de organización y programación dejándose en entredicho la independencia y libertad de cada uno de los tres poderes (Ejecutivo, legislativo y judicial) que deben componer y asegurar toda democracia.
Me alegro por los pescadores y sus familias, me alegro, por cada persona que sobreviva a tanto despropósito, nadie debería pasar por lo que han pasado y la vida debería estar por encima de discusiones políticas, judiciales o administrativas.
ENHORABUENA PESCADORES ...¡ Y luego dirán que el pescado es caro!
Hace unos días recibí un correo electrónico de un desconocido pidiéndome permiso para publicar en la Web Pueblos de España unos comentarios que hace tiempo hice sobre el pueblo de mi familia Asturiana. "Turón". Al parecer había entrado en mi blog y le había gustado lo que en su día publiqué y que hoy veo reflejado fielmente en la mencionada Web,gracias a este amable lector.
Uno no sabe nunca quien puede estar leyendo todo lo que colgamos en Internet, a veces, hay sorpresas en los comentarios que se hacen en nuestros blog y otras nos encontramos con gente a la que hacia mucho tiempo habíamos perdido la pista y vuelven a nuestra vida por mor de la autopista de la información en la que casi nada se oculta, pues es fácil conocer la procedencia de todo comentario a través de IP desde la que se hizo.
Me sorprendió en su día un comentario en un post sobre mi padre y la firma del mismo, era un compañero jubilado de mi progenitor que vertía loas a su trabajo y su manera de ver la vida. Me sorprendió un comentario de un desconocido en otro post, dándome casi por muerto ya que hablaba en pretérito y haciendo elogios sobre mi persona (Mi padre decía: "Dios nos libre de la época de las alabanzas", refiriéndose a que toda alabanza se hace en los funerales sobre el finado) y me sorprende cada día la cantidad de comentarios que se añaden al blog y a los blogs de amigos, la gran mayoría bajo seudónimos, alias, motes y sobrenombres que tratan de ocultar al posible interlocutor (es muy difícil mantener una conversación con alguien anónimo), cuando hablamos con alguien, sabemos cuales son sus gustos y preferencias, sus puntos débiles (aquellos que nunca hay que mencionar) y sus aficiones, ver en sus ojos la reacción a nuestras palabras y poder modificar a tiempo una frase o corregir una opinión para no herir a nadie,pero hablar con un desconocido siempre supone que hay que hacerlo de algo tan neutro como la meteorologia... (igual que en un ascensor, donde la conversación mas socorrida es el frío o el calor del día). Muchas veces el comentario, necesitaría de precisiones y una conversación posterior que no podemos mantener públicamente y menos aún con un desconocido oculto tras el antifaz informático, por eso muchas veces me quedo con el comentario y no hago puntualizaciones al mismo salvo que el antifaz, este ocultando a un amigo y conocido.
Lo entiendo... aunque me sorprenda...se que no es fácil hacer comentarios públicos jugándote quizá el puesto, el prestigio o una reprimenda de algún aludido. No es fácil expresar a las claras un sentimiento común, quizá sobre una persona o una entidad, pero que a la hora de la verdad nadie se atreve a manifestar públicamente. No es fácil... ¡no!... afear conductas en publico cuando cara a cara tampoco se hace, por eso entiendo el seudónimo, la careta, el antifaz, para manifestar aquello que en el fondo nos gustaría poder manifestar sin tapujos y es que somos así...nuestros miedos, nuestras limitaciones, nuestros temores nos obligan a escudarnos en disfraces que a veces son innecesarios, somos así y la vida es un carnaval donde todo se oculta tras la careta.
Muchas han sido las horas que uno ha pasado pegado al ordenador, bien por motivos profesionales o por diversión, pero no me había parado a pensar nunca en que estas horas han sido como estar asomado a una gran ventana desde la que fisgonear el mundo que nos rodea y aquel otro lejano, oculto y distante.
Mirón como el periodista de la "ventana indiscreta", ves pasar vidas, hechos, desgracias y alegrías de miles de gentes que no conoces y que quizás nunca llegues a conocer y las ves como algo normal cuando en realidad nada es normal.
No lo es que un político se deje "pringar" recalificando terrenos, que una gran dama presuma de zapatos carisimos cuando su pueblo muere de hambre, que un guerrillero a aproveche su posición y sus fuerzas para traficar con coca o que mueran 500 niños de inanición en un país africano.
Lo ves, lo lees, contemplas imágenes y textos y luego apagas el aparato y te olvidas de los que has visto y leído. ¿Nos hemos deshumanizado?, ¿Qué ha ocurrido para que ya casi nada nos llame la atención, nos remueva la conciencia o nos haga meditar unos instantes?
Nunca fue tanta ni tan directa la información, nunca tan inmediata y cercana, nunca tan cruda, real y dolorosa y sin embargo, se ve como quien ve una película, una ficción, algo que no es real.
Los Informativos se nutren de desgracias, malos tratos, peleas, apuñalamientos, robos, atentados, fraudes, accidentes. Pocas veces la noticia amable, ejemplarizante y alegre, salta a las pantallas de la TV y del ordenador. Nunca fue noticia que un perro mordiera a una persona y si que una persona muerda al perro. Ahora al parecer mordemos todos, programas de tertulias sin sentido se ceban en algún famoso, sacan sus trapos sucios, injurian, calumnian, insultan y se mofan de cualquiera que haya alcanzado un grado de popularidad suficiente como para resultar ser blanco en cualquiera de estos populacheros programas. De nuevo la ventana, esta abierta, todo se permite, todo se consiente con tal de conseguir audiencia.
Estoy por poner contraventanas, pero tendría que vivir a oscuras, por cerrar mi portátil, apagar la TV y aislarme de todo lo que me rodea, vivir en la ignorancia de un país en el que quien entra en política si no roba es por que no tiene facultades (¿Oportunidades?), en el que, el que no engaña, es por que ha sido engañado y donde ser famoso, conocido, artista, autor, creador, rompiendo la tónica general, abre las ventanas para que cualquiera pueda meterse en su vida, fisgonear y criticar sin mas limites que alguna querella que acabará archivándose o una multa ridícula en comparación al daño recibido.
Este gran hermano Orwelliano, que todo lo ve, todo lo vigila, todo lo critica, ha invadido nuestras vidas haciéndonos insensibles, inexorables, despiadados, inhumanos. A pesar de todo, dejaré mi ventana abierta, a pesar de todo, seguiré abriendo mi corazón en la esperanza de que alguien comparta conmigo este sentimiento y trate de hacer un mundo mejor.
Sencillamente fácil me ha sido mantener la autoestima alta y en ascenso cada día, a pesar de que hubo quien intentó destrozarla y no lo consiguió, a pesar de esfuerzos y maniobras nada claras ni justificadas y a pesar de gentes a las que en su día traté como personas y respondieron anteponiendo intereses egoístas, pancistas y aprovechados en momentos en que a río revuelto era segura la ganancia de pescadores.
Uno se ha ganado el aprecio de los que me conocen a base de esfuerzo, respeto y educación a todo aquel que se ha cruzado en mi camino, de ello pueden dar fe muchos compañeros y amigos, muchos clientes y mediadores, que en 28 años de profesión han tenido de mí la respuesta que esperaban o al menos el esfuerzo e interés por conseguirla...
Hoy, por una de esas casualidades de la vida he tenido conocimiento y acceso a una conversación, que suponían privada, entre un colaborador y un compañero.(Por un error en el uso de un telefono movil que grabó la conversación). Con orgullo he de decir que se me tenia en alta estima por ambos y reconocían mi labor diaria, llegando incluso a manifestar opiniones que de haber estado presente me hubieran sonrojado, entre estas había, una frase que quien me lo enseña (la grabación) subrayaron y él mismo me hace notar... "su esfuerzo es mayor que el de cualquiera dadas sus circunstancias".¡No estoy de acuerdo!, amigos míos, mi trabajo no requiere que corra físicamente, no es necesario que haga grandes caminatas, ni me supone un esfuerzo adicional viajar ya que conducir siempre fue una de mis aficiones favoritas.
Si algo pretendo enseñar a mis hijos es esto, que el trabajo diario y el esfuerzo, la constancia a veces no se pagan con dinero, que hay un segundo sueldo no monetario, que en ocasiones satisface casi tanto como el emolumento mensual y este es, el sentirse reconocido, si me apuráis hasta querido y admirado como en el caso de estos dos que os contaba y ¡Qué demonios!... que eleva la moral de uno haciéndote sentir bien curando heridas de guerra hechas a traición.
Se que nadie me va a devolver a situaciones anteriores, que con esos comentarios no me da para pagar la hipoteca, ni siquiera para tomar una caña, pero hoy ha vuelto a subir mi autoestima, aquella que pretendieron destruir y no consiguieron.
Moraleja: cuidado con los moviles, pueden ser unos "Chivatos"
Hace unos días me llegaba la triste noticia del fallecimiento de Francisco Ortiz-de Urbina, el cirujano en cuyas manos estuve en cinco ocasiones y al que siempre agradecí los esfuerzos por arreglar o mejorar aquello que la polio había estropeado.
Yo apenas tenia 5 años y en la siguiente década, fui "su conejillo de indias", con técnicas entonces novedosas que Francisco (Paco, como quería que todos le llamaran) adquiría exiliándose durante meses en Alemania de donde al regresar, siempre Fernando acababa en la mesa del quirófano.
Algo que quedó grabado en mi memoria, fue el cariño con que siempre me trató, los juegos y bromas con los que trataba de distraer mi atención ante el dolor y la esclavitud en que me encontraba sometido, postrado en la cama de un hospital, cuando lo lógico a mi edad era que yo estuviera jugando en la calle y correteando con el resto de mis amigos.
Alto, delgado, con la sonrisa iluminando siempre su cara y esas manos de dedos largos y delgados, hábiles en el uso del instrumental quirúrgico, siempre lo recordaré bajándome sobre una camilla desde la habitación 215 al quirófano (lo hizo personalmente), en aquel ascensor de paredes de madera, y verjas rodeando todo el hueco, me habían puesto una inyección antes, para adormecerme y que no viera el quirófano, ¡fue inúti!l, entré con los ojos abiertos y me me eteré como preparaban la anestesia, los respiradores, los comentarios de las enfermeras, la preocupación del anestesista que no acertaba con la venas de mi brazo derecho, pese a que eran bien visibles. Paco comentó "este crío no se duerme ni a la de tres" y eso fue lo ultimo que pude oír. Cuando desperté lo hice en la cama de la habitación, a mi lado, mi madre, y a los pies, la sonrisa de Paco comentando con mi padre lo bien que había resultado todo...¿Qué era todo? me pregunté, solo sentía un sueño profundo y entre sus brumas unas voces cada vez mas lejanas, volví a dormir.
Lo que nunca conté es que casi simultáneamente mientras yo era operado en el Hospital Maria Teresa, al día siguiente Paco operaba en el Hospital Provincial y gratuitamente a la hija de mi zapatero ( Julio García), de mi misma edad y con las mismas secuelas que la polio había dejado en mi. ¿Vidas paralelas?, ¡no!, ella se rindió en la tercera operación, no quiso seguir intentándolo y perdí su pista a los pocos años.
Paco fue mas que mi cirujano, se preocupó por conseguir duraluminio procedente de los Junker alemanes de la segunda guerra mundial, para que pudieran fabricarme un aparato ortopédico liviano, (duró solo unas horas pues no aguantó el trasteo de un crío inquieto), me puso el apodo de "el alemán" por mi pelo rubio y mis ojos azules y hoy pude recordarlo hablando con uno de sus hijos.
Paco, poco trabajo vas a tener donde estas ahora, dicen que en el Paraíso no existe dolor, ese dolor que siempre trataste de paliar y fue la motivación de tu vida.¡Que Dios te tenga en su gloria!...Paco...
Hay ocasiones, temporadas mas bien, en las que los cambios de tiempo me influyen no solo físicamente, si no, también mentalmente (Perogrullo habló...) a todos nos afecta el Otoño, el frió del invierno y el sol de la primavera, pero no se... quizá por que los años van haciendole a uno mas sensible a estos cambios, los voy notando con mayor crudeza.
Tras un espléndido verano lleno de sol y aire libre, este Otoño me sume en ciertas tristezas que trato de alejar y dolores que pretendo paliar, sin llegar a conseguirlo del todo.
Quizá por eso, me he sentido perezoso para ponerme a escribir y cuando lo he hecho, he borrado todo lo escrito pues no me reconocía en mis opiniones, ni las frases escritas reflejaban el verdadero sentimiento del momento.
Borre un pequeño articulo sobre los "cafres" que inundan nuestras ciudades las noches de botellón, borré párrafos dedicados a la desilusión y desconfianza sobre nuestros dirigentes, empeñados en demostrar que quien entra en política es con la intención de llenar sus bolsillos y no de servir a la colectividad. Borré un alegato sobre la justicia, esa misma que ahora parece tomar rumbos de modernidad dejando libres asesinos y violadores confesos, maltratadores y terroristas que por fallos en tramitaciones burocráticas quedan libres para seguir campando a sus anchas. Borré mil lamentos sobre un río Tormes sucio y abandonado, dejado de la mano de Dios por una disputa entre Junta y Diputación, entre Ayuntamiento y que se yo quien, sobre la competencia o no del que debería cuidar un entorno donde se crió Lázaro de Tormes y donde poetas y pensadores encontraron inspiración que hoy no tendrían.
Borré, quizá lo que no debería haber borrado y ahora me serviría para componer un cuadro de mi estado anímico en estos momentos. Me gustaría borrar esa tristeza y melancolía con que el otoño nos regala todos los años y recuperar esa vitalidad del verano. Pero el tiempo, sigue inexorable hacia el invierno, solo la costumbre, la practica, el empeño en seguir haciendo las cosas, me mantiene en pie aunque haya ocasiones en las que sienta unas ganas enormes de mandar todo a paseo.(Es influencia del Otoño, solamente eso...), seguiré soportando las madrugadas que cada vez van siendo mas oscuras, los atardeceres que tampoco tienen luz y soñaré con el sol de la primavera y las calidas aguas del verano, soñaré y mientras sueño la vida siguirá a mi alrededor fluyendo como un rio, el rio del otoño de mi vida.
Solo algunas veces, uno se siente desvalido, indefenso, sin fuerzas apenas para seguir adelante, pidiendo al mundo (por lo bajo y sin que nadie se entere) que tenga compasión, misericordia y me permita seguir como hasta ahora haciendo una vida... ¿normal?... (al menos para mi es normal lo que he vivido hasta ahora) pudiendo moverme con cierta soltura, sin grandes pretensiones (nunca pediré poder saltar,correr o montar en patines, que simpre fue mi trauma), pero si poder vivir sin esos dolores que de vez en cuando me asaltan y me dejan como el viernes pasado moviéndome con dificultad y tratando de disimularlo hasta que alguien en la oficina se da cuenta de que la cosa no esta bien y te manda a casa. Es entonces cuando a uno le sale aquello de... ¡Si me va a doler igual aquí que en casa y aquí estoy distraído!, pero la verdad, es que por dentro estas diciendo,¡Como coja la cama no me mueven ni con un hidráulico!.
Es en estas ocasiones cuando uno valora la comprensión, la tolerancia, el respeto a una situación, que uno no busca y que por suerte se produce de tarde en tarde, es también en estas ocasiones cuando uno se da cuenta de quien va a lo suyo y le importa tres pepinos como este, faltando a toda consideración y de quien con respeto y quizá (no se...) afecto, se preocupa por ti.
El egoísmo de algunas personas, las lleva a estar viendo que están frente a alguien que no puede con su alma, que además se le nota que esta haciendo un esfuerzo por atender, ser amable y guardar las formas tratando de resolver problemas que en la mayoría de los casos ni le importan y encima te machacan con un ¡Antes de que te vayas me haces esto... o lo otro... o lo de mas allá! Y añaden un ¡Espera un poco que aún no me has mirado esto o aquello...! Y añaden , ¡es que tengo prisa!...
Te entran unas ganas terribles, que contienes, de mandarles a hacer puñetas, de soltar alguna burrada, que se te queda entre los dientes, pero dejas nota mental en el libro negro de los indeseables, de ese dia y de esa persona que supo, o no quiso entender que no estabas bien, lo primero era lo suyo, lo que podia esperar a mañana y no quiso, y es que uno no aprende ni aprenderá nunca a negarse, a dejar para mañana lo que se puede hacer hoy y a poner por delante que hay ocasiones en las que una retirada no es una batalla perdida.
En fin Gracias a mis compañeros por ser como son, al resto..."que les den"...
Si hace unos días hablaba de aprender, hoy lo haré de olvidar y es que, hay cosas, situaciones, vivencias, personas y momentos que vale mas que pasen al olvido cuanto antes, por lo nefasto, infortunado o adverso de su paso por el camino que uno lleva y en el que los tropiezos, como a todo el mundo, suelen aparecer cuando menos esperas.
Quizá sea una de las cosas más difíciles de hacer en esta vida, olvidar, relegar el pasado, borrar de la memoria aquello que precisamente quedó grabado por doloroso, punzante, triste. Una de las maneras mas fáciles de lograrlo (aunque sea un contrasentido) es, no olvidar y cambiar la perspectiva del asunto buscando la parte positiva del mismo o la parte mas agraciada y graciosa de la situación, para ello hay que hacer uso del sentido del humor buscando la gracia de aquello que precisamente no la tiene, o al menos no la tiene para nosotros, pero que indudablemente puede tenerla para otros. ¿No os habéis fijado que el humorista se ceba en la desgracia ajena para provocar la sonrisa? ¿Por que no podemos hacer lo mismo nosotros con nuestras desgracias?
Olvidar es matar el pasado, enterrar una situación, un dolor, pero los recuerdos son los ladrillos de nuestra vida, quitar ladrillos a una casa es dejarla sin consistencia, a veces es mejor restaurarla, rehabilitarla, ponerle una cara nueva. Pintar cada ladrillo roído por el tiempo con un color alegre sin desecharlo y devolver el lustre a la casa de nuestra vida.
No olvidaré, ni lo bueno ni lo no tan bueno, adornaré cada momento vivido, que por irrepetible merece la pena conservar y no echaré en el olvido esos momentos que compartí con los míos, (mi familia), con mis amigos, con esos compañeros a los que a veces añoro y con los que pase horas de viaje, de reuniones, de comidas de trabajo, de convenciones ya pasadas pero nunca olvidadas. No olvidaré, no quiero olvidar...
Aprender...decia ayer... siempre me gustó aprender a pesar (lo confieso y espero que no lea mi hijo) de no haber sido un estudiante modelo, me interesé siempre por todo lo relacionado con la técnica, la física, la química y por supuesto la informática,terminando sin embargo, estudiando derecho como escape de unas matemáticas que nunca fueron mi fuerte. Devoré enciclopedias en las que las ilustraciones ya eran lo suficiente como para que comprendiera y aprendiera a simple vista sobre motores, maquinaria, aviación, navegación, ordenadores y periféricos, técnicas de pintura, costumbres de los animales y mil facetas del conocimiento, algunas de las cuales olvide con los años.
Me deleite y admiré a Leonardo Da Vinci, y siempre que tenia oportunidad, repasaba facsímiles de sus obras, que coleccionaba mi padre (de los cuales aún conservo alguno), saltándome la dedicada a la medicina y al cuerpo humano, pues confieso que sus dibujos, tan realistas, me daban un poco de "repeluz".
Copié y construí alguna maqueta siguiendo sus diseños, que terminó decorando mi habitación, hice algún que otro experimento que pudo haberme costado algún percance y en mi permanece la costumbre de leer sin prisas artículos de ciencia en revistas especializadas o releer la Enciclopedia Estudiantil, (tiene mas de 35 años y fue coleccionada fascículo a fascículo por mi padre) y hoy preside las estanterías de mi biblioteca.
¡Cuánto ha cambiado el saber humano!, Cientos de teorías han quedado trasnochadas y lo que en aquella obra parecía de ciencia ficción ha sido superado con creces, pero conserva el regusto de la imagen detallada, el dibujo ilustrativo pormenorizado y el entusiasmo de autores volcados en el conocimiento.
Siempre esta en mi mente la frase preferida de mi padre..." a la cama no te irás sin aprender algo mas"...y siguiendo esta enseñanza, día a día trato de mejorar aquello que me parece puede ser mejorado y aprendo...aprendo de las cosas nuevas y de errores pasados, aprendo observando mi entorno y trato de aprender (a veces no lo consigo) de los errores de otros y es que mientras aprendo, siento la vida, que estoy vivo y vivo aprendiendo.
Será que me hago mayor... será que la vida cambia las personas y las cosas... será que voy aprendiendo con los años... será...será... pero ultimamente me observo y observo mis reacciones ante determinadas cosas de la vida y estas no se parecen en nada a las que hubiera tenido años atrás.
Suelo encontrar el lado positivo, relativizo las cosas y pienso que podría haber sido peor si la cosa es mala, o que no hay bien que por mal no venga si la cosa es buena. No doy importancia a lo que no la tiene y valoro los pequeños detalles que antes me pasaban desapercibidos, ahora los cazo al vuelo, quizá con la ansiedad de que se produzcan. Muchos de mis temores e incertidumbres sobre la salud, quedan minimizados ante el paso del tiempo sin que la cosa empeore, como se me había pronosticado y asumo que todo ello debe durar lo que el tiempo quiera y las circunstancias me dejen.
Si esto es hacerse mayor, bienvenido sea, pero me temo que no es cuestión de edad, pues cada día veo que los mayores también han perdido la paciencia, que no valoran las cosas pequeñas, por pequeñas que son, que hasta incluso pierden la educación que luego exigen a los jóvenes y que ven el vaso medio vació cuando aún queda mucho por apurar en el mismo.
¿Qué es entonces lo que me ha ocurrido a mí? Mi impaciencia ya crónica para hacer las cosas, a veces atropelladamente, deprisa y corriendo sin pararme a pensar mucho, se ha tornado pausada, acompasada, flemática. Doy importancia a lo que la tiene y de paso me evito berrinches innecesarios y meteduras de pata, que antes eran frecuentes. Analizo y pongo en tela de juicio toda información que me llega y al final de todo ello acabo disfrutando de una tranquilidad que antes no tenia.
Dejé de lado el protocolo (ya apenas uso corbata), el móvil y horas fuera de horario pendiente de cuestiones laborales, pero me siento mas eficiente, resolutivo y satisfecho con mi labor, de lo que nunca antes me había sentido, mi memoria, se ha recuperado una vez liberada de no se que presión y ahora si recuerdo nombres y datos que antes se me quedaban en el tintero si no los anotaba.
Me he olvidado, de la etiqueta, que bajo mi nombre aparecía en las tarjetas de visita y ahora solo soy yo, mi nombre, mi propia existencia y la de aquellos que me rodean y lo merecen.
Quien crea que se trató de hacerme daño, puede que esté en lo cierto, pero no lo consiguieron, quien crea que se trató de ofenderme, puede que esté en lo cierto, pero no lo lograron.
No es la edad, no son los años, es que la vida me ha enseñado muchas cosas en muy poco tiempo
Permitirme por una vez que exprese mi opinión (agria, rompiendo la tónica habitual de este blog), sobre un colectivo (por supuesto, aclaro antes, siempre hay excepciones muy honrosas, pero también existe la figura que voy a describir). La del profesor de universidad incompetente y que se vanagloria de ello, no me estoy refiriendo, por supuesto, al Catedrático consolidado, reconocido, verdadero científico o erudito en su labor, si no a toda la "ralea" de acólitos presuntuosos que pululan por los pasillos de nuestra insigne Universidad "chupando rueda" del genial profesor o el ilustre catedrático.
La gran mayoría son profesionales que no fueron capaces de enfrentarse con el ejercicio de su profesión (abogados, médicos, economistas etc.) que ineptos para actuar ante un juzgado, un paciente, o en una empresa privada, se refugian en la Universidad, memorizando unas lecciones que luego se limitan a repetir todos los años ante sus alumnos, como si de una grabación se tratara, incluyendo el mismo chiste en el mismo sitio, durante el desarrollo de lo que se supone deberían ser lecciones magistrales.
¿Qué por que digo esto?, pues por que lo padecí y lo verifique cotejando apuntes de distintos años en los a que a pesar del paso del tiempo, el chiste y la opinión gratuita, siguen presentes en los apuntes de los alumnos actuales, en el mismo sitio y con la misma poca gracia. Incapaces de seguir el camino abierto por sus maestros en la investigación y desarrollo, han optado por la comodidad de repetir una y otra vez, como loros, lecciones bien aprendidas, en las que no han sabido o no han querido aportar nada nuevo. No aprendieron nada de D. Enrique Tierno Galvan, ni de Doña Gloria Begé Cantón, Ni de D. Enrique Gimbernat Ordeig, Ni de D. Alfredo Calonge ni de tantos otros doctos profesores que han pasado por nuestra universidad, engrandeciéndola con sus estudios profundos y su capacidad docente para transmitir una ciencia y un conocimiento adquirido con horas de esfuerzo, ese esfuerzo que hoy se limita en algunos a repetir y repetir lecciones y temas.
Tengo en mente varios nombres, varias personas, que presumen de docentes universitarios, incapaces de explicar con claridad el funcionamiento de una economía de mercado, las teorías de Momsen, o la diferencia entre un homicidio y un asesinato, un hurto o un robo, basando su dudoso prestigio en el número de alumnos suspendidos.
Lamentable, pero cierto, es lo que os estoy contando, hoy, tras haber estado escuchando a uno de estos falsos docentes, vanagloriándose del numero de suspensos en su asignatura, como baremo, escala, grado o nivel, medidor de su inexistente prestigio, me he sentido avergonzado (con vergüenza ajena). ¡Cuanto has cambiado universidad mía!, hasta los trepas inflados de auto bombo, han llegado a tus aulas, ¿que diría Fray Luis si levantara la cabeza?, huiría ahora con razón, del mundanal ruido que hacen vuestra vanaglorias,vacias
Una costumbre, quizá manía, que adquirí hace ya tiempo, es la de ir anotando en mi agenda electrónica hechos que sin aparente relevancia, pasan a engrosar día a día una larga lista de acontecimientos, onomásticas, santos, óbitos, y celebraciones varias, que desde hace un año son mayoría frente a los que venia siendo habitual de notas de trabajo y recordatorios laborales.
De vez en cuando y aprovechando la facilidad que te da la electrónica de hacer consultas, bien generales o acotadas, hago un repaso leyendo notas de hace un año o de unos meses y en ocasiones encuentro notas de cosas olvidadas, por desagradables, o de hechos a los que no di importancia y luego resultaron importantes.
Mi memoria, ya no es todo lo buena que debería de ser y al igual que para caminar necesito de un bastón, mi PDA es el bastón de la memoria, este me recuerda que hoy es el Santo de un amigo y que mañana tengo que llamar a un carpintero, que hace un año estábamos preparándonos para ir a Madrid y ver que plaza le daban a mi hija o que hace dos años ya, (el tiempo vuela a pesar de no tener alas), que se apuntaba la posibilidad de que dejara la Dirección de la Sucursal para ocupar otro cargo (mas relajado, decían y ahora me río del relajo).
Hace unos días hablando con un amigo, no recordábamos la fecha del fallecimiento del padre de otro amigo común, fue entonces cuando tomé mi agenda y puse la palabra FALLECIDO, para buscar la fecha, tras unos segundos de búsqueda, la maquina mostraba en su pantalla cuatro paginas de notas, todas ellas con fallecimientos de amigos, familiares y conocidos, sentí un sobresalto, un escalofrió me recorrió la espalda y en voz alta dije un ¡No puede ser!, mis notas como mucho se remontan a tres años atrás, ¿42 notas?,¡es posible!. Mi amigo exclamó. ¡Leches, nos quedamos solos!, Puse entonces la palabra BODA y luego NACIMIENTO...
¡Menos mal!, Esta vez la maquina dijo que había 14 bodas y 62 nacimientos, superando estos a la fatídica nota del principio, nos dejó un poco mas tranquilos, ¡El mundo no se acaba!
Diréis... ¡Vaya cosas que apuntas!, pues si y en ocasiones desahogo en notas ocultas algún berrinche que otro, que luego al leerlas dibujan un sonrisa en mi cara, pues el tiempo pacifica y relativiza todo. A veces, es mejor no tener memoria, a veces hay que olvidar y el tiempo ayuda en ello, a veces es mejor tener la memoria... en el bolsillo.
Siempre se nos ha presentado a Job, como el prototipo de hombre imperturbable, cargado de paciencia ante las adversidades y soportador profesional de todos los males que a uno le pudieran acaecer. Vamos, un " ye un cachazas" que diría mi buen amigo Casielles, y es que la paciencia, hoy podemos casi considerarla como un articulo de lujo, pues muy pocos la tienen y quien la tiene la oculta por aquello de ser tachado de "cachazas".
Uno que es de naturaleza impaciente, hace ejercicios de paciencia a diario, soportando con estoicismo colas de espera y observando como la impaciencia es general, todo el mundo tiene prisa, todo el mundo protesta, unas veces entre dientes otras descaradamente y las mas con un gesto de desesperación, lo hacen en la cola del banco, en la sala de espera del consultorio, en la cola de supermercado, en las zonas de espera de correos, en la oficina y en todos aquellos lugares en los que hay mas de dos personas pendientes de ser atendidas.
Pero cuando les toca a ellos el turno, nadie se acuerda del que viene detrás, alargan conversaciones con explicaciones inútiles a veces grotescas, sin pensar que hay gente esperando, solo son ellos y los demás no existen, o si existen ¡Que se fastidien que para eso he esperado yo!
Los hay que te plantan cara y te dan lecciones de cómo se debe dirigir una empresa. ¡A mí que me cuentan yo soy un madao!, otros, mas elevados, te dan una lección de política de empleo hablando de la cantidad de gente que hay en el paro y que podrían estar atendiéndoles, pero lo que ya exaspera es cuando estas en la cola del supermercado, empujando el correspondiente carro con la compra de la semana y oyes a tus espaldas, ¡Pues vaya carro!,¡Puff con lo que lleva! Y te dan ganas de volverte y preguntar ¿Lo va a pagar usted?, pero aguantas cargado de paciencia, por no parecer grosero ante quien lo esta siendo y de pronto, alguien te pregunta ¿me deja usted pasar delante, solo llevo un barra de pan?, es entonces cuando te pasa algo en la cabeza, la presión sube y te dan ganas de mandar a hacer gárgaras a la gente. ¡Oiga yo también tengo prisa!, ¿O cree usted que espero por que me gusta?, (lo piensas, pero por educación no lo dices) pones cara de pocos amigos y si niegas el paso, te conviertes en un chulo, prepotente, mal encarado y mal educado (lo que nunca fuiste y que de repente te han clavado por no dejar paso a alguien en una cola de supermercado). ¿A que también os ha pasado a vosotros?...
En fin, PACIENCIA, échale "cachaza", Fernando,que diría mi amigo Casielles.
Ayer en el País Javier Marías hablaba del AGRADECIMIENTO, advirtiendo del peligro de los regalos y poniendo el punto sobre la costumbre arraigada de hacer favores con la intención de cobrar los mismos. Hablaba de una costumbre entronizada, a la que calificaba de mafiosa. (No se puede negar luego nada a quien te hizo el favor y siempre quedas atado al mismo por un lazo invisible e interminable) Uno recuerda tiempos en los que era habitual la famosa "recomendación". Tan usada que hasta cuando uno moría, en la misa de funeral se hacia "la recomendación del alma". (Hasta para entrar en el Cielo hay que estar recomendado).
Siempre fui contrario al uso de esta práctica y habiendo tenido oportunidades de practicarla siempre me negué a ello por entender que al final acabas agradeciendo lo que no era necesario, pues nadie se movía en realidad para favorecerte y si algo salía bien era por meritos propios y no por que alguien hubiera echado una mano.
El agradecimiento sincero, es aquel que no tiene publicidad ni necesita manifestarse en regalos, pero la practica dice que no es así y se siguen viendo situaciones en las que un traje, un bolso, una joya hacen las veces de pago a un favor recibido, es entonces cuando el favor y agradecimiento, pierden su sentido dejando de serlo para ser una mera transacción económica en la que a veces se persiguen objetivos inconfesables.
Agradecer es de bien nacidos, según me enseñaron mis progenitores y hoy hay que hacerlo con sumo cuidado y delicadeza, evitando malas interpretaciones, ofender al benefactor y evitar suspicacias.
Uno agradece muchas cosas en esta vida, el poder levantarse todas las mañanas y sentir el sol o el frió de la madrugada, agradece tener un café caliente y la compañía de los seres queridos, que los dolores sean soportables y que el trabajo sea llevadero, que quienes comparten la jornada con uno lo hagan de buen talante, que al llegar la tarde y cuando el cansancio hace ya mella, uno pueda sentarse con la conciencia tranquila y el animo entero, para charlar un rato frente a un café, sin tener que entregar a cambio otra cosa que el cariño y afecto a quienes se lo ganaron durante la jornada.
Muchos fueron los cursos de Coatching a los que pude acudir durante mi vida profesional, en casi todos ellos, se trataba el tema de la motivación y como suele ocurrir en estos casos, la teoría, aunque elaborada, no suele coincidir con la práctica.
Mi desconfianza en la psicología, (nunca acertaron en todas las pruebas que he podido realizar tanto en mi época escolar como profesional), es ya una cuestión de discusión familiar con alguna cuñada que ejerce de psicólogo y con la que suelo no discutir sobre estos temas para evitar males mayores.
La motivación, suele ser algo tan personal, que uno puede motivarse por motivos tan dispares como el orgullo personal, el espíritu competitivo e incluso por la envidia, o por vete tu a saber por que motivo.
He visto que quien se siente motivado por el mero hecho de trabajar en un local céntrico, por tener un puesto de trabajo cerca de una ventana o por el hecho de que cerca de él o ella, hay un compañero del sexo opuesto que le atrae.
Son tantas las cosas que pueden motivar, que en ocasiones el sueldo, el trabajo estable, los horarios que concilian la vida familiar, la posibilidad de ascensos, que normalmente se justifican como causa de motivación, quedan relegados.
Personalmente, me motivan cosas extrañas, sentir que puedo hacer cosas nuevas, que lo que me propongo lo aprendo y lo hago, que trabajando no pierdo el humor y por vanidad presumir que soy capaz de superar trabajando, en rapidez y pulcritud a muchos de los que me rodean, maniático en el orden, detallista en la estética de las cosas y las presentaciones, en ocasione me he llevado el apelativo de, el pegatinas, por mi manía de etiquetar todo y ordenarlo en carpetas, perfeccionista, nunca estoy conforme con como quedan las cosas llevándome a rotular una y otra vez la misma carpeta o a colocar los archivadores de una u otra forma. ¿Pérdida de tiempo?, no, el orden siempre me ha servido para saber donde esta cada cosa ganado tiempo y lo que es mas importante, seguridad en la información que manejo. Me motiva que cuando alguien pregunta algo, sea capaz en segundos de tirar de la carpeta adecuada y mostrar la información solicitada, de teclear en mi ordenador y encontrar el archivo que busco o poder mostrar lo impecable de mi letra en unas notas a mano.
Motivaciones todas ellas pueriles, podría haber hablado de un sentimiento de superación ante mis dificultades físicas evidentes, de un ansia por medrar en altas instancias, por una expectativa de trepar a puestos mas altos, por una erótica de conseguir poder y mando, por un deseo de ser reconocido, admirado, querido, idolatrado, incluso por la consecución de mayores emolumentos (que nunca son de despreciar) Y sin embargo me motivan cosas sencillas, sin importancia para nadie y solo para mí, con lo que nuevamente vuelvo a poner en entredicho las teorías de mi cuñada y quizá de muchos doctos en Psicología.
Por eso, cuando uno trata de motivar, siempre tiene la duda de si el punto sensible que se toca, es el correcto, o si lo que estamos haciendo es empeorar la situación y deprimimos más a quien deberíamos haber animado,(duda que me asalta cada vez que trato de animar a mis hijos en sus estudios o en alguna faceta de su vida).
En fin, no es cuestión de Psicología, la intuición, entiendo es el mejor camino junto con la oportunidad, aunque no este de acuerdo querida cuñada.
Si ayer recordaba situaciones de mi niñez, en las que mi peregrinación por hospitales y quirófanos fueron el pan nuestro de cada día, hoy, por una de esas casualidades de la vida he tenido la oportunidad de charlar durante un largo rato con uno de esos médicos, (ya retirado) para los que fui, como me confirmaba, conejillo de indias, pues no tenían ni medios ni la suficiente información para combatir un mal que en aquella época era un azote y que gracias a Dios quedó prácticamente erradicado.
Hoy me confesaba que todo se hacia por intuición, tratando de paliar lo evidente y sin apenas medios.
Serrarme el fémur para enderezarlo y que el punto de apoyo variara para que la rodilla fuera hacia atrás sin necesidad de que interviniera la musculatura. Insertarme huesos de buey en la tibia para que se favoreciera el riego sanguíneo y la pierna creciera por encima de lo normal igualándose en longitud a la derecha, (no me crecieron cuernos de milagro). Estirar el tendón de Aquiles para que el pie no colgara y tuviera una posición correcta,(esta hubo que hacerla dos veces), reordenar los huesos del pie para que tuviera la funcionalidad adecuada, solo fueron parches que en alguno de los casos dieron buen resultado y en otros solo sirvieron para que estuviera ingresado y convaleciente durante casi un año.
Recordaba con asombro mi capacidad de recuperación y lo poco que me quejaba (llegó a decirme que en alguna de las ocasiones tenían morfina preparada para calmar mis posibles dolores y que no fue necesario nunca utilizarla) y bromeaba sobre como mi presencia en el Hospital Maria Teresa, era causa de que las enfermeras (monjas) estuvieran mas pendientes del pequeño Fernando que del resto de los pacientes, colmándome de dulces y juguetes y tratando de hacerme agradables los días que pasaba hospitalizado.
Con cierta sorna me recriminaba lo inquieto que había sido, caminando por todas partes con ayuda de unas muletas y escayolado, lo que había provocado que en mas de una ocasión la escayola se resquebrajara y como solución hubieran tenido que seguir poniendo mas escayola sobre la ya existente, lo que provocó no pocos esfuerzos en Samaniego, el enfermero ayudante de este médico, a la hora de quitar tanto yeso con la simple ayuda de una gran tijera, pues en aquel entonces no había sierras eléctricas como ahora.
Cuando le hable de mis últimos achaques y el diagnostico que ahora hace seis años me hicieron, noté como se torcía su gesto, quizá pensó que todos sus esfuerzos han sido inútiles, desvió la mirada y dijo: No pudimos hacer mucho, otros se quedaron en el camino y tu tuviste la suerte, por decir de alguna manera, de ser uno de los que se fue recuperando, muchos murieron en el pulmón artificial (otro invento para salir del paso) y a otros no se les pudo atender como se hizo contigo, eran otros tiempos, tiempos difíciles en los que estábamos en pañales y esto nos vino grande.
No, si no me quejo, respondí tratando de devolverle el animo, se que hicisteis mas de lo esperado, que no teníais medios como ahora en que me controlan cada cierto tiempo con unos equipos informatizados, haciéndome elctromiografias y demás perrerías, hoy me sorprendo al recordar aquellos quirófanos, espartanos, en comparación con los actuales, donde el único artilugio espectacular era aquella lámpara que eliminaba todas las sombras, no había electrocardiógrafos, ni equipos de resucitación, ni UVI, solo un médico, sus manos, pinzas, bisturís, escalpelos y la ayuda de algún o alguna enfermera que junto con el anestesista componíais un equipo capaz de casi todo.
En fin amigo mío, aquí estamos tú y yo hablando de la prehistoria, apuremos nuestra caña y dame tu número de móvil, no hay que dejar que pase tanto tiempo sin tener noticias tuyas.
Hoy en mi paseo habitual, había cambiado la ruta, no deseaba encontrarme con el gentío de las fiestas de Salamanca ocupando calles y plazas, necesitaba caminar en calles solitarias, sin empujones, sin voces ni charangas.
Al volver en una esquina, encontré de frente sobre un viejo edificio una placa que rezaba: "Hospital infantil Guillermo Arce". Aquel nombre trajo a mi recuerdo una niñez de peregrinaciones por consultas médicas, hospitales, quirófanos, salas de rehabilitación.Guillermo Arce, Santanderino afincado en aquella época en Salamanca, fue el primer medico que me diagnosticó la Polio, el primero de otros muchos que trataron de hacerme un mundo mejor, un mundo mas accesible.
Mi recuerdo se aviva frente a este edificio, ¡Cuantas horas de espera, de rehabilitaciones, de consultas!, apenas con dos años y aún siguen en mi recuerdo aquellas enormes salas de espera casi vacías (igualito que las urgencias y las consultas de hoy día), aquel extraño olor del éter y el cloroformo, que todo lo inundaba, aquellas máquinas rudimentarias para hacer ejercicios y aquellas monjas que siempre tenían un caramelo a mano para distraerme en las largas horas que pasé entre estos muros.
Hicieron todo lo humanamente posible, dentro de los conocimientos de la época (hablo de los años 50), corrientes, rayos ultravioleta, ejercicios de levantamientos de pesas (las pesas eran sacos de tela llenos de arena), baños en agua de mar con algas incluidas, que me traían en garrafas desde el Cantábrico, y por fin las operaciones, esas cinco operaciones que poco pudieron arreglar y que me tuvieron postrado en cama o escayolado mas de dos años.
Siempre hay una pregunta en mi cabeza. ¿Cuanto sufrieron mis padres? Y no hay respuesta, pues nunca los vi tristes, nunca los vi pesarosos, ni nunca escuche una queja, un lamento una palabra de tristeza, la sonrisa permanente de mi madre y la alegría de vivir que infundía mi padre estaban siempre presentes. Los largos viajes en tren a Madrid para conseguir un aparato ortopédico, (El Seat 600 no daba para mucho), el recuerdo del Hotel Niza en plena Gran Vía, (ya desparecido), las figuras de chocolate (mi preferida era la que tenia forma de pistola).Las escaleras mecánicas de Sepu o El Corte Ingles). Los primeros pasos con aquel andador (muy parecido al que hoy llevo), las visitas al Zoo en el Retiro y de nuevo Salamanca con los ejercicios, las corrientes y la vida rutinaria.
Miles de recuerdos, ha traído hoy este edifico a mi memoria, donde escondidos han permanecido hasta hoy. Necesitaría muchas horas para contar aquellos días ya tan lejanos, ya casi olvidados en los que otros lucharon por que yo pudiera caminar.Años 50, tan lejanos y hoy tan vivos en mi memoria.
Algo que pretendo enseñar a mis hijos, es que el respeto de los demás hacia uno, hay que ganárselo día a día, con el ejemplo en nuestro trabajo y en la vida diaria, que la generosidad, (muchas veces mal entendida), no hay que escatimarla, no debe ser algo excepcional que se administre con cuenta gotas y que nunca, nunca, hay que asustarse ante las dificultades y poner auto freno por miedo a ellas.
Que los demás no tengan respeto a nada, que la lucha por medrar sea moneda de uso corriente, que la zancadilla este a la orden del día y que todos parezcan lobos luchando contra lobos, no debe ser el ejemplo a seguir.
No hacer nada de lo que no quieres que hagan contigo, ponerte en el lugar del contrario, tratar de ver sus puntos de vista, aunque no se compartan, asumir a veces cargas que no te corresponden, pero que en conciencia debes asumir, puede llevarte a sentir la satisfacción personal de que has hecho lo correcto, lo que tenias que hacer en un momento dado, aun a sabiendas de que no será comprendido, reconocido o pagado.
Recibirás puñaladas de aquellos a quien mas favoreciste y sentirás el desprecio de aquellos a los que ayudaste, pero nadie podrá quitarte la recompensa intima de haber escuchado a tu conciencia, de no haber dañado a nadie y haber tratado de hacer un mundo mejor.
No hace mucho, un amigo, profesor de Instituto, me decía, "Si supiéramos en manos de quien dejamos la enseñanza de nuestros hijos muchas veces, no los enviáramos al colegio". ¡Hombre, no creo que sea para tanto!, para eso estamos nosotros, los padres, para enseñar con nuestro ejemplo, con nuestro comportamiento diario, sin grandes lecciones magistrales, con nuestra actitud diaria ante la vida, puedo asegurar que a mi me ha dado resultado, solo tengo que ver el comportamiento de mis hijos y sentir orgullo por ellos. Lo aprendí de mis padres y creo que ellos harán lo mismo con sus hijos. Si ayer hablaba de educación, hoy hablo de respeto, ese respeto que muchas veces echamos de menos en nuestros interlocutores, que quizá tratando de demostrar que son superiores a uno, lo único que hacen es demostrar con su actitud que siempre estarán por debajo de uno.
Algún día quizá, en algún momento, cuente lo que hasta ahora he callado, por respeto a quien no lo tuvo conmigo, quizá siga en silencio, por aquello de que no merece la pena dar importancia a quien no la tiene y seguir viviendo la vida sin rencores ni espinas clavadas, ganándome el respeto de quienes me rodean sin necesidad de herir a nadie, sin necesidad de demostrar a nadie nada y solo por la satisfacción de hacer lo que hay que hacer en cada momento. Respeté a mis superiores e inferiores, respeté a quien merecía ser respetado y a quien no me respetó y por respeto callo incluso lo que me hirió.
Uno que ya debía de haber superado muchas cosas, aunque solo fuera por la edad y la experiencia de la vida, sigue sobresaltándose y sintiendo una punzada en el estomago, cada vez que recibe una noticia que pueda afectar a un hijo.
Hoy mi hija esta camino de Estambul y las noticias que llegan no son precisamente tranquilizadoras, el teléfono, ese cordón umbilical que nos une desde hace meses, no funciona en alta mar, las conexiones se cortan y solo puedo intuir que esta bien, un mensaje rompe el silencio de la mañana, esos dos pitidos me indican que hay noticias que leo ávidamente, está bien, pero no sabia nada de la riada en Estambul, nadie les ha informado en el barco. Un nuevo intento y al final me coge el teléfono, hablamos, me tranquiliza, (o al menos lo intenta) diciéndome que esta bien y todo bajo control.
El mundo se les ha quedado pequeño, hace dos meses, estaba recorriendo Croacia, hoy navega entre las islas griegas, mañana quizá la luna.
Y mientras tanto, aquí hay un padre preocupado, quizá por que ese mundo que a ellos se les ha quedado chico, y a mí me parece una enormidad.
Ha salido viajera, Bruselas, Paris, Londres, Irlanda, Mostar, Venecia, Berlín, Praga, Viena, Budapest, Atenas, Rodas y ahora una Turquía bajo las aguas. (cada vez mas lejos de casa, que será lo proximo ¿India, Nepal?, no le daré muchas ideas) . Envidio su capacidad de trabajo y esa avidez por conocer el mundo en que vive, ese mundo revuelto y lleno de historia. Hoy bromeaba con ella... ¿para que has ido a Atenas, si todo esta lleno de escombros y ruinas?... Y luego caía en la cuenta de que las ruinas y los escombros, están realmente en Estambul, donde la naturaleza se ha vuelto a revelar inundando una ciudad llena de historia. En fin, que no se si llegaré a acostumbrarme, de momento hay que hacer de tripas corazón y desearles que sean felices allá en cualquier punto del globo en que se encuentren.
Leyendo la prensa del día, me encuentro con un artículo y una afirmación rotunda sobre la educación en nuestro país.
España es una de las naciones "peor educadas", ¿por que no me sorprende esta afirmación?, ya en algún post hable de la falta de educación y respeto con que nos encontramos a diario en nuestro trabajo. Todo el mundo exige (y exigir esta bien), pero se hace groseramente, con falta de respeto y educación, avasallando al prójimo y demostrando en la mayoría de las ocasiones una incultura que se disfraza de sapiencia prepotente frente a nuestro interlocutor.
Todo el mundo sabe de todo (o al menos presume de ello), todo el mundo es experto en todo y se permite dar opiniones sobre cualquier cosa, desde la Gripe A, a la política económica, pasando por alineaciones del equipo nacional o criticas a obras de teatro que nunca se han leído o visto, pero de las que se tiene conocimiento por la televisión. Se critica al gobierno, al seleccionador, al autor y al actor y se hace sin respeto ni educación alguna.
Las revueltas callejeras tras un botellón y el botellón mismo son el resultado de una educación defectuosa que no se ha podido corregir con cambios en planes de estudio, métodos de enseñanza avanzados y experimentos como la asignatura de educación para la ciudadanía.
Uno echa de menos el respeto a los mayores (Quizá por que uno ya va sintiéndose mayor), la cortesía hacia las mujeres (sin menospreciarlas por ello o sin llegar a ser tachado de machista por ceder el paso, el asiento o la parte interior de una acera cuando se camina al lado de una mujer) y el trato afable y cordial que han desaparecido por mor de un cabreo general y generalizado, que nos hace ir siempre con la escopeta cargada, el ceño fruncido y buscando motivos de gresca ante el menor gesto o la menor palabra, demostrando con ello, que esos estudiosos con sus estadísticas tienen razón, somos un país de maleducados y yo añadiría de groseros, irrespetuosos, incultos que nos hemos cargado, o nos estamos cargando la fama de ser un país acogedor donde se puede vivir bien, con seguridad, con la alegría de ver salir el sol cada día y poder disfrutar de una libertad que hoy nos limitan los botellones, los navajeros, los desocupados (entiendase, parados) que necesitan buscarse la vida como sea.
Nunca tiempo pasados fueron mejores, pero en tiempos pasados, uno sentía el respeto y respetaba, uno sentía la educación y la transmitía a los hijos, ¿seguiremos perdiendo el camino del respeto y la educación?, ¿seguiré encontrándome con el animalito que no respeta los pasos de cebra?, ¿con la señora que siempre pretende colarse en la cola del supermercado?, ¿con el listo que siempre cree saber mas que los demás y pretende imponer su opinión a base de gritos?,¿con la puerta del garaje pintada con spray?,¿con el contenedor de basura ardiendo día si día no?,¿con las serenatas machaconas del coche negro que pasa a las 3 de la madrugada, retumbando "bacalo"?,¿con la plaza reservada a minusvalidos ocupada por una camioneta de reparto?.
Dicen que si uno mira atrás, cuando se encuentra mal, siempre verá a otro que esta aún peor o en peor situación.
Es cierto... no sirve de mucho consuelo que otro lo pase peor, pero es cierto... en esta vida, cuando creemos ser los mas desgraciados, los que peor lo estamos pasando o a los que la injusticia ha alcanzado en algún momento, es cuando observamos que siempre hay situaciones injustas, dolorosas y graves en gente que nos rodea.
Ayer fue uno de esos días, ayer vía a Miguel, la mirada perdida, inconsciente de lo que le rodeaba, ¿O no?, postrado en su silla de ruedas por culpa de un derrame cerebral, atendido con cariño por una esposa entregada que no ha perdido la sonrisa. Él, que fuera un científico y catedrático de Universidad, de renombre y categoría reconocida, autor de cientos de estudios sobre temas neuromusculares, investigador incansable, hoy vegeta sobre dos ruedas incapaz de articular palabra, incapaz de de mostrarnos si siente o padece, si se alegra viendo a sus dos pequeños trastear a su lado.
¡No es justo!, pensé, aún podría con su edad haber conseguido grandes avances sobre la enfermedad que hoy le mantiene atado a una silla. Esta vida es pura ironía, quien podría tener en sus manos la solución a un problema, es el propio problema el que le impide llegar a encontrarla.
La misma ironía que la vida deparó hace ya años, al Fiscal Jefe de la Audiencia, Sr. Almendral, que tas sufrir un infarto, trabajando, se utilizó el furgón celular donde la llevaban los presos, para trasladarlo al Hospital, falleciendo durante el traslado.
Ironía, pura ironía, con la que la vida parece estarnos diciendo que no somos nada, que nuestras preocupaciones que creemos inmensas, insuperables, injustas, no dejan de ser una gota en un océano, el océano de la vida, en la que millones de seres humanos se miran al ombligo pensando que es el centro del universo. Ironía, pura ironía.
¡Que miedo me dais!, dejar en vuestras manos el patrimonio de miles de personas, la gestión de una economía nacional que padece una gripe y la gestión de una pandemia de gripe que en otros países parece tener un plan de ataque, al menos a escala mayor que la planificada en este país. ¡Que miedo me dais! Se envían circulares internas con instrucciones la mayoría de las veces contradictorias o incongruentes,(He podico leer alguna de ellas), se ataca el patrimonio de las clases medias que sustentan la economía de mercado y se ataca la pandemia con instrucciones a los Centros de salud y los médicos sin siquiera darles a estos y a los ATS una protección frente al mal, ese mal con el que a diario tienen que bregar y siguiendo instrucciones... "En directo"... es decir, acudiendo al domicilio del paciente. ¿Y la vacuna para cuando? Y la vacuna ¿para quien? Mucha publicidad de que se están fabricando en cantidades ingentes, pero si echamos cálculos, sumamos dos mas dos (estos no saben hacerlo, su resultado es siempre cinco y se llevan una) resultan insuficientes.
Uno que pertenece al grupo de alto riesgo de enfermedades neuromusculares graves, se echa a temblar cuando escucha que solo se va a vacunar al 30% de la población, que las medidas de prevención, que me parece muy bien, se van a publicar por todos los medios, pero ¿Quien va a controlar que se cumplan?, que la gente se lave las manos, que no te estornuden encima, que algún cariñoso/ cariñosa no suelte algún beso envenenado. ¿Habrá policía anti-besos?, o todo va quedar en lo mismo que la lucha contra los sufridos fumadores, mucho bombo y platillo, para luego que cada cual haga de su capa un sayo.
Propongo una policía anti besos, anti guarros que no se lavan las manos, anti incívicos estornudadores, que las vacunas lleguen a todos, que para eso pagamos Inseguridad Social (Perdón, en que estaría yo pensando) Seguridad Social, De esta manera darían trabajo a miles de parados que hoy inundan las oficinas del paro y de paso con las multas se evitaría tener que subir impuestos. La solución es bien fácil, no haría falta hacer oposiciones para vigilar la gripe, solo un curso de detección y prevención de cariñosos públicos, de manos sucias y de estornudos no contenidos, el diploma podía decir: Ha superado el curso anti gripe quedando diplomado como inquisidor de besos, manos y estornudos. ¡Somos C...! (rimar vosotros, Atttttttttchiiiiiiiis, malditos cambios de tiempo), y encima nos meten la mano en el bolsillo de los españolitos, que como los tenemos rotos, nos van atocar los C... luego dicen que es "limitada" y "temporal" esta medida de la subida de impuestos ¡Claro!..."limitada" a quienes cobramos por nómina y "temporal" hasta que nos toque ir al paro... En fin, ¡Vaya Otoño que nos espera!...
Sin Declararme anti-taurino, admirando el valor y arte que supone ponerse delante de un toro dándole capotazos y verónicas, jugando con el animal, en el ruedo y terminar en un enfrentamiento noble entre bruto y maestro con la muerte del primero y en algunos casos ,por desgracia, con la el seguno, lo que no entiendo, son las fiestas del Toro de la Vega, Los encierros de San Fermines y San Sebastián de los Reyes, los Espantos de Ledesma, el toro embolao y tantos festejos, en los que la gente se juega la vida, no por profesión y con la preparación debida, cargados de alcohol o en el mejor de los casos de simple cansancio tras unos festejos.
Es como si todo el mundo se pusiera a hacer carreras tipo formula 1 sin la preparación de un Fernando Alonso o un Marck Jené, por libre en zonas publicas y con unas copas de más.
Uno puede entender y admirar, la profesionalidad del torero, del piloto de carreras y hasta del trapecista de circo que se juegan la vida como profesión, pero con años de preparación y sentido común, con el apoyo de otros profesionales que saben lo que hacen y minimizan el riesgo que siempre esta presente.
Lo que no puedo imaginar,ni entender, es a ningún Ayuntamiento o entidad pública promoviendo carreras de turismos entre sus ciudadanos en sus propias calles o retos entre paisanos para cruzar una calle colgados de unos cables tendidos entre edificios.
Se que la tradición manda, que las costumbres deben respetarse. ¿O no?, también la ablación es una costumbre en determinados pueblos, también el burka, también la lapidación por que una mujer tome una cerveza en publico en algún país lejano.
Argumentar que son costumbres antiguas no debería justificar ninguna muerte, la vida tiene más valor que la costumbre, el uso o la tradición. Aducir que quien allí va lo hace voluntariamente, tampoco me sirve, pues voluntariamente el kamikaze circula en dirección contraria y nadie se lo permite.
No entro en si se maltrata o no a un animal, mayor maltrato reciben los ciudadanos de algún país totalitario, los emigrantes e incluso muchos ciudadanos de este país que se permite y permite jugar con la muerte en tiempos de fiesta.
En fin, no lo entiendo pero la vida es así contradicción pura.
Volver al lugar de trabajo, en una ciudad casi desierta por las vacaciones de otros, intentar recuperar el ritmo anterior y tratar de conciliar el sueño con temperaturas de 35 grados, nuevamente la rutina atenuada por una jornada solo de mañana y unas tardes de piscina y sol que prolongan la sensación de vacaciones. Nuevamente Salamanca, esta calurosa y asfixiante Salamanca en la que no hay brisa marina para amortiguar los rigores solares de este Agosto desconocido. ¿El calentamiento global? Quien sabe, pero lo cierto es que hacia ya muchos años que estos calores no pasaban de finales de Julio y me traen el recuerdo de aquellos de mi niñez en los que mi madre nos prohibía salir a la calle a jugar antes de las 6 de la tarde, obligándonos a hacer siesta en el hall de casa, único lugar fresco de la vivienda, donde sobre unas alfombras estratégicamente colocadas en el suelo podíamos soportar aquellos calores.
Hace unos días me quejaba del asfixiante calor de Valencia, donde la humedad ambiental pegaba la ropa al cuerpo, hoy el calor seco de esta Castilla casi esteparia invita a estar todo el día metido en el agua y es que este verano esta siendo caluroso de verdad, quizá lo echemos de menos en los meses de invierno, quizá añoremos esta luz, el caso es no estar nunca satisfecho con el tiempo que hace ni con nada, así somos.
No pude subir al castillo, los años me pesan demasiado y ya no tengo la fuerza de hace años cuando recorrí las calles de esta ciudad amurallada. Peñiscola sigue siendo la misma, monte incrustado en mar, rodeado de murallas y almenas presididas por el castillo y la iglesia, donde aún pervive la historia de un Papa rebelde y autoexiliado. Las callejas empedradas con cantos rodados, gastados por el paso de los viandantes y el tiempo, eran una pista resbaladiza y en pendiente que no pude superar esta vez. Lo intenté pero me fallaban las rodillas y ante el miedo a caer por aquella empinada cuesta opté por quedarme en la parte baja de la muralla observando un mar tranquilo y una playa bulliciosa, respirando la brisa marina y agotando las ultimas horas antes de regresar a Valencia. Fue un paseo corto en el que la mirada trataba de fijar imágenes y conservarlas en la mente para un invierno largo en tierras de castilla, donde el mar es una utopía, el recuerdo conservado y la añoranza de días felices
La mirada, perdida en el horizonte que hermana mar y cielo, mientras una variopinta fauna de veraneantes pasea a la orilla de la playa, poblada de multicolores sombrillas y niños jugando en la arena. El murmullo adormecedor de las olas y el calor hacen que uno se sienta pesado y torpe, sin ganas de moverse, sin ganas de pensar, pero he tomado mi bloc de notas y escribo un pequeño recordatorio con palabras sueltas, calor, luz, murmullo, el mar.
Dejo el bloc y cierro los ojos dejando volar mi imaginación a tierras lejanas, paraísos tropicales donde este mismo calor rompe la actividad de las gentes haciéndolas calmadas, lentas, quizá indolentes, pero llenas de alegría vital por esa luz y ese sol que todo lo inunda.
Por un momento olvidé que el mar era el Mediterráneo y me sentí trasportado a ese mar canario de la Playa de las Canteras o la Playa de las Burras en el Sur de Gan Canaria. El calor era el mismo, pero no la luz, el Mediterráneo brilla con luz propia, con luz amiga haciendo guiños entre sus olas, jugando agua y sol, brisa y paz, esa paz interior que uno va logrando con los años, minimizando y relativizando las cosas, una sonrisa se dibujó en mis labios al recordar que aún me quedan días para disfrutar de esa paz, en compañía de mi mujer y mi hija (recordando siempre a Fernando que se quedó en Salamanca) y los días pasados en que asumiendo una avalancha de trabajo, creía que nunca tendrían fin.
Sol, agua, luz, me están devolviendo las fuerzas perdidas y siento una nueva energía fluir en mis brazos, mis piernas, mientas me hago el propósito de seguir durante el invierno acudiendo a la piscina para no perder esta nueva energía. ¡No todo esta perdido!, puedo recuperar algo aunque solo sea la ilusión de que algo se recupera.
Perezoso, es cierto, he estado perezoso para coger el portátil y ponerme a la tarea de escribir algo para este blog, pero no tanto como para no haber tomado alguna nota a vuela pluma para luego plasmar mis impresiones con más tranquilidad.
Quizá la saturación de ordenador de los últimos días antes de las vacaciones hizo que tratara de olvidar el teclado y volví al bolígrafo y el bloc de notas que siempre me acompaña, allí anote casi taquigráficamente alguna impresión que hoy con mas calma termino de rematar, con la perspectiva de la distancia en el tiempo y el regusto de unas vacaciones que aunque ya terminadas, siguen en el recuerdo de horas felices en compañía de mi familia, disfrutando del sol y haciendo ese ejercicio que tanta falta me hace y que durante el invierno abandono por culpa de la rutina diaria y la pereza de ir a nadar cuando ya el sol se ha puesto y solo apetece sentarse frente a un café y charlar un rato.
Hoy retomo una primera nota que tome paseando por Peñiscola y que anoté como...
Los nuevos piratas
Una manta como navío, en el que el botín depositado eran copias de bolsos de Prada, Carolina Herrera, relojes de Cartier y Rolex, la mirada oteando el horizonte, por si la autorizad aparece y el regateo como arma, uno tras otro aquellos hijos de África, venidos al continente, quizá en patera, quizá ocultos en algún camión, ofertaban sus mercancías sobre aquella acera al lado del mar. Piratas modernos que poco daño hacen, salvo a las grandes marcas y a nadie engañan con su mercancía y si pueden, si en el precio.
He de confesar que yo fui uno de los que cayó en sus redes, un reloj y un bolso, copias de marcas conocidas y buenas imitaciones, el precio fue la batalla librada y siempre queda la duda de si se ganó o se perdió en el regateo, pero a fin de cuentas que importa.
Estos piratas no matan, no secuestran, no dañan a la gente y producen la ilusión de tener al alcance productos de marcas famosas y caras. No pretendo hacer apología de ellos, tampoco sentirme culpable por haberles comprado algo, solo dejar constancia de su existencia, quizá mísera, quizá explotada por manos ocultas que se aprovechan de su necesidad de subsistir en este mundo en que la economía va como va y el reparto de los bienes nunca llegará a ser equitativo. Piratas descafeinados, piratas de la ilusión, que un día vi. Junto al Mediterráneo
Por unos instantes dude en aceptar aquella proposición de mi sobrino, ¿dar un paseo en bicicleta?, hacia ya tanto tiempo que temí haber olvidado el ritmo de pedaleo y el equilibrio, pero pensé ¡Que demonios! Me pasé mi niñez montado en una, que fue mi medio de movilidad para ir al colegio, ¡Como no voy a poder ahora! Con recelo, he de confesarlo, subí al sillín, con recelo puse el pie izquierdo en el pedal y con recelo di mi primera pedalada, aquello se movía, y sin dificultad comencé a sentir la ligereza de un moverme sin demasiado esfuerzo, al principio, saboreando el aire del campo y la libertad que aquel artilugio me daba para ir mas rápido y mas lejos.
Recordé mi niñez, en la que una bicicleta Orbea, roja me acompañaba a todas partes, dos muletas colgadas en la barra y una mochila a la espalada, eran mi bagaje diario para acudir a las clases y en las horas libres, mi inseparable compañera de juegos, la manejaba con soltura, con fuerza entonces, sintiéndome el rey del mundo por mi habilidad sobre las dos ruedas.
Hoy, torpe y dubitativo, apenas hice unos cientos de metros, pero me sentí libre y ligero, quizá falto de fuerzas, por ese tabaco que soy incapaz de dejar y unos años que pesan más de lo que uno quisiera. Por un momento me sentí niño otra vez y traté de echar una carrera a mi sobrino, por supuesto ganó el pero volví, como cada instante de mi vida, a retarme a mi mismo y como siempre, gané a lo que mi cabeza me decía. ¡Puedo y lo hago! y este retarme constante me hace sentir bien, recuperar ánimos para seguir pedaleando en la bicicleta de la vida donde cada instante es un reto que tengo que superar.
Como todos los días, inicié mi rutinaria caminata de una hora, obligando a mis músculos a ejercitarse, a no olvidar su función y no perder la poca fuerza que ya conservan.
Hoy en mi cabeza había una preocupación especial subrayada por un extraño dolor de espalda y piernas, algo no estaba funcionando bien y por eso mis pasos eran cautelosos, pues tengo comprobado que los días en que ese cansancio extraño e incomprensible, hace aparición, mis caídas suelen ser frecuentes.
Quizá he forzado la maquina en estos días pasados, los nervios por querer hacer y sacar todo adelante, puede que hoy me estén pasando factura, espero que no,(ya pasó todo) pues las vacaciones están ya a la vuelta de la esquina y mi mayor ilusión es poder disfrutarlas con mi familia sin ser un lastre en sus diversiones.
Este año me espera el Mediterráneo, hace ya 16 años que no paso por Peñíscola y espero poder subir nuevamente al castillo del Papa Luna, por las tortuosas e inclinadas callejas de sabor marinero y medieval, cruzar el arco de entrada desde el puerto y bordeando las murallas ascender hacia la plaza de la iglesia, para terminar sentado en una de sus terrazas tomando un cerveza, mientras recuerdo como la ultima vez que llegué a aquel lugar fue con mucha dificultad, pues entonces no tenia aparato ortopédico para caminar erguido y solo un bastón de apoyo en mi mano derecha, mientras con mi mano izquierda sujetaba la rodilla para que esta no se doblara.¿Como he podido durante tantos años caminar de esa forma?.
Mis hijos eran entonces unos renacuajos, Fernando, siempre revoltoso, corría tras las palomas de la plaza y mi hija, ejercitaba su deporte favorito, subir y bajar escaleras en la entrada de la basílica, 16 años han pasado y puede (seguramente) nada será igual, pero el mar me espera, la luz del Mediterráneo y desde luego un descanso que el cuerpo ya me esta pidiendo a gritos.
Volveré a recuperar fuerzas y quizá a leer esos libros que tengo pendientes, quizá también a escribir con mas reposo y terminar ese articulo que prometí a mi amigo German, para su revista y pasear con mi mujer a la orilla del agua planificando con ilusión reformas de la casa o escapadas de fin de semana, para el largo invierno que nos espera.
¡Allá voy Mediterráneo! ¡Allá voy!
Me había prometido no hablar mas de mi trabajo, me había hecho el propósito de nunca quejarme del trato de algunas personas, ni afear situaciones en las que uno, quizá por sensibilidad personal, llegaron a herirme sin que yo exteriorizara queja alguna.
Hoy la espina clavada a traición ha sido arrancada de cuajo, alguien a quien estimo por su saber hacer, me ha mandado cerrar la puerta de un despacho y tras pedirme disculpas por la situación de estos días pasados me ha dado las gracias. No tenía por que darlas tampoco lo necesitaba, pero ha sido un bálsamo en una herida abierta que me ha devuelto la confianza en las personas.
Si algún esfuerzo hice en estos días, no fue por la empresa, no fue buscando el reconocimiento que hoy se me ha dado ni por ganar puestos, lisonjas ni felicitaciones, mi afán de superarme cada día, de sentir que lo que hago lo hago por satisfacción propia y que al terminar el día pueda retirarme tranquilo, ha sido mas fuerte que cualquier otra cosa.
Alguien me dijo esta mañana…”Con tu actitud has demostrado lo que vales y mas de uno tendrá que envainarse comentarios”… ¿Hubo comentarios tras mi salida de la dirección de la sucursal?...ni presté atención, ni me importa y solo debo justificarme ante mi conciencia que siempre ha estado tranquila. No debo nada a nadie ni nadie me debe nada a mi, solo quiero que quien me trate y con quien trate lo haga con el mismo respeto que yo trato a las personas (a veces por desgracia uno lo practica y el interlocutor te trata con tal desprecio que te entran ganas de mandarle a hacer puñetas). Hoy el león ya yo tiene espina clavada y siento una gran paz interior que compensa el cansancio acumulado durante estos últimos 15 días. Gracias Javier, has hecho mucho mas de lo que yo esperaba (la verdad es que no esperaba nada), Ahora si me voy a ir de vacaciones tranquilo…Muy tranquilo.
Jugando en plan Sakespiriano al ser o no ser, hoy si vuelvo a ser soy yo, con el humor de siempre con la mirada hoy clara no enturbiada por la grosería, la falta de educación y los malos modales de algún visitante inoportuno. Otro día mas y ya van seis que en mi soledad laboral, recupero el buen tono y la satisfacción de haber servido de algo, de haber cooperado a no se que objetivo, pues ya no tengo mas objetivo que el de sacar mi trabajo diario adelante y dejar cumplido un deber conmigo mismo, de terminar todo lo empezado y si es posible satisfechos a los mediadores y clientes con los que hoy he tenido que bregar.
Otro día mas en un camino que no se a donde lleva, pero que como todo camino tiene un destino, un final igual que tuvo un principio.
Ciertamente las cosas han cambiado en los últimos tiempos, hay nuevos modos que me van gustando, nuevas formas en las que reconozco una manera de ser muy "Astur", muy del carácter que siempre eche de menos en esta árida castilla, donde la sequedad de la tierra contagia a las personas volviéndolas, áridas y estériles como los yermos campos incapaces de ser sembrados con provecho.
He sentido apoyo moral en mi camino, dos llamadas, cortas pero suficientes, unas órdenes oportunas, (que imagino, pues no me consta fehacientemente), han cambiado algo en mi labor de ermitaño diaria y me han dado nuevas fuerzas.
Hoy vuelvo a ser yo, sin la acidez de un ayer en el que me llegué a sentir explotado, incomprendido, abandonado, olvidado en un rincón como se olvida al trasto viejo e inútil que solo ocupa un espacio y al que no se tiene en cuenta para nada, ni para decorar la estancia.
He sonreído cuando alguien esta mañana me decía… "nunca he visto una actividad tan frenética como la tuya y el aguante que tienes"…si supiera que la actividad era para terminar pronto y para que se marchara, no habría dicho tal cosa, estaba deseando perderle de vista para poder fumarme ese cigarrillo clandestino que me supo a gloria, y es que no tengo remedio, necesito como las locomotoras antiguas echar humo para seguir adelante.
Si, quizá la luna negra de Julio este afectándome, quizá los acontecimientos de los últimos dos meses o un deseo irrefrenable de descansar y olvidarme de todo.
Hoy he sentido un cansancio agotador que en algún momento me ha tentado con tirar la toalla, con gritar y decir cuatro verdades que muchos esperan suelte en cualquier momento, pero no, aún no es tiempo y tiempo habrá para dejar en su sitio las cosas y a cada uno.
Hoy solo tengo fuerzas para teclear sobre este portátil unas líneas casi sin sentido con la intención de dejar claro que sigo vivo y vivo mantengo mi deseo de seguir siendo útil aunque nadie lo reconozca (ni falta que me hace pues me basta con sentirlo yo).
La satisfacción de mantener todo a raya, controlado y sin sobresaltos es tan placentero como un buen cigarrillo después de la larga jornada, nada ha quedado pendiente, nada ha quedado sin contestar y nadie sin atender. ¿Para que el es fuerzo?, pues desde luego no para recibir palmaditas en la espalda (que nadie va a dármelas) ni medallas de latón, quizá sea solo para demostrar a quien no confió en mi ,que se equivocó, no estoy terminado y si soy capaz de esto y de superarte a ti en tu trabajo, pero yo no tengo padrinos, solo soy un pobre burro de carga que saca el trabajo adelante como lo hice durante mis treinta años de vida laboral y veinte de director y como espero poder seguir haciendo si a alguien no vuelven a cruzársele los cables y le da por pensar que hay que cambiar todo aunque solo sea para justificar lo injustificable. Hoy estoy acido y no me gusto así, prefiero la música de los violines al retumbar de tambores, mañana habré recuperado mi tono habitual y volveré...volveré a ser yo.
Si de locura hablaba hace unos días hoy me encuentro sumido por mor de las circunstancias en la mayor locura que he podido vivir en los últimos tiempos laborales.
De seis personas que componíamos el equipo de trabajo, solo yo permanezco al pide del cañón asumiendo el trabajo de todos ellos.¿Imprevisión?, ¿desidia?, ¿intencionalidad?, lo cierto es que tras el fallecimiento de dos de mis compañeros y la baja maternal de otra han venido las vacaciones para el resto quedándome solo de solemnidad al frente de una oficina y asumiendo el papel de director, comercial, tramitador y casi señora de la limpieza ( que por cierto lleva días sin pasar el paño del polvo por mi mesa). ¿Pretenden ahorrarse mi jubilación enterrándome y aprovechando las circunstancias en que un muerto mas no se notaria?,¡No basta con llamar preguntando si necesito ayuda!, sobra la pegunta, de sobra se sabe que si y de sobra saben y se aprovechan, que por mi manera de ser, lo asumo casi todo, seguiré por pundonor dando todo lo que se y puedo, aunque solo sea por orgullo propio ( orgullo mal entendido por mi parte, lo sé),dos días y aún quedan por delante otros trece, me parece muy bien que me pongan al lado a un compañero al que aprecio, pero que en nada puede ayudarme, al menos tengo un espectador que quizá en algún momento aplauda y todo, por los C… que le estoy echando al asunto, ya que al terminar la mañana no ha quedado ningún papel pendiente ni llamada por contestar, ¡pero no es así!,¡esto, no debería ser así!, que nadie me cuente la milonga de que una oficina con un fuerte movimiento comercial puede ser atendida por una sola persona, quien así lo diga, es que en su P… vida no se ha puesto a trabajar atendiendo llamadas, atendiendo visitas, sacando el correo, la agenda, los faxes, cotizando riesgos, tramitando documentación de siniestros y llevando caja y contabilidad.¿Y este era el puesto cómodo al que decías se me trasladaba amigo Fernando?, pues vaya ojo que tuviste. Menos mal que como de costumbre el humor me salva, pero ¿ no es para estar todo el día soltando maldiciones? Y es que a pesar de todo y todos, estoy como pez en el agua. Debo ser masoquista.
Algunas veces, uno piensa que el mundo se ha vuelto loco, (un bloguero amigo así encabeza su blog y quizá tenga que darle la razón), la razón de la sinrazón, ha anidado en nuestra vidas y todo ocurre sin causa aparente, sin razones que avalen los hechos y por que sí, como si de una decisión dictatorial y atavica se tratara.
Nadie piensa en los años dedicados al trabajo, a los esfuerzos y desvelos por dar, lo mejor de uno mismo a una empresa, sobrepasando en ocasiones la obligación que te impone el sueldo que percibes a final de mes.
Nadie valora, que a altas horas de la mañana corras tras recibir una llamada, en auxilio de un enfermo que una vez reconocido, no tenia mas que una crisis de ansiedad, que te la juegues (como hizo mi mujer no hace mucho) colgándote de una grúa y te bajen a una zanja donde un desgraciado operario había sido atrapado por un derrumbe(intrepida ella...)
Que te cambien de puesto, para que otro, quizá con menos experiencia y avalado por su juventud como único valor, destroce tu trabajo de años (las cifras cantan).
Siempre se encuentran razones, hasta para el mayor de los desatinos, que se permita abortar a una menor hasta sin el conocimiento (no solo sin consentimiento) de sus padres o que se penalice y persiga como si de delincuentes se tratara a los fumadores, tratándonos como auténticos apestados y encima nos lo vendan como un logro social cuando no hace muchos años, el no fumador era tratado como un "rarito".
Yo seguiré defendiendo al vaquero sobre su caballo, cigarrillo en mano y la libertad que representa. La salud ¿por decreto? ¡ojalá fuera verdad!, pero me temo que no es cierta, como tampoco lo fue en su día aquello de que el Jamón tenia muchas grasas y era malo para el corazón, que las hamburguesas de Macdonals no son buenas y producen obesos, que la cerveza engorda etc.
Desatino tras desatino, estamos creando un mundo donde la palabra tolerancia se parece cada ver mas a la de libertinaje, cada cual hace lo que quiere en nombre de unos derechos que no suelen estar recogidos en ninguna parte, el botellón y las voces a altas horas de la noche, perturbando el sueño de quien necesita estar descansado para trabajar al día siguiente o necesita simplemente el reposo ante una enfermedad, son el derecho de una chusma, arropado por una autoridad miedosa de tomar cartas en el asunto ante el temor de que se la trate de dictatorial."Gritad gritad malditos"...
Solo cuando hay posibilidad de recaudar para las arcas del estado o del municipio, se toman medidas ante excesos de velocidad, imprudencias, gamberradas y salvajadas en nombre de una modernidad que ve bien las borracheras del fin de semana,(siempre y cuando no se conduzca). ¿Se persigue al fumador y no al borracho?, escandaloso, pendenciero, mal educado, irrespetuoso, delincuente en algunos casos,(aun no conozco ningún fumador que lo sea), EL MUNDO ESTA LOCO y su locura nos contagia en algún momento... ¡QUE PAREN EL MUNDO, QUE ME BAJO AQUÍ!
De nuevo la incansable Parca, arranca a una persona buena de mi entorno, nuevamente vuelvo a sentir esa honda tristeza y el vació que deja una compañera, con la que he compartido horas de trabajo y algún que otro café mientras me reñía por encender ese cigarrillo del que no puedo desprenderme.
43 días han sido suficientes para que un maldito tumor cerebral acabara con su alegría y entrega a un trabajo que cada día se hace más exigente.
Como siempre, mil preguntas sin contestar, mil preguntas que no tiene sentido hacer, pero en las que como humanos, buscamos respuesta a nuestro dolor, desconcierto y tristeza. ¿Por que?, ¿Por qué tan joven?, ¿Por qué ahora que podía ver cumplido su deseo de ser abuela?, ¿Por qué se van los mejores?, ¿Por qué tan rápido?, ¿Por qué de esa forma?... y uno estaría haciendo pregunta tras pregunta en busca de una justificación a algo que no la tiene, dicen que es ley de vida y uno entiende que esa ley rompe su lógico devenir cuando no se muere de anciano, cuando no se muere después de haber vivido y colmado una vida con los anhelos de padre, madre, hijo o hermano.
Pedro me decía antes de entrar en la iglesia: "Aquí nos casamos, aquí bautizamos a nuestros hijos y aquí termina todo"... ¡No!,amigo mio, no termina, el recuerdo y mientas este exista, en nosotros viven los que nos han dejado.
Eres injusta parca maldita, parece que tienes prisa y ahora vas a por los mas jóvenes, ¿también a ti te pagan por productividad?, ¿también te ha afectado la crisis?, ¿también las prisas y la aceleración de este mundo te han contagiado?
La mesa de al lado vacía, un teléfono que ya no suena, un ordenador apagado y un silencio que grita por una ausencia, ya no hay bromas, no hay respuestas ante una duda, ni ayuda en momentos de atasco.
Solo me sale un grito del alma...¡OLVIDATE DE NOSOTROS!,PARCA CRUEL, OLVIDATE...
Nuevamente vuelvo a sentir mi mal, los brazos me pesan y los dolores no son calmados por los medicamentos habituales, nuevamente el aviso de que debo cuidarme llega de manera dolorosa. ¿No había otra manera de decirme que debo cuidarme? "Joe..." La naturaleza es sabia, a veces despiadada y como en los vehículos antiguos, una luz roja avisa que uno puede estar forzando demasiado la maquina y que hay que parar. ¡Parar que!, mi ritmo diario no es maratoniano, incluso yo diría que es muy inferior al de hace dos años, (salvo por la avalancha de llamadas telefónicas diaria y el empeño de muchos en que sea yo quien les atienda, cuando hay mas personas a mi lado, algún día me detendré a analizar este hecho y las posibles causas) pero la maquina ya esta muy usada, ya presenta síntomas de un desgaste que los años y esfuerzos anteriores la han dejado resentida.( claro que como aficionado a los automóviles, las maquinas viejas también son la de mas valor) No hay restauración posible, solo revisiones periódicas que buscan saber hasta donde llega el desgaste y si este aumenta o esta solo detenido.
Nuevamente ese cansancio incomprensible, pues el esfuerzo ha sido mínimo, durante el fin de semana, me deja sumido en una tristeza hija de la incapacidad para hacer el menor esfuerzo.
Solo el humor es capaz de disipar los pensamientos negativos y hacer más llevadero el día y nuevamente me aplico a la terapia de sonreír y tomarme las cosas con humor.
"Leñe", lo que cuesta hoy alzar el brazo, para llegar a pastilla de chocolate en el estante alto de la cocina, vale, hoy hago penitencia y me abstengo de pecar con el cacao, pero no paso por no poder doblar el espinazo, para coger esa cerveza fría del frigorífico, que se jorobe la espalda, pero nadie me quita a mi tomarme hoy esa cerveza, sentado en la terraza de casa mirando el bullicio de la calle y los cabreos de los conductores por la obra de asfaltado, que desde hace 15 días tiene la calle patas arriba. Y es que no hay nada mejor que relajarse, dejar de lado cualquier problema o preocupaciones y como dice el anuncio "Señores, tomar una cerveza bien fría". A vuestra salud blogeros, no me envidiéis y hacer lo mismo
Hace algún tiempo recibí una llamada de un amigo que me pidió si podría arbitrar en la calificación de una pregunta de examen, pese a mis escasos conocimientos de fisica. Iba dar un cero a un estudiante por su respuesta a una pregunta de física, mientras que el estudiante afirmaba que debería recibir la máxima nota y así se haría si el sistema no se hubiera organizado en contra de los estudiantes: El profesor y el estudiante acordaron acudir a un árbitro imparcial, y me eligieron a mi.
Acudí al despacho de mi amigo y leí la pregunta del examen: “Demuestra como se puede determinar la altura de un edificio alto con la ayuda de un barómetro”
El estudiante había contestado: “ Lleva un barómetro a lo alto del edificio, átale una cuerda larga, haz que el barómetro baje hasta la calle. Mide la longitud de cuerda necesaria. La longitud de la cuerda es la altura del edificio”
Hice notar que el estudiante realmente tenía derecho a una buena nota ya que había contestado a la pregunta correctamente. Por otra parte, si se le asignaba una buena nota contribuiría a que recibiese una buena calificación en su curso de física. Se supone que una buena calificación certifica competencia en física, pero la respuesta dada no se correspondía con esto. Sugerí entonces que se le diera al estudiante otra oportunidad para contestar a la pregunta. No me sorprendió que mi amigo estuviese de acuerdo, sin embargo si lo hizo el que el alumno también lo estuviera.
Le di al estudiante seis minutos para responder a la pregunta con la advertencia de que la respuesta debía mostrar su conocimiento de la física. Al cabo de cinco minutos, no había escrito nada. Le pregunte si se daba por vencido, pero me contesto que no. Tenía muchas respuestas al problema ; estaba buscando la mejor. Al minuto siguiente escribió corriendo su respuesta que decía lo siguiente:
“Lleva el barómetro a lo alto del edificio y asómate sobre el borde del tejado. Deja caer el barómetro, midiendo el tiempo de caída con un cronómetro. Luego usando la fórmula S=1/2 at2, calcula la altura del edificio.
En este momento le pregunte a mi amigo si se daba por vencido. Estuvo de acuerdo y le dio al estudiante la máxima nota.
Al salir del despacho de mi amigo recordé que el estudiante había dicho que tenía otras muchas respuestas al problema, así que le pregunte cuales eran. “Oh, si, ” dijo el estudiante. “Hay muchas maneras de determinar la altura de un edificio alto con un barómetro. Por ejemplo, coges el barómetro en un día soleado y mides la altura del barómetro, la longitud de su sombra, y la longitud de la sombra del edificio; luego usando una simple proporción, determinas la altura del edificio.”
“Excelente, “ le respondí. “¿Y las otras?”
“Si, “ dijo el estudiante. “Hay un método muy simple que le gustará. En este método se toma el barómetro y se comienza a subir las escaleras. A medida que se van subiendo las escaleras, se marca la longitud del barómetro a lo largo de la pared. Luego se cuenta el número de marcas y esto dará la altura del edificio en unidades barómetro. Un método muy directo.”
“Desde luego, si quiere un método más sofisticado, puede atar el barómetro al final de una cuerda, balancearlo como un péndulo; con él determina el valor de ‘g’ a nivel del suelo y en la parte superior del edificio. De la diferencia entre los dos valores de ‘g’ se puede calcular la altura del edificio.”
Finalmente, concluyó, “hay muchas otras formas de resolver el problema. Probablemente la mejor,” dijo, “ es llamar en la portería. Cuando abra el portero, le dices lo siguiente: “Sr. portero, aquí tengo un barómetro excelente. Se lo daré, si me dice la altura de este edificio.”
En este momento le pregunté al estudiante si conocía la respuesta convencional a la pregunta. Reconoció que si, dijo que estaba harto de que los profesores del instituto y de la facultad trataran de enseñarle como tenía que pensar, usando el “método científico,” y a explorar la lógica profunda de la materia de una manera pedante, como se hace a menudo en matemáticas, en lugar de enseñarle la estructura de la materia. Teniendo esto presente, decidió recuperar el escolasticismo como un asunto académico para desafiar las atemorizadas aulas de salmantinas.
La pantalla de aquel teléfono indicaba que la llamada procedía de un número oculto, el recelo de miles de llamadas con publicidad sobre líneas ADSL, ofertas telefónicas y libros, alteró por unos momentos mi natural tranquilidad, fue entonces cuando decidí seguirles el juego, haciendo lo mismo que hacíamos cuando éramos pequeños y repetíamos una y otra vez lo que decía nuestro interlocutor, hasta llegar exasperarle.
-Buenos días ¿Don Fernando?
-Si, dígame (seco y distante)
-Le llamamos de la compañía telefónica BTB para ofertarle nuestro nuevo producto línea 2009
-Perdone, ¿se trata de una oferta?, le paso con mi departamento de compras.
Separo el auricular y me pongo a silbar el Puente sobre el Río Kway
Tomando de nuevo yo la iniciativa sobre la conversación al cabo de unos treinta segundos.
-Buenos días, le habla el departamento de compras de Fernando ¿dígame?
-Mire le llamamos de telefónica BTB para ofertarle nuestro nuevo producto línea 2009
-Perdón,¿es para vendernos algo?
-Si (empieza a mosquearse la interlocutora)
-Pues un momento que le paso con el departamento de servicios
Nuevamente separo el auricular y esta vez entono silbando, La muerte tenía un precio.
-Buenos días, le habla el departamento de servicios de Fernando ¿dígame?
-Pues mire ya les he dicho antes que le llamamos de telefónica BTB para ofertarle nuestro nuevo producto línea 2009
-Un momento, ¿Quién le ha dicho que tiene que hablar conmigo?...
El mosqueo aumenta y la voz de la telefonista comienza quebrase y ser dubitativa...
-Mire le voy a pasar con Almacén que ellos se encargaran de este asunto.
Nuevos silbidos y esta vez una espera mas larga, comienzo a oír unos jadeos de la telefonista, comenta algo con alguien en voz baja le dice, ¿No se si me están vacilando o esto es así?...
-Almacén ¡¡¡diga!!!...
-No... esto... que yo, bueno... que le llamamos de telefónica BTB para ofertarle nuestro nuevo producto línea 2009
-¡Aquí no compramos nada!, somos unos currantes oiga, dígaselo a nuestro jefe
Por fin le paso el teléfono a mi mujer y pregunta...
-¿Es usted la señora que va a venir a hacer la limpieza de casa?
-No mire soy de telefónica BTB para ofertarle nuestro nuevo producto línea 2009, pero si no lo quieren da lo mismo y renuncio...le juro que renuncio...
A veces un poco de su propia medicina no les viene mal ¿verdad?
DEDICADO: a ese impertinente numero de teléfono oculto que todos los días me interrumpe la siesta
Hace ya dos años que comencé la andadura en este blog, plagado de añoranzas, buenos deseos y una pizca de humor, dos años en los que he compartido desvelos preocupaciones, sustos, ilusiones, celebraciones, ratos de preocupación y ratos de alegría, contestados en ocasiones por amigos y por desconocidos que ocultándose tras un seudónimo, dejaron su comentario que siempre fue bienvenido fuera cual fuera su contenido y su tono.
Uno se expone y expone parte de la vida cotidiana, quizá sin pudor, sin medir palabras o gestos, pero con sinceridad, sintiendo lo que se dice y con respeto a todo aquel que quiera entrar en esta vuestra casa. Respeto que aprendí de mis padres, a los que siempre tengo presentes. Fueron sus enseñanzas y su ejemplo los que hoy me hacen ser como soy y de los que tan orgulloso me siento.
Heredé el humor de mi padre al nunca vi. serio ni triste, volcado en su familia y trabajo como yo pretendo hacer en esta vida, sin llegar a igualarle. La alegría y fuerza de mi madre que supo sacarnos adelante a cuatro retoños cuando falleció mi padre, hace ya mas de treinta y dos años (yo tenía 25 y era el mayor). Y solo aspiro en esta vida que quien se acerque a mí, en la calle, en el trabajo, a este blog, se sienta cómodo y al lado de un amigo.
Hoy he repasado el blog, ¡Cuantas horas le he dedicado!, por bien empleadas las doy si en algún momento han servido de consuelo a alguien, si han hecho esbozar una sonrisa y olvidar algún mal momento.
Son las nueve y cuarto de la noche, el cansancio del día se ha disipado mientras escribo este post, que comencé sin tener nada en la cabeza para contar y quizá una pizca de morriña en un día casi norteño que me recuerda mucho a mi añorada Asturias.
Que Dios os guarde lectores amigos, quizá mañana tenga el día mas animado y os cuente algo gracioso.
Un arte difícil en el que cada día uno va aprendiendo algo nuevo, es el de sacar una sonrisa a alguien.
Siempre admiré a los cómicos y escritores con humor fino y certero, Jardier Poncela, fue uno de mis primeros autores preferidos y hace muchos años devoré sus libros, que ahora releo encontrando verdaderas perlas de humor en sus relatos. El inefable Gila, maestro del monologo al que nadie, ha logrado superar en sus conversaciones telefónicas, o los inimitables Tip y Coll auténticos humoristas de lo absurdo junto con un Groucho Marx o un Búster Keaton, ¡Mas madera es la guerra!...siempre serio y de cara imperturbable como nuestro Eugenio, de pitillo y copa en mano que nunca cambiaba su expresión seria, pese a que lo que estaba contando fuera para partirse de risa.
El truco no es más que ser muy observador y sacar de quicio,las cosas, buscando la parte cómica a las situaciones mas serias.
He oído un monologo sobre un funeral, he visto la disparatada manera de llenar un vaso de agua o comerse una manzana y me he reído con un camarote lleno de gentes dispares.
La actitud del humor, es cuestión de ejercitarla y es uno de los mejores medicamentos que he llegado a probar, he tenido ocasión de sentir como aquel dolor que me estaba agobiando, casi desaparecía o al menos se hacia mas soportable, escuchando a Gila contar su vida y como nació, cuando su madre estaba a haciendo la compra. Viendo el absurdo dialogo de,"La parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte" con una inimitable Groucho, discutiendo con Chico, puro en mano, sobre un contrato disparatado. Uno trata de aprender de estos grandes maestros, con la sana intención de dar a esta vida un punto de humor del que tan necesitados estamos todos. La verdad es que la situación actual no es para tomarla a risa, problemas de paro, problemas económicos, guerras injustas, no son precisamente el caldo de cultivo para esbozar una sonrisa, ¿o si?, Gila contaba la guerra a su manera, Groucho se reía de la severidad de los banqueros y abogados, Eugenio contaba con gracia aquella orden de un general sobre un eclipse, que al ir pasando a eslabones inferiores terminaba haciendo que el que se eclipsara fuera el general dentro del hangar.
Reír, ensancha los pulmones, expulsa de nosotros ese mal humor permanente al que hacia mención hace unos días y lo mejor de todo es que contagia y hace mas llevadero el trato con los semejantes, por eso si un día me veis reír sin sentido, no penséis que me he vuelto loco, solo trato de que mi vida no caiga en la tristeza y estoy haciendo un simple ejercicio de buen humor.
Hay ocasiones en las que la intranquilidad, hace que uno se ponga en lo peor de cualquier situación. Un examen de un hijo, un viaje inesperado, una enfermedad de alguien cercano, la espera de noticias de un hijo en la lejanía, la revisión medica que hay que pasar periódicamente, el comentario, al que uno no da importancia por pensar que es, "radio macuto" otra vez.
Siempre hay algún motivo perturbador de la tranquilidad espiritual en la que uno piensa que debería vivir, cuando ya tienes un numero de años suficiente para considerarte mayor, aunque solo fuera por habértela ganado tras el esfuerzo diario y las dificultades que durante años arrastré y arrastro, sin quejas, tratando se superarme cada día y superar limites o limitaciones, dolores y cansancios, propios de un mal con el que convivo casi desde mi nacimiento.
Todo el mundo tiene esas incertidumbres, esas perturbaciones, esos temores y por que no, esos miedos que en ocasiones nos quitan el sueño, nos distraen de lo mas inmediato transportándonos a un, ¿Y si ocurre que?...
Vivimos sin quererlo, tratando de pronosticar y adelantarnos a acontecimientos futuros que pueden o no suceder, a previsiones posibles pero no ciertas y a miedos atávicos a enfermedades, tropiezos, zancadillas, encontronazos, patinazos y demás imprevistos que esta vida nos brinda a diario y que en el fondo no dejan de ser la salsa del guiso.
No imagino (tampoco lo deseo) una vida monótona, aburrida, lineal y estática en la que lo cotidiano es un repetirse continuo de situaciones previstas, previsibles y sin chispa, en un bucle permanente, eterno, inacabable.
Últimamente, por circunstancias laborales estoy sufriendo una aceleración en mi ritmo de trabajo, que se ha convertido en un nuevo reto que me he propuesto superar, se que suplir la falta de dos compañeros,(tres para ser mas exacto: uno por fallecimiento, otro por enfermedad y una tercera por maternidad), puede parecer descabellado, exagerado, improcedente incluso y fuera de toda lógica a la vista de cómo se me alejó de un puesto que venia ocupando desde hace varios años,sin expliación alguna. Pero hay algo que me empuja a ello, no es el agradecimiento a la empresa,(dado que ella nada me debe pues me pago mi trabajo, yo tampoco a ella pues lo hice cumpliendo mi obligación,"estamos en paz") , esa fuerza es mi orgullo personal que me empuja a superarme cada día, a aprender cada jornada algo nuevo, a vencer miedos, temores y contrariedades, para que al terminar la tarde y sentado frente a una cerveza, respire hondo mientras apuro un cigarrillo, pensar, otro día mas y sigo haciendo un trabajo bien hecho,(al menos a mi me satisface), donde mis interlocutores han quedado atendidos y satisfechos, donde he conseguido resolver mil problemas y donde me he sentido a gusto, y útil, sobretodo a un compañero, con el que compartí la misma posición y que hoy es mi superior,del que entre bromas y veras, recibo lo que la empresa no supo o quiso darme. COMPAÑERISMO, ese compañerismo, forjado entre viajes y reuniones, que uno trata de agradecer arrimando "el ascua a la sardina" en momentos que hacen falta.
Que la vida hay que vivirla, no es ningún secreto para nadie, (mas aún, yo diría que es una perogrullada lo que acabo de escribir y lo podría entender hasta un niño de cinco años-¡Que traigan un niño de cinco años!), de cómo se viva y disfrute o padezca la misma depende solo de uno. Aquí no hay consejos que valgan ni buenas intenciones, solamente la decisión intima de vivir y disfrutar de las pequeñas cosas, de arrinconar temores y rencores, de crear momentos dulces y echar a la cuneta los dolorosos, dejando en el camino lo malo y desagradable, encarando el futuro con esperanza y la alegría de que uno vive y trata de seguir adelante, aunque sea con dificultades, pero siempre adelante.
Ya no es cuestión de que uno se sienta bien, hay que hacer que los que te rodean, compartan contigo esa alegría de vivir, de poder levantarse cada día y dar gracias por ver el sol, por sentir el frío de la mañana y quizá por padecer ese dolor incordia, que en el fondo no hace otra cosa que recordarte lo frágil que eres, pero también que estas vivo.
Los últimos días han sido tristes, no obstante, uno ha encarado esa tristeza con dos armas muy poderosas, LA ESPERANZA y el HUMOR, un humor que ha podido parecer a alguien, fuera de tono, cuando tratando de romper la seriedad de determinadas situaciones he comentado:
Menos mal que el refrán dice- "parece que nos ha mirado un tuerto"- pues si dijera-!parece que nos ha mirado un cojo"- a mi me habrían tirado ya por la ventana. La mayoría de las ocasiones he logrado arrancar una sonrisa, y de eso se trata, de hacer reír, de descargar tensiones, pues estas vienen solas y nunca son buenas compañeras de camino.
Hay armas mas poderosas que las de fuego, incapaces de lesionar a nadie, pero capaces de desarmar al enemigo mas fiero, al que viene con ganas de guerra y al que es incapaz de asumir que sus semejantes pueden ser superiores en algo a él mismo.
Una de esas armas, es la sonrisa, que unida al humor inteligente y no grosero son capaces de desmontar argumentos airados que expresados a voces y con malos modales pretenden justificar en ocasiones lo injustificable.
No hace mucho hablaba en este blog del cabreo nacional, ese cabreo que ya se ha asentado en casi todos los españolitos de a pie, aumentado por la situación de crisis actual y la presión generalizada de las deudas, hipotecas, paro, jubilaciones anticipadas, etc.
Solamente cuando alguien, es capaz de hacernos reír, olvidamos los agobios diarios, las prisas, el mal humor y llegamos a prestar mas atención a lo que nos cuenta, teniendo una mejor predisposición a los posibles argumentos que pueda esgrimir entre broma y broma.
Todo esto, que puede parecer una tontería, en el fondo lo es, por lo obvio, pero me ha servido en más de una ocasión para amansar interlocutores airados, impacientes, intransigentes, nerviosos que a diario se nos presentan en el trabajo.
Tengo la satisfacción personal, de haber superado en más de una ocasión la prueba y cada día, mientras me afeito, y tras preguntarme ¿cuando me hice yo esta foto de carné tan grande?, ya voy preparándome para la lucha cotidiana mentalizándome ante el espejo de que el humor, el buen humor se entiende, me va a ayudar durante todo el día. Haced la prueba, recordar un chiste gracioso al levantaros y veréis como la mañana se da mejor.
Ahi os dejo uno...
"El otro dia ligue con una extranjera, que me dijo que me enseñaria el Bulgaro... y resultó que era un idioma"...
Soledad, sensación de vació, tremenda tristeza, una rabia contenida y un montón de recuerdos se revuelven ante mi cada vez ,que desde el lunes, miro a la mesa de enfrente. Vacía, con sus cajones llenos aún de sus pertencias personales. Tampoco me queda el consuelo de mirar a mi izquierda, pues hay otra mesa de la que solo me separa un alerón, que también grita por la ausencia de su ocupante habitual.
Hoy he echado de menos ese cigarrillo antes de subir a la oficina, apurándolo junto con mi compañero ausente, (los dos únicos fumadores de la oficina) comentando incidencias del trabajo, de nuestros hijos o del último partido de fútbol. Hoy ese cigarrillo no me ha sabido a nada,¡SI!, me ha sabido a soledad...
Hace un año y medio me preguntaba que sentido podía tener mi traslado a esta oficina en la que sobraba personal. Siempre hay alguna razón, aunque esta no tenga que ver con el trabajo, para que las cosas ocurran, hoy haciendo una elucubración, quizá forzada, me consuelo diciendo que fue para compartir horas con buenos compañeros que supieron ayudarme en mi traslado y el los que encontré el apoyo que hoy me falta.
Soy de una generación en la que se nos dijo que los hombres no lloran. Pero he llorado... lo hice cuando el ataúd entro en el coche fúnebre y vi, que no era el único, alguno ocultándose tras unas oscuras gafas de sol, otros como yo, torciendo la mirada al suelo, sentíamos la marcha de un compañero con el que compartimos quizá mas horas del día, que con nuestra propia familia. Una herida abierta que el tiempo ira curando, y mientras, la vida sigue
Cuando uno se acuerda de lo bueno que es tener salud... es que algo no esta funcionando bien.
Últimamente por una serie de circunstancias, he comenzado a plantearme nuevamente, que la vida esta para vivirla, disfrutarla, paladearla, "aunque sea trabajando" y no perder el tiempo en disquisiciones inútiles ni en proyectos lejanos en el tiempo.
Alguien dijo, que la vida es lo que pasa mientras perdemos la misma planeando el futuro.
Hoy la grave e inesperada enfermedad de dos compañeros muy cercanos que hasta hace pocas horas compartíamos (pegados mesa con mesa), el que hacer diario, me hace meditar sumido en una profunda pena.
Una tristeza extraña se ha apoderado de mí desde que ambos cayeron en garras de esa terrible enfermedad que no quiero ni mencionar, y los echo de menos durante mis horas de trabajo. Su ausencia es más patente que su presencia anterior.
Esta tarde, saldré a dar mi paseo diario y prometo que iré fijándome en las caras de la gente, que respiraré entre bocanadas de mi cigarrillo, el aire fresco del día, levantaré la cabeza y miraré jugar las nubes con el sol, y aunque me gane el cansancio, alargaré el paseo disfrutando del bullicio de las calles,el canto de las aves de primavera entre los arboles, las luces de los escaparates, la compañía de mi mujer, dando gracias a Dios por estar vivo y sintiendo, frió, luz, empujones, cansancio, pensaré...¡Que suerte tengo amigos mios,que suerte tengo!
La edad de piedra, que tan lejana nos parece en el tiempo, puede estar a la vuelta de la esquina. Todos los avances tecnológicos pueden irse al garete de un momento a otro y encontrarnos con que no tenemos luz en casa, la TV no funciona, el portátil no se puede conectar a Internet, los semáforos no funcionan, los cajeros dejan de funcionar en los bancos, las compañías de seguros no pueden atender a sus clientes y hacienda, incluso hacienda, no puede cobrarnos los impuestos pues todo su sistema informático se ha quedado muerto. No podemos encontrar una dirección pues nuestro Tomtom no tiene línea con el satélite, en casa la lavadora, el lavaplatos, la plancha, el teléfono han dejado de funcionar por un fallo generalizado en la corriente (Barcelona experimento un apagón general no hace mucho que se solucionó con generadores provisionales en determinadas calles,¡Vaya chapuza!).Los aviones no podían despegar pues no había corriente para la comunicación con los controladores, las vías férreas estaban paradas sin corriente en sus catenárías, los comercios cerraron pues sus sistemas informáticos sin corriente dejaron de controlar sus existencias y tampoco podían controlar sus cajas (cientos de cajeras de brazos cruzados, ¡Vaya espectaculo! lo imaginais). Algo tan habitual como tomar un café en el bar de la esquina, fue imposible, al no poderse poner en marcha la cafetera Express.
¿Creéis que exagero?, pues esta semana solo he visto la punta de un gigantesco iceberg como el descrito antes, cuando por motivos que desconozco, en mi trabajo todo el sistema informático comenzó a fallar, la cadena de llamadas telefónicas, paso a multiplicarse exponencialmente a medida que pasaban las horas sin conexión informática y exponencialmente los nervios de todos comenzaron a resentirse sin que nada pudiéramos hacer para remediar la situación.Por primera vez sentí "mono de ordenador", no podiamos hacer nada y el trabajo se acumulaba a medida que pasaban los dias y las horas.
Tres días después cuando todo parece normalizado, uno se pregunta ¿Cuánto ha costado esta broma informática? ¿Y si la broma no fuera solo de una sola empresa si no de varias y simultáneamente? Y si en lugar de seguros habláramos de Hospitales, grandes almacenes, transportes, como indicaba al principio y en lugar de durar tres días durara veinte, os imagináis ya que el caos puede ser total.
Cada vez dependemos más de las maquinas, del sistema informático, para comunicarnos, guardar nuestros archivos y notas, resolver el trabajo diario.
Cuando escribo estas líneas me llega la información y la contrasto confirmándola, de que el sistema informático de varios hospitales de de Castilla y León dependientes de la Junta, están afectados por un virus informático que no permite a los profesionales acceder a las historias de los pacientes ni emitir recetas informaticamente.
¿Volvemos a la edad de piedra?, la verdad no me gustaría tener que salir a cazar para poder comer y menos aún correr (no lo podría hacer), delante de un mamut.
Caía un fino orballo, empapando la fértil tierra que mostraba su agradecimiento con un verde esplendoroso entre castaños y robles. A lo lejos, entre la cortina de agua se adivinaban las siluetas de un grupo de vacas, que con parsimonia rumiaban su sustento, sin ser alteradas por el ladrido de Yul, que intuía la cercanía de su amo.
Pelo rojizo y grandes orejas que bailoteaban al son de sus saltos, mientras sus brillantes ojos buscaban con alegría lo que su olfato ya le había adelantado.
Juan, guadaña al hombro y paraguas alzado, aceleraba el paso tanto como sus madreñas le permitían, tratando de ganar cuanto antes el cobijo de su pequeña casa, levantada en el centro de aquel bosque.
Tres ventanas a la altura de la puerta principal, puerta de arco de medio punto, cerrada por dos hojas de madera, ya comida por el tiempo, pero aún lo suficientemente sólida y robusta para guardar el hogar.
Sobre la puerta un balconada de madera adornada con mazorcas de maíz y en el costado derecho de la vivienda un cobertizo para guardar los aperos de labranza.
Varias generaciones vivieron en aquella casa, entregando su esfuerzo cotidiano a cultivar una tierra agradecida, que les había dado sustento y cobijo, pero hoy, era un día triste, había que abandonar la cuna de su estirpe, la poderosa industria que todo lo arrasa en nombre del progreso, había puesto sus ojos en aquel valle fértil y pronto en lugar de castaños y robles habría torres de hormigón y chimeneas de una central térmica. ¡Una central térmica!, ¿para que servia aquello?, se preguntó y alguien le explicó que el progreso necesita de energía eléctrica y que esta se consigue quemando combustible que genera esa electricidad.
Una y otra vez le daba vueltas al asunto,¡si hay que quemar algo, será madera, seguro! Y la madera sale del bosque y el humo contaminara el aire y el aire la tierra y mis vaques non tendrán donde pastar, no habrá leche para los neñus y los guajes, non crecerán bien,¡este mundu va pal desastre!.
Con gesto cansino, acarició a Yul, que había salido a buscarle, el inteligente animal, presentía que algo no iba bien y como queriendo animar a su dueño, hoy estaba especialmente revoltoso, tratando de jugar y que se le siguiera en el juego, pero... ¡el horno no ta pa bollus!, maldito progresu, van terminar con tou.
Juan no pudo ver la térmica, aquella primavera, mientras los almendros entraban en flor, una extraña enfermedad, quizá la tristeza, quizá su negación ante el progreso, dejó a Yul solitario vagando por los campos ya vacíos, silenciosos, sin las asturiandas que Juan entonaba durante su labor diaria.
Todas las tardes, como cumpliendo un rito litúrgico, casi sagrado, abro mi portátil y entro en tres blogs, de tres amigos distantes en el espacio, cercanos en el sentimiento.
Uno, un gallego con sorna y un sentido el humor, que no se por que me recuerda al que tenia mi padre en sus buenos tiempos. Otro, un cabreirés amigo de los buenos manjares y vinos, erudito en mil historias y compañero de muchas horas de trabajo, amigo donde los haya, y un tercero, catalán inteligente que fuera director de recursos humanos y ahora interlocutor amable del que uno aprende de sus viajes e historias,¡Pena no haberte conocido antes!.
Tres blogs enlazados entre si, a los que se puede tener acceso desde cada uno de ellos, al resto. No ha sido por acuerdo verbal, ni escrito, todos pusimos enlaces de los blogs de los otros, en el nuestro y creamos una red de amigos unidos por un pasado común, haber pertenecido a la misma empresa. Dos están ya prejubilados, lo otros dos, sobrevivimos en un mundo difícil y complicado por la situación actual. Me consta que mi liturgia diaria se repite en cada uno de ellos y seguimos con interés cada relato, cada duda, cada tristeza, alegría o incertidumbre que el otro expresa, poniendo a veces nuestro granito de arena en algún comentario. Hemos formado sin quererlo, una mesa de tertulia, (de momento la tabla cuadrada) una mesa con cuatro patas (una de ellas cojea), pero sólida, constante, variada, donde los lazos de amistad se amplían de día en día compartiendo retazos de nuestra vidas, de nuestros anhelos, aportando historias curiosas o simplemente diciendo,¡Aquí estamos!.
Adelante caballeros, seguid contando con este lector fiel, al que vuestras historias divierten y hacen pensar.
Un brazo a todos.
Desde hace un año, mi móvil se mantiene en un silencio casi absoluto, únicamente las llamadas de la familia o la del algún amigo, hacen que reviva por unos momentos.
El teléfono, ese gran invento de Alejandro Graham Bell, es en ocasiones motivo de llamadas inoportunas, es fuente de mil anécdotas y como no de mil incordios por llamadas tontas innecesarias y cargantes que padecemos todos en nuestro trabajo.
El uso sin sentido lleva a que alguien te llame para ver si has recibido un fax, para ver si has oído su mensaje anterior e incluso para recordarte lo que hace breves momentos acabas de comentar con él. Esta tarde sin más, a las 21,20 me ha sonado el móvil, un agente se empeñaba en que le dijera, fuera de horario y sin medios, mientras apuraba un caña, el precio del seguro para un camión, esto me ha llevado a pensar que no solo se usa el teléfono sin sentido, sino que además hay bastante inconsciente e impulsivo que cree que te puede importunar en cualquier momento independientemente de la hora y el lugar. ¿Quien a esas horas esta delante de un ordenador trabajando?, pues el interlocutor cree que somos como la funeraria, los bomberos o el 112, servicio permanente.
Otras veces, el teléfono y sobretodo el móvil, puede jugarnos malas pasadas, no hace mucho, a una compañera que estrenaba teléfono y aún no sabia bien manejarlo, hizo una llamada al mío sin darse cuenta y lo dejó en su bolso encendido, mi curiosidad, después de gritar su nombre un montón de veces sin que contestara, hizo que siguiera escuchando la conversación que mantenía con otra compañera, sobre una tercera (tres mujeres implicadas y una de ellas ausente,¿imagináis como fue el traje que se cortó?).
He oído contar mil historias, alguna macabra como la del ATS del 112 que contesta el móvil de un accidentado que acaba de fallecer y la que llamaba era su esposa, otras divertidas como el cruce de frecuencias que casualmente se produce entre el teléfono de un marido engañado, su esposa y el amante de esta, o la mas común de todas que alguien que no te conoce de nada, se equivoque de numero y te deje un mensaje en el buzón de voz quedando contigo en no se que sitio y a no se que hora, confieso que si la voz es de mujer, he estado tentado en acudir a la cita, aunque solo fuera por ver la cara ante su error.
En fin, antes que me quejaba de la cantidad de llamadas inútiles que recibía, ahora lo hago del silencio del aparatito, el caso es no estar conforme con nada, pero si agradezco que todas las llamadas que recibo, suelen venir con buenas noticias de familia y amigos, esto es lo importante, siguen acordándose de uno
Mañana es LUNES DE AGUAS en Salamanca,
Festividad que se celebra cada año el lunes siguiente al de Pascua en la ciudad de Salamanca,y que, además, se ha extendido a algunos pueblos de los alrededores de la ciudad.
Los orígenes se remontan al siglo XVI, cuando el rey Felipe II dicta unas ordenanzas según las cuales las prostitutas que habitaban en la Casa de Mancebía local debían ser trasladadas, durante la Cuaresma, fuera de la ciudad, para que los hombres de Salamanca, sin la presencia de busconas, evitasen las tentaciones del pecado de lujuria. A partir del Miércoles de Ceniza dichas meretrices eran trasladadas al otro lado del río Tormes. Hasta el primer lunes después del de Pascua permanecían bajo la custodia del Padre Putas. En esta fecha éste las conducía de vuelta a la ciudad, vitoreado por una multitud de estudiantes que no ahorraban en hornazo, bebida y bailes para celebrar la llegada de estas cortesanas con una fiesta en las riberas del Tormes y barcas engalanadas.
Mañana comeremos ese HORNAZO. Un plato exquisito en cualquier época del año, aunque la tradición es comerlo el domingo de resurrección o el lunes de Pascua en la provincia y el lunes siguiente, llamado Lunes de aguas, en la ciudad de Salamanca. El hornazo es el escogido para representar a la provincia salmantina en cualquier evento gastronómico que se produzca. En el hornazo se dan cita algunos de los productos típicos más representativos de la región, como el lomo de cerdo, el chorizo o el jamón y, naturalmente, el huevo duro. La tradición es salir a comerlo al campo en pandilla..
Aquí recuerdo, que hace algunos años, y durante una reunión de trabajo en Galicia, en concreto en La Toja, se me ocurrió llevar algunos hornazos para compartirlos con los compañeros, no sin el cierto temor de que los compararan con la fina y sabrosa empanada gallega, de la cual soy adepto e impenitente consumidor los días en que mi mujer esta de guardia y no me apetece cocinar.
El miedo se disipó con los primeros bocados, el Hornazo fue aceptado por todos con agrado y motivo para que yo repitiese la historias que al principio contaba. Así pues, uno hizo patria aquel día, con un producto típico de la tierra y mañana seguro que lo volveré a recordar y recordaré a todos esos compañeros que un día supieron valorarlo.
Si ayer hablaba de escaleras hoy el tema va por otro lado, por la escalera que uno asciende día a día, tratando de no entorpecer el ascenso de otros que más rápidos, más jóvenes y con más ganas de ascender me sobrepasan en su subida.
Mi escalera ha sido larga, los peldaños subidos van pesando en el ascenso actual y el recuerdo de cada paso que di en el pasado, sin querer, lo comparo con los pasos de aquellos que me adelantan viendo que tropezaron donde yo tropecé y sortearon el obstáculo de manera distinta a la que yo lo hice.
Ni uno, ni otro lo hicimos mal, solo de manera distinta, con habilidades distintas y métodos dispares, pues no hay nada nuevo inventado en este mundo laboral en el que uno se mueve, un mundo continuamente cambiante que en nada se parece al de mis comienzos allá en los años ochenta, donde aún la informática no existía y el trato era de persona a persona, cara a cara, sin caídas de línea, ni impersonales y asépticos teléfonos de call center.
Las cosas han cambiado, y no entro a valorar si para mejor o peor, pero uno echa de menos las conversaciones directas, en las que en la gran mayoría de las ocasiones se mezclaban los asuntos de trabajo con los personales, donde un cliente se desahogaba de su preocupación por un siniestro, o te confiaba sus dudas sobre una póliza, una garantía y el tiempo que empleabas en ello acababa siendo rentable y creando una fidelidad del cliente hacia la empresa, basada en el conocimiento mutuo entre cliente y empleado que solía perdurar mas allá del mero tramite e incluso del ámbito laboral.(a dia de hoy conservo buenos amigos hechos en aquellos tiempos y de vez en cuando recordamos como nos conocimos y lo agusto que se encontraron en un momento en que necesitaban alguien que les escuchara),Hoy tengo la impresión de que el trato impersonal,no suele dejar a casi nadie fidelizado con la empresa que le atiende y si no ¿Por que tantos cambios de operador en la telefonía móvil?, ¿Por qué tanto cambio en las líneas ADSL?, en la compañías de seguros, en las de energía eléctrica, en las de gas, en las de servicios en general, cuando me consta que los servicios y prestaciones han mejorado considerablemente con respecto a aquellos años. ¿Es que la gente se ha vuelto demasiado exigente?, ¡Lo dudo!, exigen lo mismo, pero me temo que les falta o echan en falta aquel trato personal, cara a cara viendo las reacciones de interlocutor y sacando de las mismas sus propias conclusiones afianzando su confianza en el producto que compraban, y la tranquilidad de saber que detrás del mismo había un ser humano y no una voz impersonal, monótona a veces y hasta machacona en otras.
Un nuevo escalón que uno tiene que subir, crear confianza solamente con la voz a través de un teléfono, sonreír mientras se habla, para infundir seguridad y si es posible crear un lazo que ate al cliente, sin que este se sienta atado, otro peldaño mas que hay que subir aprendiendo algo nuevo cada día. También la vida es una escalera y peldaño a peldaño la subo, pero sin prisas, aún me queda mucho tiempo para aprender.
Uno, dos, tres, la mano izquierda apoyada en la barandilla, la derecha sujetando el bastón, cuatro, cinco, seis, escalones y la mirada a lo alto, para calcular cuantos escalones mas quedan hasta el final, ese final enmarcado por la cúpulas del Sacre Coeur, siete, ocho, nueve, y el aliento aún no me falla subiendo las escaleras de Montmartre, esas escaleras de la foto, que me separaban de la grandiosa basílica y del barrio de los pintores, la Plaza de Tertre y un café en una de sus terrazas, por supuesto, saboreando algún cigarrillo, mientras el trasiego de gentes admirando las obras de los pintores en la calle, llena de colorido uno de los barrios mas populares de París. Veinte, veintiuno, veintidós, ya va quedando menos y el esfuerzo merece la pena, las farolas en el centro de la escalinata, iluminaban mi peregrinaje a las alturas escalando por aquellas losas de granito bordeadas de árboles muy cuidados y setos recortados con esmero. Cuarenta, cuarenta y uno, cuarenta y dos, el aliento comienza a fallar y se hace obligatorio un descanso, en el que aprovecho para desenfundar mi movil y con su cámara fotografiar el camino recorrido, como recuerdo de aquella pequeña aventura de subir y subir escalones en busca de un París colorista, bohemio y lleno de arte.
De todos es conocida mi aversión a las escaleras y de las bromas que con ello hago, pero pocas veces, muy pocas, he sentido tanta satisfacción en el esfuerzo que supone trepar, escalón tras escalón. El día anterior había despotricado en el metro de la Plaza de L`Etoile, cuando al ir a salir por la única escalera mecánica que vi, había un rotulo de "averiada" y otro complementario de "99 escalones hasta la salida", parecía un sabotaje a mis ganas de sentir y caminar en París, pero ni aquel día ni el siguiente, consiguieron los escalones detener mis ansias de vivir y disfrutar de la ciudad de la luz, hoy revisando las fotos, he dado con aquella que hice en un momento de respiro y que quiero compartir con vosotros, viéndola, quizá comprendáis por que hice aquel esfuerzo y confieso, que mirándola, sigo pensado que mereció la pena.
Sentir de cerca la muerte, que algo inesperado ocurre en personas cercanas, bien en la familia, bien en el trabajo, bien entre los amigos, hace que uno se plantee por unos momentos el sin sentido de muchas cosas que a diario nos abruman y no dejan que vivamos con intensidad cada minuto de nuestra vida.Fantasmas del futuro,fantasmas del pasado.
Últimamente y por una acumulación casual, la he sentido cerca en un amigo, en un compañero y en un familiar.
El amigo falleció de un tumor que apareció inesperadamente, el familiar, (mi tío Daniel ultimo familiar de una generación que vivió una guerra y la revivió en sus relatos hasta el final) y al compañero le ha rondado la "parca" en varias ocasiones.
Una cierta sensación de desasosiego, no sentida antes, se apodera de uno cuando hace recapitulación de estos sucesos y llegas a la conclusión de que vas ocupando cada vez puestos más cercanos a la primera fila. Uno que ya desea que el tiempo pase y llegue el momento del descanso,(aclaro, no el eterno), se frena en sus deseos ante esta perspectiva que la vida nos plantea, un contrasentido, para algunas cosas uno desea que el tiempo pase rápido y para otras que se frene "sine die", la eterna contradicción y la relatividad del tiempo, a la que tantas veces aludo en este blog, quizá por admiración a la teoría Einsteniana y su autor.
Que cuando nacemos iniciamos un camino sin retorno, a nadie se oculta, pero todos, sentimos que el final esta lejano, o al menos esa ilusión tenemos y con ella olvidamos lo efímero de nuestras peleas, de nuestros desvelos y preocupaciones que a veces nos enturbian el existir diario y el disfrute de cada momento de nuestra vida, esos segundos preciosos que por cansancio o aburrimiento desperdiciamos tantas veces.
Hace unos días, alguien que ya no trabaja, pues los años le han retirado, me comentaba lo largos que se le hacen los días sin una tarea fija que hacer, sin otra obligación que la de vivir y dejar pasar el tiempo, bendito seas que los días se te alargan, pero no dejes de disfrutar cada largo segundo que se te haga y aprovecharlo en aquello que sea mas placentero, observar, como crece la hierba en tu finca, como "les vaques" pastan en el prado y las nubes juegan haciendo sombras sobre el valle, sentir el aire limpio de esa tierra bendita, cuna de la reconquista, mi añorada Asturies y si puedes y los médicos te lo permiten, tomar algún "culin" de sidra a la salud de tus amigos, esos amigos que hace ya mas de treinta años, recorríamos entre eucaliptos y castaños, el monte, explorando terrenos desconocidos, disfrutando de la belleza de paisajes incomparables, buscando un rincón donde pasar la tarde, esas tardes que ahora se te hacen largas y espantemos los fantasmas que la mente nos pueda traer.
De lo difícil que resulta en ocasiones mantener el tipo cuando los dolores arrecian, y cuando un simple movimiento provoca la desesperación, por que uno piensa que esto no ocurría antes, te lleva a pensar lo puñetera que es la vida dejando que envejezcamos y nos anquilosemos pese a nuestros esfuerzos por mantener un tono medianamente aceptable, con ejercicios diarios y pastillazos anti dolor.
Debería de ser al revés, que nuestra capacidad física aumentara con los años al igual que aumentan nuestros conocimientos y experiencia junto con la capacidad de trabajo intelectual, pero no, nuestro cerebro va por libre, aunque nuestra memoria falle en ocasiones, la experiencia va llenando el disco duro y somos capaces de detectar problemas que antes no veíamos y encontrar soluciones que antes no habríamos imaginado, pero las cosas son así, cuando uno intenta hacer un esfuerzo, el cuerpo se encarga de recordarte lo que la cabeza niega, que ya tienes mas años de los que imaginas y que tus huesos y músculos no están para muchos trotes
Levantas el brazo para llegar a la cara con la hojilla de afeitar y el codo te da una punzada diciendo, ojo que no se pueden hacer muchos esfuerzos, tratas de empujar un sillón para acercarlo a la ventana y los riñones te llaman de nuevo la atención, ¡Que no! Que no hagas esfuerzos inútiles, y no te cuento ya si tratas de levantar algún peso, es entonces cuando un coro de huesos y músculos doloridos comienzan su concierto de dolores varios que te dejan molido, como si hubieras estado corriendo todo el día.
La cuestión esta en que uno no puede sustraerse en hacer alguna que otra chapucilla en casa, imaginas sentado desde el sofá, como quedaría el salón cambiando algún mueble de sitio, colocando el sofá de tal o cual forma y la TV en un rincón donde la luz no le de de plano, mentalmente mueves la mesa del comedor y sus sillas, el mueble del salón y el resto de estanterías y cuando la imagen ideal de cómo quedaría ya la tienes en la mente, eres incapaz de mover tres sillas y el mueble se convierte en la roca de Cicifus, imposible de mover cuando hace apenas unos años tu lo colocaste solo, en el lugar que ocupa y sin demasiado esfuerzo.
Es entonces cuando caes en la cuenta de los años que tienes y de que las fuerzas de antes ya no están contigo, (vamos que te abandonó la fuerza viejo Jedai), que cualquier esfuerzo se hace enorme, cuando antes eras capaz de levantarte sobre una mesa usando una sola mano y presumías de levantar todo tu cuerpo haciendo la bandera en un poste de teléfonos (burradas de juventud y entrenamiento forzado por el uso de muletas).
Así que, el salón se queda como esta y el mueble permanecerá varado aunque no acabe de gustarme ya el sitio en que se encuentra.
Una conversación con un amigo, me ha dejado pensativo, me hizo la pregunta de ¿Qué te ocurre?, en el blog, das la impresión de haber perdido parte del humor habitual del que haces siempre gala y dejas ver una cierta tristeza de la que no acierto a clasificar.
Hice examen de mis últimos post y efectivamente, no tienen la chispa de otros anteriores, una revisión mayor me lleva hasta el día 17 de Febrero que es cuando comienza a instaurase esa tristeza coincidiendo con el accidente de mi hija. Ya se que debo dar gracias por que no le ocurriera nada, pero aquella llamada telefónica, sus sollozos, una petición de ayuda que por la distancia no podía prestar, se repiten una y otra vez en mi cabeza insistentemente , machaconamente, sin que lo pueda evitar, la intranquilidad, cada vez que me dice que ha salido con el coche, camino de su trabajo, se apodera de mi y no descanso hasta que al llegar la tarde me cuenta sus cosas y se que ya esta en casa y el coche en el garaje, (aunque no lo mencionemos para nada). Nunca creí que algo pudiera obsesionarme tanto máxime cuando a pesar de su escasa experiencia en la conducción, maneja perfectamente el vehículo y su prudencia, desde luego, es mucho mayor que la mía.
Supongo que será cuestión de tiempo que yo olvide lo que ocurrió, y es que uno siente en carnes propias lo que ocurre a mis hijos, quizá ellos nunca sepan de estos desvelos, de estas preocupaciones (no suelen leer este blog) y de la tristeza de no haber podido estar cuando y donde debería haber estado.
En fin, trataré de ir recuperando el animo ya que hay motivos mas que de sobra para estar contento, a veces la cabeza nos traiciona y el corazón la acompaña haciendo coro, en este sin sentido que es darle vueltas a las cosas sobre lo que pudo ocurrir y que gracias a Dios no ocurrió. Dicen que agua pasada no mueve molino, pero dejó mojada la tierra.
Que nadie esta a gusto consigo mismo o con su situación personal, es algo que vengo observando desde hace algún tiempo. El negocio de clínicas de estética, clínicas dentales, gimnasios, saunas, ha proliferado de manera espectacular ante la necesidad creada en aparentar menos años de los que se tiene o de mejorar el aspecto, carta de presentación indudable, pero no necesariamente imprescindible.
Nadie esta de acuerdo con su nariz, su mentón, su papada, sus pechos, su barriga.
Todo el mundo desea de alguna manera ser aquella persona que un día le impactó y se peinan como el o la famosa de turno y visten tratando de imitar su look sin importar si la percha acompaña o no al traje.
Nadie y me remito a estadísticas que se han publicado, esta contento con su puesto de trabajo actual y el que no aspira a más, cosa muy loable, aspira a trabajar menos ganando mas o tener mayor libertad de horario o conseguir la consideración tanto de superiores como de compañeros por un trabajo que según su opinión, realiza a la perfección.
De este descontento no se libra nadie, el político de turno aspira a ganar un puesto de mayor relevancia, el medico de la Seguridad Social, a conseguir una mayor racionalización en su trabajo, sin tener que ver 40 enfermos diarios a diez minutos por cada uno, el tendero de la esquina (si es que ya queda alguno) a montar un negocio mayor con varias tiendas que pudieran hacer competencia a las grandes superficies.
Pues hoy, me he mirado al espejo mientras me afeitaba, la verdad mi rostro a pesar de los años y alguna que otra arruga, el pelo blanco, la nariz un poco torcida a la derecha, no me pide ningun cambio, estoy a gusto como estoy. Luego, pensé ¿que pasaría si pudiera caminar como todo el mundo?, Quita, quita, no estaría exento de pagar el impuesto de circulación del coche, tendría que pagar el ticket de la hora y encima no tendría reservados determinados sitios para aparcar. ¿Y si consiguiera de nuevo un puesto como el que he tenido en los últimos 22 años?, ¡que no hombre que no!, para que, para dejarme la piel en las carreteras buscando colaboradores, para estar todo el santo día mirando si las estadísticas se cumplían, para que la zancadilla de unos y la traición de otros hirieran por un momento mi auto estima, para seguir haciendo para los demás lo que debería haber hecho para mi mismo y no hice. ¡Que no!, que he llegado a la conclusión de que debo ser la excepción que confirma la regla, yo si estoy contento conmigo mismo, no necesito ninguna operación, ningún cambio, ninguna mejora en mi vida, solo pido seguir viviéndola para ser testigo de la cantidad de majaderías que la gente hace por aparentar y tratar de ser lo que no se es y quizás nunca se llegue a ser.
Hay días que uno no esta para nada, cuando mas necesitas estar despejado, una nube imprecisa, acaba difuminando tus pensamientos y cuesta trabajo recordar y razonar.
Quizá, ese dolor con el que hoy te has despertado y que persiste pese a la masiva ingesta de paracetamol, sea la causa del bloqueo mental, y la rabia que te produce por no conseguir centrarte en las cosas, aumenta el tamaño de la nube mental que te abruma durante todo el día, haciéndote sentir que las horas no pasan y que cualquier contrariedad es mayor de lo habitual.
Eres incapaz de mantener una conversación durante largo rato, pues pierdes la memoria de nombres y fechas, mientras en ti se instala una extraña sensación de abulia, en la que tu único deseo es meterte en la cama y dormir. Algunos lo llaman "astenia primaveral", que es una manera de llamar al cansancio y las molestias que uno padece, mas por los años y el desgaste habitual, (en mi caso por encima de lo normal), que por otra cosa.
Hoy, en un momento dado he sido incapaz de recordar un numero de teléfono que marco a diario, el nombre de un compañero y memorizar como hago normalmente sin esfuerzo un numero de póliza, y no es alzeimer,no, es la dichosa nube mental de los días tontos en que la espalda te recuerda que está ahí y el brazo te dice que hoy hace huelga de esfuerzos y eres incapaz de mantenerlo firme, sin dolores, escribiendo mas de seis párrafos, mientras la rodilla chasquea a cada paso con una punzada, avisando que ya no esta tampoco para ,muchos trotes.
En fin, que hoy esta uno hecho un autentico asco, menos mal, que suelo tomarlo con filosofía, pensando que hay días peores y que uno sigue, a pesar de todo y por encima de todo, haciendo una vida normal, si por normal se entiende poder desarrollar el trabajo diario, atender las necesidades familiares y terminar el día dando un tranquilo paseo y tomando una caña, pese a la nube y los dolores que durante todo el día han estado fastidiando, creo que por que no les hice demasiado caso.
Dedicado a un enfermo imaginario que en una situación como esta ya habria corrido a urgencias para preguntar al medico, si seguia vivo...
En varias ocasiones he comentado lo difícil que es ser padre, que los hijos vienen sin manual de instrucciones y que la vida va cambiando a cada paso las circunstancias de ellos y las mías.
Las necesidades primarias, que gracias a Dios están cubiertas, no son la mayor preocupación, la distancia en ocasiones y los imprevistos hacen que uno se llegue a sentir mal por no poder estar a lado del hijo que te necesita,( al menos esa es la ilusión que uno se hace) y que luego resulta que no eras tan necesario, que las cosas van saliendo, pero esa sensación de no poder estar, de no poder hacer, de no poder ayudar, te deja apenado y pensando si las cosas no hubieran salido aún mejor si tu hubieras intervenido, como si uno fuera el todopoderoso hacedor y solucionador.
El espejismo de ser imprescindible para los hijos, dicen que se desvanece con el tiempo, yo aún no lo tengo y siento la necesidad de correr en su ayuda cuando en la mayoría de las ocasiones es posible que sean ellos quienes acudan a ayudarme a mi.
Las cosas cambian y cambia nuestra posición con respecto a ellos, antes éramos nosotros quienes temíamos por su subsistencia en el futuro y por que tuvieran una posición en la vida, hoy son ellos los que se preocupan por nosotros, por si podemos seguir adelante con el ritmo de trabajo diario, viendo nuestros achaques y por si en el horizonte hay alguna prejubilación o algo por el estilo.
Antes estábamos pendientes de sus estudios, de sus necesidades más elementales y ahora son ellos quienes se preocupan por nuestra salud y nuestro futuro.
Todo cambia y todo queda, esa unión familiar, que aun en la lejanía permanece y quizá hasta se hace mas fuerte, es motivo de alegrías y tristezas de preocupaciones y satisfacciones que le hacen a uno pensar en que en esto consiste la felicidad, en la compensación de unas con otras y en el recuerdo de los mejores momentos vividos el logro de la eternidad.
Hoy termino este post con la letra de una cancion de un primo de mi mujer ...Nacho Cano...
VIVIMOS SIEMPRE JUNTOS
Llenamos El caldero de risas y salero,
Con trajes de caricias llenamos el ropero,
Hicimos el aliño de sueños y de niños,
Pintamos en el cielo la bandera del cariño.
Las cosas se complican,
Si el afecto se limita a los momentos de pasión.
Subimos la montaña de riñas y batallas,
Vencimos al orgullo sopesando las palabras.
Pasamos por los puentes de celos y de historias,
Prohibimos a la mente confundirse con
Memorias.
Nadamos por las olas de la inercia y la rutina,
Con la ayuda del amor.
Vivimos siempre juntos, y moriremos juntos,
Allá donde vayamos seguirán nuestros asuntos.
No te sueltes de la mano que el viaje es infinito,
Y yo cuido que el viento no despeine tu flequillo, y llegara el momento
Que las almas se confundan en un mismo corazón
Nunca escarmentaré ni aprenderé. Hace ya muchos años, cuando uno comenzaba a trabajar hubo quien me dijo, "no digas que sabes hacer una cosa pues te van a cargar el trabajo a ti".
Hoy que ya han pasado casi treinta años, sigo lanzándome a la piscina, cogiendo los temas como vienen y tratando de hacer mi trabajo lo mejor que se y lo mejor que me dejan no importándome cargarme a veces de ocupaciones que no son de mi competencia y de las que se me pide me encargue y lo hago por dos razones, una, por que se me pide por un compañero y otra por que no se negarme a hacer un trabajo que puede resultar interesante y beneficioso para la entidad para la que trabajo.
Si hubiera querido ser funcionario, habría hecho oposiciones, habría aplicado la famosa frase de Larra, ¡Vuelva usted mañana! Y cada día la misma cantinela hasta aburrir al personal, pero no, no se decir que no ante cualquier reto, los años aún no me han postrado en el sopor de la posible prejubilación y sigo asumiendo todo lo que se me echa encima y corriendo por despacharlo cuanto antes y lo mejor posible.
¿Que para que me sirve a mi esto?, (además de cargarme de trabajo) pues para terminar el día, fichar y marcharme a casa sabiendo que no hay nada pendiente, que el trabajo por duro que haya sido ha salido y para sentirme bien, capaz de hacerlo y seguir haciéndolo independientemente de que alguien lo reconozca o no, lo valore o no, lo agradezca o no.
Mi estimulo, saber que soy capaz de hacerlo y de vez en cuando, esa simple palabra que se usa muy poco y sin embargo abre muchas puertas, "gracias", esas gracias que no sueles recibir en la gran mayoría de las ocasiones pero que a veces intuyes en una mirada o un gesto sin palabras. Hoy por ti, aunque mañana no lo sea por mí, pero una vez terminado, respiro hondo y pienso, alguien ha tenido solución a su problema y me siento satisfecho. Esta visto, nunca aprenderé, o ¿no será que los demás deberían aprender de mí? ( vaya maestro Ciruela, que no sabia leer y puso escuela)
A veces me he puesto al teclado de este ordenador, sin nada en la cabeza que contar, solamente por pasar ocupado un rato muerto en el que no me apetecía ver televisión y la pereza de retomar alguna lectura aparcada me parecía pesado o inapropiado para ocupar unos minutos mientras mi mujer preparaba la cena. Tras teclear las primeras palabras de inicio de algún escrito, los dedos comienzan a volar sobre el teclado, componiendo frases de una historia o alguna anécdota, y los recuerdos comienzan a fluir como un río interminable.
Al cabo de pocos minutos, releo lo escrito y me sorprendo de la facilidad con la que he contado algo de mi vida, algún sentimiento hondo o una historia divertida, en las que solo tengo que corregir algún pequeño gazapo o algún giro inapropiado en alguna frase.
Cuando lo vuelvo a leer, me doy cuenta de que muchas de las historias han salido de mi inconsciente y he contado sentimientos guardados, quizá sentimientos profundos convirtiendo, como dice algún amigo mío, este blog en el diván del psiquiatra.
El recuerdo de tiempos pasados, la presencia inconsciente de amigos lejanos y cercanos, de compañeros y situaciones vividas durante el día, conversaciones casi olvidadas han sido el disparador que una vez puesto a escribir ha provocado un alubión de ideas que unas veces aciertan en su contenido y otras pasan a ser meros escritos de desahogo.
He de confesar que pocas veces he escrito pensando que alguien pudiera leer estos escritos y por ello nunca he tenido, quizá la prudencia, de autocensurarme en algún momento, si bien nada tengo que ocultar aunque en ocasiones haya utilizado seudónimo en algún comentario a algún amigo, pues no guardo rencores ni miedos a la vida y los malos momentos suelo somatizarlos fumando algún cigarrillo de más o tratando de ver la parte positiva de cada contrariedad, que siempre la tiene.
Ejemplo de todo lo dicho es este mismo escrito, que me sirve de entrenamiento de redacción y de tabla gimnástica para la cabeza, haciendo trabajar las neuronas cerebrales que quizá sean las únicas que no se me están averiando por el dichoso síndrome.
En fin otro post mas para colgar aunque en esta ocasión no tenga contenido emocional y haya sido solo un mero ejercicio de redacción.
Con lo que a uno le cuesta en ocasiones encontrar la palabra justa para provocar la sonrisa y leyendo unos curiosos libros que han llegado a mis manos, cuyo titulo es, cosas de niños, he llegado a la conclusión de que a medida que uno se hace mayor va perdiendo junto con la capacidad de sorprenderse la capacidad de ver la parte cómica de las cosas.
Solo los niños con su inocencia aún salvaje y sin contaminar son capaces de preguntar ¿Mama si esa es la familia real, la nuestra que es? ¿De mentira? O Mamá ,Jesucristo en el cielo ¿esta en la cruz o esta suelto?.
Sin pretenderlo y con sus salidas, crean un humor fino, inteligente que a los mayores nos cuesta un esfuerzo lograr. Juan se dirigía al servicio y de repente se vuelve a coger su Nintendo diciendo, "sin tetas no hay paraíso y sin Nintendo no haya caca", Por mimetismo con el mundo que les rodea, tratan de imitar posturas, gestos y frases de los mayores y lo hacen sin el menor sentido del ridículo, ese sentido que a los mayores nos impide hacer esos gestos de burla ante situaciones tontas, como hacen ellos, o canturrear cancioncillas burlescas en lugar de insultar como hacemos los mas entrados en años.
Nadie se imagina un "Chincha rabia que tengo un coche mejor que el tuyo", cantado por un mayor, ni sacar la lengua al que te acaba de hacer una pirula con el coche. Nosotros sacamos la mano amenazante y ellos el golpe inesperado que descuadra al contrincante.
Decididamente hay que tener alma de niño para encontrar el humor en las cosas cotidianas, ese alma sin complejos que hace preguntar a un niño: Si yo vine de Paris y mi hermana nació en una coliflor ¿Es que no hay nadie en esta familia que nazca de manera normal?.
Quizá la solución para hacer un mundo mejor es mirar la vida con ojos de niño, sorprendernos a cada paso de lo que nos rodea y dar gracias por tenerlo cerca, descubrir que todo tiene su parte cómica y sacarla a relucir a la menor ocasión, eso que llamamos "sorna" cuando lo hace alguien entrado en años y que en realidad no es mas que un volver a la niñez, sin complejos, sin ataduras, sin miedo al que dirán si digo una tontería.
Conozco a varias personas que tienen esta loable capacidad, algun amigo y compañero gallego, algún amigo asturiano de la niñez y siempre el recuerdo eterno de mi padre, cuya sorna sacaba punta a todo quitando hierro a las situaciones mas conflictivas. Yo quiero ser como ellos, ver la parte alegre de la vida, reirme de lo que parecen ser problemas y luego vistos desde la otra mirada convertirlos en la broma del dia. Yo quiero tener sorna...
Hace ya 5 años, también fue mi 11M, una fecha que recordaré siempre doblemente, pues yo en aquella época estaba de baja (mi primera y unica baja) y pasando uno de mis peores momentos físicos.
Pocas veces lo he contado y siempre en familia. Aquel día hacia 132 días que me encontraba de baja sometido a un peregrinaje de medico en medico y a una dura sesión diaria de rehabilitación que terminó con un: "no sirve para nada y lo estamos empeorando", por parte del rehabilitador de turno.
Sentado frente al televisor y pese a que las dolorosas imágenes se sucedían relatando un terrible atentado, mi cabeza, traicionándome me presentaba otras imágenes que trataba de rechazar haciéndome caer en un estado de ansiedad nada bueno. Una silla de ruedas... la ayuda permanente de mis seres queridos para hacer cualquier movimiento y pensar que quizá ya nunca mas podría conducir mi coche, eran las otras imágenes que mi cabeza proyectaba constantemente.
Fue entonces cuando tomé la decisión de pedir el alta voluntaria, de volver a mi trabajo y hacer, como se dice vulgarmente, de tripas corazón, para seguir sintiéndome yo, el de siempre, con ganas de hacer cosas y útil.
Aquella decisión tuvo su segunda parte cuando dos meses después una mala caída me produjo una fisura en la tibia, no pensé en un solo momento volver a tomar una baja y apoyado en mis dos muletas, continué con mi trabajo diario, eso si, olvidando por unos días conducir mi coche y peregrinando todas las mañanas hasta la oficina con la ayuda de mis dos muletas, la satisfacción de poder seguir haciendo, aún con esfuerzo una vida casi normal, sin molestar a nadie, sin entorpecer el ritmo de la familia y los que me rodean, suplía con creces las molestias y el dolor que sentía, el trabajo diario, tener que hacer y preocupaciones que en otra ocasión hubiera maldecido, fueron mi cura espiritual para un mal momento que por desgracia, lo fue para cientos de personas que aquel día 11 M perdieron la vida y hoy forman parte de mi recuerdo y punto de referencia de un día en el que tome aquella decisión salvadora.
No se, a veces las cosas que parecen claras se tornan oscuras y las oscuras adquieren la claridad mas deslumbrante cuando uno menos lo espera.
Seguir día a día en el empeño de hacer un mundo mejor para nuestros hijos, le lleva a uno a reciclar, cuidar el entorno y contaminar lo menos posible, pero siempre hay quien haciendo de su capa un sayo, no recicla, ni cuida el entorno, contamina sin percatarse de que este mundo tiene sus limites y estos los estamos traspasando desde hace tiempo.
Que no veremos los malos tiempos que se avecinan, con lluvias ácidas, incrementos y bajadas de temperaturas inesperadas, ciclones, contaminación ambiental, destrucción del bosque, es un hecho cierto, pero también lo es que serán nuestros hijos y nuestros nietos quienes tengan que sufrir los rigores del cambio climático.
Uno que suele recordar con añoranza los verdes prados asturianos, los bosques de hayas, robles y pumaradas cargadas de manzanas, siente retorcerse el alma cuando en algún medio de información aparece un incendio, un bosque talado o una inundación.
Los eucaliptos, los robledales han dejado paso a una invasión de chalet adosados, rompiendo la estética de los valles y las orillas costeras.
Aún siento la desazón que me produjo ver la ladera del monte Somo en mi querida Ribadesella, asfaltada, llena de calles y adosados donde antes había manzanos poblando una fértil colina y un prado en el que he correteado en mi niñez y donde sentí la naturaleza y me sentí parte de ella.
Me avergoncé de pertenecer a la raza humana, esa raza que como una plaga todo lo invade y destruye, que no respeta a la madre naturaleza, arrojando sus miserias y basuras a un mar tan bello como el Cantábrico.
No hace mucho pude ver un remake de "ultimátum a la tierra" y pensé, no tenemos arreglo, lo tomamos como mera ficción sin darnos cuenta de que somos una marabunta devorando nuestra tierra, ese planeta que tenemos en usufructo y que deberíamos cuidar para dejárselo a nuestros descendientes mejor de lo que lo recibimos.
La especulación, el sin sentido de construir, la locura de verter desechos en cualquier parte contaminando ríos y lagos, llenando de basuras los mares y polucionando el aire de ciudades.
Por eso hoy pongo una imagen de lo que tenemos que conservar, ¿hay quien piense mirándola en llenar este paisaje de construcciones?, si lo hay, ¡no debería pertenecer a la raza humana!
Me estoy haciendo viejo, los años pasan y uno suele hacer memoria del pasado con bastante frecuencia y compara lo que en otro tiempo fueron las cosas y lo que son en la actualidad.
No hablo ya, de lo que costaba un café (2,50 pesetas ahora 1,20 euros =199,66 pesetas), no hablo de que no hace muchos años uno podía aparcar el coche en cualquier sitio de la ciudad y siempre se encontraba cerca del lugar de destino, no hablo de la cordialidad y familiaridad del tendero, sustituido por un sírvase usted mismo y pague en una maquina impersonal, no hablo de las tranquilas tardes al sol, sentados a la puerta de casa tras una jornada de trabajo compartiendo tertulia con los vecinos, sustituidos ahora, por una caña, deprisa y corriendo en el bar cercano a la oficina, no hablo de las largas cartas entre amigos, sustituidas por sms en jerga ininteligible.
Hablo de esa edad que uno siente en el alma cuando todo ha cambiado a tu alrededor, como debió de cambiar para nuestros padres, ya que la vida es cambio permanente.
Cambiamos cuando nos casamos y dejamos el hogar familiar para iniciar una nueva vida al lado de la persona amada. Cambiamos cuando nace el primer hijo, que nos cambia ritmos de vida y prioridades, cambiamos cuando los hijos dejan el nido para formar el suyo propio y seguimos cambiando cada día al ritmo de las circunstancias.
A veces una frase que pronunciamos nos deja descuadrados a nosotros mismos por unos momentos, pensando: esto mismo decía mi padre, cuando por ejemplo yo escuchaba los Beattles y decía que aquello no era música (igual me ocurre a mi cuando escucho un rap y suelto la misma frase), debo estar haciéndome viejo.
Cuando veo que ya casi nadie respeta las enseñanzas de los mayores, por caducas y trasnochadas aparcándolos en residencias, pues son un freno a la acelerada vida de hoy, debo estar haciéndome viejo.
Cuando no se entiende la libertad de otros, pues esta choca con el capricho egoísta de la propia, debo estar haciéndome viejo.
Al querer dejar terminado lo mas pulcramente posible el trabajo y atender personalmente al cliente, cuando hoy todo se hace deprisa y corriendo de manera impersonal y si es posible escudado en el anonimato de un ordenador. Debo estar haciéndome viejo.
Que no se tenga en cuenta el esfuerzo personal,(viajes, traslados, reuniones) la plena dedicación y las horas robadas a la familia, por lograr objetivos a veces inalcanzables impuestos por la empresa, que termina retirándote antes de tiempo con una prejubilación en el mejor de los casos, o relegándote al olvido en cualquier rincón, debo estar haciéndome viejo.
En fin debo estar haciéndome viejo, pues no entiendo a donde vamos tan acelerados para luego frenar bruscamente y sin motivo alguno volver a emprender una loca carrera dando la impresión de que no hay un camino fijado y un tiempo para cada cosa.
Definitivamente, me estoy haciendo viejo, hay tantas cosas que no entiendo
Uno esta perezoso estos días, han sido varias la ocasiones en que he tomado el portátil y me he puesto a escribir una líneas sin conseguir hilar bien lo que quería decir, por fin hoy hay un motivo claro para escribir: dar las gracias a todos los que se han preocupado por mi hija y me han enviado correos y mensajes al móvil. No fue nada en lo personal, Gracias a Dios, (lo material tiene solución) y como dice un compañero (medulas) uno que esta acostumbrado al siniestro y ver cifras de manera neutral, cambia la perspectiva cuando este te toca de forma directa.
Desde aquel día 17, sentía a cada instante una ansiedad terrible por ver a mi hija, comprobar que estaba bien y que no la había afectado mas allá de lo que se supone habitual para estos casos, si es que hay algo habitual en tener un siniestro y destrozar un coche.
Por fin ayer a las diez de la noche pude darle un abrazo, sentí como me latía en corazón de alegría y ver que todo ha quedado en un susto.
Está visto que la preocupaciones por lo hijos, no terminan nunca. Cuando son pequeños por que lo son y cuando crecen por que ya no puedes controlar cada minuto de su vida tratando de protegerles en todo lo que este a tu alcance. Te sientes impotente ante cualquier imprevisto y la lejanía aumenta esa sensación de incapacidad para estar allí en el momento preciso arrimando el hombro y poniendo soluciones.
El miedo a que ya no les hagas falta, desaparece en estas ocasiones y como de costumbre sientes la contradicción de que, si les haces falta, pero poco puedes hacer por la distancia física que nos separa (seguimos con la eterna contradicción a la que un día dedicaré un post).
En fin, puedo decir, desde hace unos días que he vuelto a cambiar en algo, después de casi treinta años viendo siniestros, incluso escribiendo sobre ellos de manera impersonal hoy he sentido el lado humano de los mismos (por fin ¿ya era hora no?, diréis), pues hay quien se pasa toda una vida entre cacharrazos y solo ve chapa retorcida, reservas de siniestros, anulaciones de pólizas por frecuencia de siniestralidad y estadísticas impersonales de importes de reparaciones. Hoy veo personas detrás de cada número de siniestro y más concretamente, padres preocupados, sintiendo la angustia de no poder abrazar a sus hijos como me ha ocurrido a mí en estos día
Relajado ante el televisor, dejaba pasar las imágenes casi sin contemplarlas, sin prestar atención a nada y dejando vagar mi mente por derroteros no definidos.
Algo llamó mi atención en un momento determinado, quizá una imagen, quizá una palabra me hicieron salir del trance soporífero que estaba adquiriendo y me concentre en la historia que se relataba, no tarde en darme cuenta que muchas veces la historia contada por un personaje no llega a sujetarse enteramente a la realidad, lo subjetivo, los prejuicios, los tópicos, el entorno mismo hacen que un testimonio no sea siempre fiable y fiel a la realidad, recordando aquí, aquella practica de Derecho penal que hace años hice en la facultad, donde estando en una clase rutinaria, en un momento determinado se abrió la puerta y un energúmeno entro insultado al profesor Gimbernat y amenazándole, para acto seguido salir corriendo pasillo adelante y desaparecer de la vista de los presentes.
Dicha acción (por supuesto preparada entre profesor y alumno, que desconocíamos) nos dejó a todos sorprendidos, asustados e inquietos, pues la tomamos por un hecho real.
Aprovechando la situación creada, se nos preguntó uno a uno y por separado que describiéramos al agresor y contáramos que había ocurrido, para luego demostrarnos en conjunto que debería haber más de uno pues las descripciones eran tan dispares que se podía decir que hubo varios agresores. Unos lo vieron alto y otros bajo, unos gordo y otros flaco, unos vestido de verde, otros de gris y otros de azul. Unos que insultó, otros que amenazó e incluso hubo quien dijo que agredió físicamente, hecho que en realidad no se había producido.
No hubo acuerdo unánime, nadie, de cuarenta personas coincidió al cien por cien con la descripción de los hechos ni con la del sujeto, demostrando de esta manera que la fiabilidad de un testigo era siempre relativa aunque necesaria.
De igual manera ocurre cuando alguien te cuenta extraoficialmente (de nuevo radio macuto), situaciones de la empresa, posibles cambios y actuaciones, previsiones y suposiciones basadas la mayoría de las veces en meros comentarios aumentados y corregidos o en el peor de los casos, en imaginaciones calenturientas.
Y es que la única certidumbre que uno tiene, es que el tiempo pasa, que el momento presente es lo que cuenta, que el mañana esta por escribir y que todo tiene un final que tarde o temprano ha de llegar.
Ver lobos donde hay corderos y gigantes donde molinos solo sirve para perder de vista la realidad del momento presente y el momento presente mismo, que es el que hay que vivir. Cada cual verá la vida a través del cristal que le toque, yo por el momento la miro a través del mío que creo esta bien graduado.
Tres mensajes al móvil, tres llamadas perdidas, a una hora inesperada y no habitual, me indicaban que algo no iba bien, que algo había ocurrido y como siempre la corazonada de un padre preocupado me hizo poner en lo peor.
No acertaba a marcar el numero del móvil de mi hija, una vez, otra, hasta tres intentos y por fin su voz a otro lado del aparato.
- ¿Que pasa hija?...
- Papá, que he tenido un accidente (sollozos)
(El corazón se me salía del pecho y las sienes parecían reventar)
(pregunte tratando de mantener el aplomo)
- Si, ¿Que hago, hay una señora que se esta quejando?
(Dios, el tema era grave)
- Llama al 112 o a la policía, ¿Pero tu estas bien?, insistí
- Que sí... ya no hace falta ya viene la policía, el coche esta destrozado papá ( Sollozos)
- No importa hija, solo me preocupas tú, ¿Cómo esta la señora?
- Ahora mejor, ya la están atendiendo es solo un golpe, pero ha sido muy fuerte, te dejo voy a hablar con los policías que acaban de llegar, luego te llamo, un beso.
Las manos me temblaban al marcar el numero del móvil de mi mujer, ¿como se lo iba a decir sin preocuparla?, no podía comenzar diciendo, la niña ha tenido un accidente. No fue necesario, la intuición de madre, igual que me ocurrió a mi, suplió mis palabras y un reguero de llamadas se produjo a continuación, solo había sido un golpe de chapa y pintura, pero la imaginación de unos padres preocupados nos hacia poner en lo peor y además, ¡Está tan lejos! ¿Que podíamos hacer desde la distancia?.
Hoy el teléfono ardía, a medida que han ido pasando las horas, nos hemos ido tranquilizando, un despiste lo tiene cualquiera y lo importante son las personas y ella está bien, asustada, pero gracias a Dios bien y la otra señora también.
El coche, al taller, que esto si tiene arreglo y para eso se deja uno la piel en el mundo del seguro, pero las horas pasadas no paran de repetirse en mi cabeza, pensando en lo que pudo ser y por suerte no fue.
Uno sigue sin hacerse a la idea de que ya tiene una vida independiente en la que como todos, corre los mismos riesgos que corrimos nosotros andando por esos mundos de Dios, todo el día de viaje, en carreteras desconocidas ganándose el sustento diario. Aunque siempre pendientes de ella, hoy hemos aprendido que no siempre podremos estar a su lado cuando nos necesite y ella, que no siempre tendrá el paraguas protector de sus padres, en fin, la vida sigue y los hijos van siguiendo el camino de los padres, como diría mi admirado Yoda,¡Que la fuerza les acompañe! ( Hoy si fue un dia malo de verdad y no en sueños)
En mi anterior post, hablaba del cabreo permanente de esta sociedad en la que vivimos y hoy a raíz de un comentario en dicho post, me han hecho caer en la cuenta de que en este país hay muchos que ejercen de abogados, médicos, ingenieros, seleccionadores nacionales, críticos taurinos etc. opinando de una manera o de otra sobre temas profundos en ocasiones y banales en otros, sin tener el titulo de medico, abogado, ingeniero etc.
Efectivamente solo hay que encender el televisor y poner alguno de esos programas de debate en el que la gran mayoría de los tertulianos, su mayor logro y currículum es haber participado en algún programa de reality, haber tenido alguna relación amorosa con algún famoso o famosete y en el mejor de los casos, haber conocido, de paso, a la familia real, cosa que parece ser da derecho a opinar sobre ella, como por ejemplo hace ese señor que usa las gafas como puntero,(nunca se las he visto puestas).
Periodistas, paparazzis, contertulios, vividores cuenta cuentos de intimidades ajenas, destripan noticias serias como la muerte de una joven a manos de su novio, o tratan con una frivolidad absurda temas como el maltrato a la mujer o la agresión al defensor de esta, alimentando con argumentaciones gratuitas y altisonantes el cabreo general, buscando el aplauso fácil de una masa que sigue sin distinguir entre lo que es mero espectáculo, de la información seria, contrastada y veraz.
La intoxicación de masas ávidas de espectáculo, para que no piensen más allá de lo que el poder quiere, siguen siendo dirigidas y distraídas, como en épocas pasadas con espectáculos de toros y fútbol, entonces, y carnaza morbosa en la actualidad, se ha pasado del semanario, El Caso, al reality, a la información por la información sin medir consecuencias, se enjuician situaciones sin conocer todos los matices del caso, se valoran actuaciones sin saber el porque de las mismas y se emiten juicios de valor sin base alguna, todo ello aderezado con imágenes cuanto mas escatológicas y sangrientas, mejor, entorpeciendo la verdadera labor de policías, jueces y fiscales que si están realmente capacitados para saber la verdad.
He optado ante tal ataque diario, en cambiar la cadena cuando es posible y si no es posible, recupero mis viejos videos de los hermanos Marx, de Búster Keaton donde nadie arremete contra nadie, con saña infinita, ni alza la voz para tener mayor razón, mi salud mental me lo está pidiendo a gritos.
Seguramente hay pocas ocasiones en las que uno pierda la templanza, pero una de estas ocasiones es cuando la intransigencia, la prepotencia y la falta de respeto hacen presencia y el interlocutor pretende a toda costa imponer sus opiniones cueste lo que cueste, incluso faltando a la verdad y con amenazas bien directas, bien veladas que acaban exasperando al mas pintado.
Sin llegar a ser un liberal a la antigua usanza, si comparto la idea del vive y deja vivir y el dejar hacer dejar pasar, cuando se trata de relaciones humanas.
Últimamente vengo observando que la mayoría de la gente vive en un cabreo permanente, en un estado de intransigencia totalmente absurda y en ocasiones demencial llegando a protestar por las cosas más banales, si un avión no puede despegar por las inclemencias del tiempo, protestan, si despega y se les zarandea un poco por el viento, protestan, si no sale a tiempo el tren por una revisión de seguridad, protestan y protestarían si no se hubiera hecho y existiera la sospecha de algún incidente grave.
La gente protesta por todo y no suele hacerlo precisamente con respeto y educación ante el interlocutor de turno que normalmente es un mandado sin capacidad de decisión alguna y uno oye expresiones como:
-Para eso te pagan
-Deja el puesto para quien sepa atenderme, que hay mucho parado
-Esto en mi empresa no pasa, estaría usted ya despedido
-A mi también me exigen en mi trabajo.
Seguramente ellos en su trabajo reciben las mismas contestaciones, los mismos desaires que se repiten una y otra vez quizá tratando de resarcirse con el que tienen en frente de lo que a ellos les hicieron y así la cascada de malos modales retroalimenta el cabreo general convirtiendo a este país en la tierra del cabreo permanente donde la educación y el respeto han pasado a mejor vida.
Aquí se establece un círculo vicioso difícil de romper, ni la asignatura de educación para la ciudadanía conseguiría algo, ni volver a poner como obligatorio en los colegios la cartilla de urbanidad y buenos modales. La solución pasa por que todos nos relajemos un poco y tratemos de dar ejemplo con una actitud respetuosa, sea ante quien sea y en la circunstancia que sea. ¿O es que nos van a dar lecciones los ingleses con su flema británica?, (Yes Sir) o ¿los Norteamericanos, con su educación de escuela de pueblo? (Ok Mister.) donde todo el mundo se trata de usted, suelen ceder el paso o piden disculpas antes de comenzar cualquier frase, como si fueran a ofender con lo que van a decir.
En fin, que mucho me temo que seguiremos soltando tacos para reforzar cada uno de nuestros argumentos, tratando de tu, a cualquiera que tenga que atendernos, pensando que así afianzamos nuestra situación de superioridad, y seguiremos cabreados hasta el final de los tiempos.
Alguien me preguntaba hoy, que me han regalado por mi cumpleaños, y he contestado, LA VIDA. Un año más en el que puedo seguir contando aventuras y desventuras, a veces intranscendencias, que al fin y al cabo son la sal de esta vida, esa vida que uno trata de disfrutar en compañía de familia y amigos.
Ya he dicho en otras ocasiones que siento pasar el tiempo con demasiada rapidez, que apenas acaba de terminar un año y ya siente uno volar los días, las semanas, los meses en pos del siguiente y el vértigo de este caer del tiempo me produce una sensación triste por un lado y alegre por otro. (Siempre la eterna contradicción) Triste pues uno sin querer recuerda y compara las vidas de aquellos que ya nos dejaron y los años en que desaparecieron de nuestra vida y piensa, ya me queda menos, alegre pues siento la vida correr por mis venas y descubrir que aún me queda mucho por hacer, por sentir, por ver.
Nuevos proyectos personales, viajes familiares, encuentros, la ilusión de ver crecer los hijos haciéndose independientes y la esperanza de ver algún día nietos correteando al lado de uno, (a los que he prometido malcriar).
Un año más y ya son 57, he recibido correos y llamadas de amigos, visitas de hermanos y siempre el cariño de la gente que me rodea, así estoy dispuesto a seguir otros 57 con la condición de que todos sigan felicitándome durante esos años
Hace ya algún tiempo, recibí la llamada de un compañero, al que habían trasladado de puesto, la conversación fue larga y cuando colgué el teléfono una extraña sensación me invadió por unos momentos, mezcla de tristeza e inquietud, mezcla de incertidumbre y desasosiego, que no sabría bien definir.
Aquella conversación me había descuadrado esquemas preconcebidos y como suele ser habitual en mi, (siempre tardo en caer en la cuenta de las cosas) no reparé en muchos detalles de la conversación, hasta haber pasado algún tiempo, sus quejas y lamentos encubiertos en una cierta conformidad ficticia y autocomplaciente, se habían dejado ver en alguna de sus frases, en las que reparé una vez terminada la llamada,¡No estaba bien!,¡realmente lo estaba pasando mal!.
Una nueva situación laboral, no bien asumida, no bien entendida, quizá no bien explicada, estaban terminando con la moral de un compañero que aprecio y convirtiéndole en un ser extraño para mi. No era la misma persona que hace unos meses, su alegría habitual, quizás su arrogancia en algunos momentos había desaparecido, en su lugar había una tristeza y unos sentimientos que me atrevería a calificar de rencor, pensando que había sido traicionado, arrinconado y menospreciado.
Fue entonces cuando pensé, ¡Que suerte tengo!, yo había aprendido que en esta vida hay que tomar las cosas como vienen, sin darles muchas vueltas, si no tienen remedio y sin tratar de buscar culpables aunque tengas la certeza de que existen. A mi también me cambiaron de puesto, hace ahora un año, también pude en algún momento haber sentido lo que él siente, pero no, pues caí en la cuenta de que lo importante en esta vida no es lo que los demás piensen de uno, si no lo que uno piensa de si mismo, de que el trabajo es solo un medio y no un fin y que lo realmente importante es tener la salud suficiente para disfrutar de de la vida y compartirla con la familia y los amigos.
A veces nos empecinamos en la inútil búsqueda de una felicidad imaginaria, estereotipo de la que suelen presentarnos anuncios publicitarios y medios de comunicación,( no es este el caso), resultando que en realidad la felicidad se consigue asumiendo simplemente lo que uno es, como es y las propias limitaciones, así como asumir los obstáculos y zancadillas que la misma vida te presenta, como algo casi natural en el mundo en que vivimos y de los que aprender para no volver a caer en errores pasados. El orgullo herido, no debe cegarnos, debiendo prevalecer siempre la autoestima independientemente de la situación que uno ocupa frente a los demás, que no son quien para juzgarnos.
Amigo mío, hoy he vuelto a recibir noticias tuyas y no soy quien para dar consejos, ni suelo darlos, pero en esta ocasión permite que te diga: vuelve a sonreír, y disfruta de esta vida, que son cuatro días y ya han pasado dos
Hoy me levanté extraño, el humor me había abandonado igual que el desodorante y una desgana se cernía sobre mí, encendí la cafetera, pensando que un buen café me devolvería el aplomo y salí de la cocina para irme arreglando mientras subía el café. Al afeitarme me corté dos veces y tiré sin querer la botella del elixir bucal al suelo.
De regreso a la cocina, el café que había subido, se había desbordado de la cafetera formando un charco marrón sobre la encimera, como pude lo recogí y con el sobrante preparé una taza, al tomarlo, me había pasado calentando la leche y me quemé la lengua, solté la taza que cayó sobre el fregadero rompiéndose. Fue entonces cuando comencé a pensar ¡No es mi día! Terminé de arreglarme y bajé al garaje a por el coche, el ascensor estaba averiado y tuve que hacerlo por la escalera, un gracioso había colocado en el vado otro, mal aparcado que me impedía salir, toque varias veces la bocina sin conseguir resultado alguno y al final decidí irme andando al trabajo. Mientras caminaba pensaba ¿Que puede ocurrirme ahora?, lo hacia despacio previendo alguna caída y por eso, llegué tarde a trabajar, el ordenador tardó en encenderse pues estaba actualizando no se que y cuando traté de imprimir un documento, la impresora no tenia papel, por lo que tuve que ir a buscarlo al almacén, donde se me cayó una estantería al retirar una caja. ¡Dios que he hecho yo para merecer esto!. El teléfono no paraba de sonar y cuando lo descolgé por enésima vez y harto de tanta desgracia, me salió un, dígame, seco y mal encarado capaz de espantar cualquiera, mi interlocutor sobreponiéndose a la descarada peguntó, ¿por favor podría pasarme con Fernando?, a lo que respondí, si dígame soy yo. Mire le llamamos del hospital central, tenemos los resultados de sus últimos análisis y queremos verle urgentemente. Una oleada de calor me sacudió de repente, mi corazón saltaba dentro de mi pecho y oía sus fuertes latidos, bom,bom,bom.
Fue entonces cuando me di cuenta de que aquellos golpes procedían de la casa de al lado, un vecino haciendo bricolaje, que yo aún estaba en la cama y lo mejor de todo, que era domingo y no tenia por que levantarme. Di gracias a Dios por que todo hubiera sido un mal sueño y por si acaso decidí no levantarme en todo el día, no había que tentar a la suerte.
Como un largo lamento, sin lagrimas ni suspiros, aquél violín sonaba en la calle, entonando su triste melodía.
Parado en una esquina, la gorra sobre el suelo, con unas monedas, bufanda al cuello y el cuello de la cazadora subido, aguantando el frió y el agua, interpretaba aquella vieja canción que tantas veces había yo tarareado.
Reducí mi marcha tratando de alargar el camino y poder escuchar aquella interpretación correcta, casi académica, casi perfecta y al llegar a su altura, busque en mis bolsillos alguna moneda que depositar sobre la gorra.
Mísero pago a un artista del asfalto, interprete de mil melodías, al que casi nadie prestaba atención y que ganaba su sustento poniendo el alma en cada una de sus obras.
Concentrado en la melodía, en un principio, no reparé en la sonrisa al depositar la moneda, pero inmediatamente percibí un cambio de melodía, ahora alegre, ahora de uno de mis grupos favoritos, un Michelle, de los Beatles que contrastaba con aquella triste canción de Titanic que estaba interpretando. Era su manera de dar las gracias y mi respuesta fue otra sonrisa asintiendo con mi cabeza.
Varias veces he pasado, en mis paseos diarios, por aquella esquina de la Calle Zamora con Isabeles, y varias veces he vuelto a reducir mi marcha, allí seguía, incansable, permanente, el artista callejero, un autentico músico que daba sus conciertos en plena calle y lamenté que casi nadie prestara atención a aquellas bellas melodías, lamentos de un hombre emitidos por un violín, ganándose el sustento de la forma mas bella que he conocido, la música