MIS COSAS CON BUEN HUMOR Y NOSTALGIA

Mientras el cuerpo aguante...

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Luz de sol en las piedras doradas, aire de la mañana dando la bienvenida al nuevo día, mientras paso a paso dirijo mi camino al trabajo para llenar unas horas de actividad, mantener la cordura de alguien que se sigue sintiendo útil y capaz de todo, evitando la inactividad que turba la mente con malos presagios y elucubraciones de un futuro incierto.

Son ya muchas las ocasiones en las que alguien pregunta: ¿y tu cuando te jubilas?, y la respuesta es bien sencilla, aún no tengo edad para ello y creo, que tampoco muchas ganas de que llegue la hora. Pasaron los días de andar corriendo de un lado para otro, de amanecer haciendo cálculos sobre objetivos que cumplir y planificando visitas, viajes y entrevistas. Pasó la hora de llevar un timón que ahora se me haría pesado y digerir exigencias incoherentes de interlocutores exigentes e intransigentes que todo lo arreglan con la amenaza directa o disimulada. Mi labor ahora es constante, callada, casi desapercibida por los demás, pero entiendo que fundamental para la buena marcha de la labor que el resto de compañeros también realizan. Me siento bien, mi agenda se llena de asuntos a resolver que al final de la jornada están solucionados, produciéndome la satisfacción de una labor terminada, el tiempo corre cuando uno esta entretenido y se evita darle demasiadas vueltas a males físicos que uno ya creía tener asumidos y nuevos males que no son otra cosa que el desgaste normal de los años. ¡No se ni quiero estarme quieto!, se que para muchos que cuentan los días para su jubilación esto es incomprensible, pero cada uno es cada uno y cada cual cada cual que dicen por ahí. He dedicado muchos años a trabajar, a veces no sin un esfuerzo en situaciones o condiciones que para otros serian normales y para mi no, nunca salió de mi boca una queja, una disculpa fácil y a veces pienso que justificada, mientras veía que a mi lado otros por un simple catarro aprovechaban la ocasión para eludir su trabajo. He llegado a ir al trabajo escayolado y con muletas, lleno de dolores que como mucho se traducían en un pequeño lamento en voz baja, para que nadie se enterara, pero he seguido mi camino. Ahora con los años, podría arrepentirme de haber hecho estos esfuerzos, ¡Pero no!, me ha tocado vivir la vida que vivo y de la que ya dije en alguna ocasión si tuviera que volver a vivirla no cambiaria nada, ni si quiera la cojera. Me siento satisfecho con lo hecho y lo vivido y solamente pido fuerzas y salud para poder cumplir el sueño de ver a mis hijos situados y quizá disfrutar algún día de un nieto que por ahora no tiene muchos visos (y no me refiero al apellido) de que esto se produzca. Mientras, seguiré levantándome a las 7 de la mañana, y no, salvo que sea por imperativo de la Ley o de quien sea, no pienso en la jubilación."Mientras el cuerpo aguante"...que diría Miguel Rios...

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